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Nelsa Curbelo: “La institucionalización de las pandillas por sí misma no es positiva, detrás debe haber un trabajo”

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Canal Solidario

En Ecuador, 4.000 jóvenes pandilleros han dejado de lado la violencia, han aprendido a gestionar conflictos y han puesto en marcha microempresas. Detrás está la ONG Ser Paz y su presidenta Nelsa Curbelo, con quien hemos conversado. Miles de jóvenes entran desde hace años a formar parte de pandillas y maras en países como El Salvador, Honduras, Guatemala o Estados Unidos. En otros lugares como España e Italia el fenómeno es más reciente. Sólo en la ciudad ecuatoriana de Guayaquil, por ejemplo, 60.000 chicos y chicas son pandilleros y en la capital, Quito, hay unos 150 grupos de este estilo.

Precisamente con los jóvenes de Guayaquil trabaja desde hace años Ser Paz, una organización que da confianza a los chicos y chicas y les apoya para que puedan formarse, dejar atrás la violencia y emprender proyectos como pequeñas empresas de grafiti, una imprenta y hasta una pizzería. La presidenta de Ser Paz es Nelsa Curbelo, veterana activista por los derechos humanos que estos días ha visitado Barcelona para participar en el I Congreso Internacional sobre Conflictos, Conflictología y Paz, organizado por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y por el Campus por la Paz de esta universidad.

¿Qué proyectos tiene en marcha ahora Ser Paz con las pandillas?
Uno de ellos es el Barrio de Paz, que tiene 49 manzanas y en el que viven unas 1.000 familias, en Guayaquil. Está a cargo de cinco grupos de pandillas que realizaron acuerdos de no agresión entre ellos. Antes este sector era lo que se llama una zona roja-granate, los chicos eran especialistas en el ‘rompevidrios’, mojaban una bujía con saliva y te rompían el vidrio del auto, metían la mano, se llevaban lo que encontraban y salían corriendo.

Ahora el grado de asaltos y delitos ha disminuido enormemente, por la noche se producen uno o dos cuando antes se producían treinta. Una iglesia cercana nos cedió el tercer piso y los chicos lo han transformado en un centro de agrupaciones juveniles; ahí se reúnen todos los grupos.

Cada quince días, los jóvenes publican un boletín con informaciones y entrevistas a gente del barrio. Esta revista se transformará en breve en una microempresa. También tienen una imprenta urbana, que fue la primera microempresa que surgió después de que entregaran armas y el municipio les facilitara recursos. Han creado un estudio de grabación, con el apoyo de la Corporación de Seguridad Ciudadana de Guayaquil, donde jóvenes que diferentes grupos se encuentran en un mismo espacio y compiten cantando pero no de otra manera.

Como uno de los jóvenes sabía hacer pizzas, han abierto una pizzería en la que encuentras pizzas normales y otras que se han inventado ellos. Tienen una peluquería que llevan chicas Latin King donde se hacen todos los peinados habidos y por haber; se acaba de abrir otra microempresa de grafitis, que está al cargo de una mujer de pandilla y donde pintan camisetas, paredes, muebles, autos… y prevén abrir un gimnasio con escuela de break dance, incluso queremos crear una especie de centro comercial de pandillas en el sector del barrio. También van a abrir una ebanistería, porque saben hacer muebles. Y una empresa cerrajería y de tratamiento del hierro.

Antes de impulsar todas estas microempresas, ¿se forman de alguna manera?
Sí. Todo esto supone un trabajo de capacitación. El trabajo los cambia pero siempre pasan antes por una capacitación en manejo de conflictos, liderazgo y autoestima. Además, mil chicos y chicas estudian carreras técnicas de informática, diseño gráfico o electricidad gracias a mil becas del Ministerio de Trabajo, y ahora entrarán otros 2.000 jóvenes más.
Hace poco hicimos también un campeonato de fútbol que tenía como premios una copa y seis becas de estudio para los cuatro primeros equipos. Participaban 600 jóvenes de 60 pandillas y los equipos competían por puntos no por goles; los goles tenían puntos pero también daba puntos llegar a la hora, distribuir el juego, la mejor jugada… y perdían puntos si se insultaban o si jugaban sucio. El día de la final los Latin King entregaron armas de grueso calibre en lo que fue su tercera entrega voluntaria e hicieron algo que causó un gran impacto: su portavoz dijo que quieren tener un cambio positivo y pidió perdón a la comunidad por el mal causado y, dijo, por las lágrimas derramadas a sus madres.

