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Reflexiones sobre la Resurrección de la Comunidad de Fuente Verde, CCP Sevilla

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Nuestra Comunidad de Fuente Verde reflexionó, en los días 2 y 9 de abril, sobre el significado hoy de la Resurrección para nosotros. Estas son nuestras reflexiones que, gustosos, compartimos con todas Uds. Un abrazo.

                       

RESUCITAR HOY

 

La muerte de Jesús SI fue un acontecimiento histórico, pero NO su Resurrección. Aunque las mujeres y los apóstoles vieran el sepulcro vacío, nadie pudo demostrar la resurrección de Jesús., porque NO fue un acontecimiento que se pueda constatar por los sentidos ni comprender por la razón. Ser conscientes de esto nos ayuda a salir del callejón sin salida en que nos encontramos por haber interpretado los textos de una manera literal. La resurrección de Jesús está en otra dimensión. 

 

¿Qué le pasó a Jesús después de su muerte? No lo sabemos. La trayectoria históricade Jesús termina en el instante de su muerte. A partir de ahí, según nuestro saber humano y nuestra ciencia, nada sabemos lo que le sucedió. Pero lo que sí es cierto históricamente y lo podemos probar es lo que sucedió al pequeño grupo que le habían seguido: las mujeres y los hombres de la primitiva comunidad cristiana. En un principio están amedrentados y “atrancadas las puertas de donde se reunían por miedo a los dirigentes judios” (Jn 20,19), pero poco a poco “se les abren los ojos” y “el entendimiento” (como a los dos de Emaus, Lc 24,30 y 43) y van descubriendo y llegan a estar convencidos de que Jesús está vivo, como les dijo el ángel a los mujeres (Lc 24,5). Esta es su experiencia pascual, que los Evangelios nos transmiten a nosotros, utilizando un lenguaje simbólico, según la mentalidad de su tiempo: diciendo que se les apareció, que comía con ellos, que Tomas tocó con sus manos las heridas de sus manos y costado (Jn 20, 19-29). Y ¿qué nos quieren transmitir hoy a nosotros? 

 

Que “todo es Vida, realidad no-dual que no conoce opuesto y que abraza todo lo existente. Dentro de ella, nacimiento y muerte son únicamente formas que adopta, sin sentirse ella afectada.. Descubrir que solo hay Vida y que la Vida no muere, que se manifiesta y despliega permanentemente en infinitas formas, como han reconocido todas las tradiciones espirituales” (Enrique Martinez Lozano)… Y que nosotros y todo lo creado somos Vida, tal como el mismo Jesús había afirmado: “Yo soy la resurrección y la vida” (Jn 11,25) y que esta convicción es la esencia de lo que llamamos “despertar”, el “abrise nuestros ojos o nuestro entendimiento” a reconocer que hay vida o Resurrección a pesar de la muerte, como les ocurrió a los primitivos cristianos.

 

La afirmación de que somos Vida, de que Jesús tuvo ya esa Vida, antes y después de su muerte, se nos escapará mientras sigamos viendo la vida como algo “separado” de nosotros. Somos Vida aunque solo podamos ver nuestras enfermedades, miserias, fracasos y muerte a nuestro alrededor. Pero si calamos más hondo, si cambiamos nuestro chips y miramos con ese nuevo entendimiento (que llamamos Fe), veremos que en los sufrimientos, en nuestra muerte está también la Vida. Los sentidos, la mente crea dualidad y separación; la Fe, la mirada profunda permite conectar con el Fondo último de la realidad, que trasciende conceptos y palabras. Se nos abren nuestros ojos y atravesamos la Nube del No saber.

 

Desde la Vida que somos brotará también un cuidado amoroso y servicial hacia todas las formas en que se manifiesta la Vida. Trataremos que nadie padezca hambre, “que no haya ningún indigente” entre nosotros (Hc 4,34), es decir que todos reciban su Renta Básica y tengan sus necesidades básicas cubiertas, que todos tengan un techo, la enseñanza, la sanidad y la dependencia cubiertas. Que los emigrantes, los expulsados de su pais y refugiados sean acogidos entre nosotros. Que no dañemos nuestra Casa común, la de nuestros nietos y generaciones futuras. Luchar porque haya Vida y Buen vivir en nuestro barrio, en nuestro mundo es el sentido de la Resurrección de Jesús hoy. 

 

Para el cristiano y para cualquier ser humano el tener conciencia de estar sumergido y animado en la Vida debe llevar al sentimiento de estar inscrito en la fraternidad universal. Naturaleza, universo, todo lo que tenga vida le concierne. Este sentimiento o esta realidad, dan grandeza al ser humano y también compromete su comportamiento dando sentido a su vida. Ejemplo de esta lectura lo tenemos en la vida y palabras de Francisco de Asís y en la doctrina aplicada en la “Laudato Si”. Con todo derecho el ser humano puede decir o sentir:  hermano lobo, hermano naranjo, hermana África, hermano Carlos o hermano Peñón de Gibraltar. En la relación de los seres vivos dentro de lo que entendemos por naturaleza hay mucho de violencia, precariedad y limitaciones, pero también hay muchísimo de colaboración mutua entre especies y resulta básico el “amor” parental. El hombre puede extraer de la Vida las lecciones de comportamiento que nos ofrecen los otros seres naturales pero por estar dotado de razón y también de sentimientos, deben ser el amor y el cuidado, con todas las consecuencias, los sentimientos y la práctica que den consistencia a la convivencia entre todos los seres vivos. Y entre ellos  es obligado un orden de preferencia como se da en las relaciones paterno filiales o fraternales. En consecuencia serán preferidos los seres que se encuentren en una situación de debilidad o precariedad como la hermana Tierra o los hermanos rechazados por la UE.

 

Descubrimos en la Naturaleza unas relaciones de colaboración “amorosa” que hacen posible y multiplican la vida. Asimismo  apreciamos cómo relaciones del hombre con la naturaleza de la que forma parte y de los hombres entre si, indican  que es la colaboración la forma de sustentar la existencia. Estar por la naturaleza o ser ecologista no es  una lista de negaciones que pueden resumirse en no aportar una huella contraria a la vida, sino el cuidado y la colaboración con los seres con quien compartimos nuestra existencia. Tampoco lo es un comportamiento de usufructuario de las múltiples ofertas que la naturaleza nos brinda.

 

 Dentro de la dignidad que ha de reconocerse a todo ser viviente ha de reconocerse al hombre como sujeto principal. Si entre los elementos de la naturaleza advertimos una colaboración que hace posible y multiplica la vida, especial responsabilidad tiene el hombre en proponer y practicar la colaboración para que una vida digna llegue al último de sus congéneres. De la colaboración mutua  vendrá la satisfacción de las necesidades humanas y del que sea mutua vendrá la dignidad de la colaboración. Colaborar es según el significado de la palabra, trabajar con quienes se comparte como razón de ser, la construcción de un mundo hasta alcanzar la plenitud de Vida o, dicho de otra forma, la construcción del Reino de Dios. Objetivos urgentes de conseguir por esta colaboración: que toda persona viva su vida con la dignidad que merece; que toda persona que quiera trabajar  en esta tarea pueda realizarla y así, dignificarse como persona y encontrar sentido a la vida; que toda persona esté dispuesta a colaborar en la construcción de un mundo mejor. Nada fácil será conseguir este último objetivo, pues es grande la necesidad de transformación de la personas y es obligado reconocer que no es el dinero en sí donde está la energía transformadora sino en la colaboración mediante un acompañamiento educador. Habrá personas que no puedan colaborar por razones de edad, enfermedad o por el desorden social establecido, pero a todas  deberá serles reconocido el derecho a vivir en dignidad. Y mientras por la colaboración se consigan estos objetivos, hemos de proclamar, como utopía, mientras vivimos nuestros deseos de resurrección, y compartimos vida con Jesús resucitado: A todos, según sus necesidades, de todos, según sus capacidades.

 

           

CCP de Fuente Verde (Sevilla) 10 de abril del 2016

 

 

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