En esta capacitación que explicas se aprovecha al máximo las habilidades que los jóvenes ya tienen ¿verdad?
Partimos de lo que a ellos los gusta y saben hacer. Si saben cantar, grafitear, cocinar… a partir de ahí hay que trabajar. Por ejemplo, ahora uno de ellos está coordinando un colegio virtual que tiene 13 alumnos que van a terminar la secundaria y al que en noviembre se sumarán 30 muchachos más para estudiar vía internet. También están intentando crear la universidad pandillera, que se llamará Universidad Pas Urbana (UPU), y donde quieren impulsar un aula de alfabetización digital. Además, se están mirando acuerdos con la UOC para que puedan estudiar a distancia varias carreras.

Hablar de igual a igual

Decías que Ser Paz forma a los jóvenes pandilleros en mediación de conflictos y liderazgo. ¿Es más fácil llegar a las pandillas si el mediador es un igual?
Sí, y un ejemplo de ello es el siguiente: En Guayaquil hay 60.000 pandilleros, pero ha bajado mucho su beligerancia y agresividad. Sin embargo, ahora empieza a haber pandillas en los sectores indígenas. Los jóvenes indígenas que van a trabajar a las ciudades son muchas veces mal vistos, viven en los parques y allí se hacen amigos de chicos de pandillas. Luego vuelven a las comunidades y allí se crean nuevos grupos.
Por eso, nuestros muchachos han empezado a ir a las comunidades a trabajar con estos jóvenes, y como son igual a igual es mucho más fácil el acercamiento. Es mejor así, que los jóvenes se preparen y ellos mismos hablen, porque tienen sus propios símbolos y se entienden entre ellos.

¿Entre los más de 4.000 pandilleros que trabajan con Ser Paz hay bastantes chicas? ¿Qué rol juega la mujer en estos grupos?
Hay menos pero hay. A parte de las Latin King, que tienen su peluquería propia, la equidad de género es complicada. La mujer en estos grupos tiene un papel importantísimo, es la que humaniza los grupos, pero también es verdad que es motivo de conquista y que no tiene nivel de mando.
Por otro lado, entre los grupos hay diferencias, por ejemplo entre los de la sierra y la costa. Si estas diferencias se permiten es bueno, pero no es fácil en pandillas con mandos altos y que tienen grupos en otros países como Estados Unidos y España.

En Cataluña tanto los Latin King como los Ñeta se han legalizado como asociación cultural. ¿Es eso positivo para avanzar hacia la inclusión de los pandilleros?
En Ecuador también se ha dado esto. Pienso que ése es el fruto maduro de un proceso, no debería ser el comienzo de él. Para que se produzca una institucionalización que tenga frutos positivos debe haber también un trabajo claro con los grupos, no creo que la institucionalización por sí misma sea positiva. Por eso nosotros insistimos tanto en el tema de la formación de los muchachos.

Aprender unos de otros

En todo este proceso, qué relación tienen los jóvenes y Ser Paz con otros actores como los empresarios o la policía?
A nivel del país hay un mandato claro del presidente Correa para que el tema de las pandillas se trabaje de manera transversal en todos los ministerios, sobre todo el de trabajo, infancia y de inclusión social, y a su vez desde los municipios locales.
Por su parte, en Guayaquil, en concreto, es más complicada la relación con la policía que con las pandillas. Con el resto de actores, hoy día estamos trabajando con el alcalde de la ciudad y nos llevamos bien, se apoya en nosotros y nos tiene como interlocutores. También se han integrado profesores, economistas, otros empresarios, otras ONG, miembros de iglesia, bancos, el Ministerio de Trabajo… lo que más me fascina es que podemos estar gente tan diferente con una visión conjunta y buscando objetivos comunes.

¿Cómo se articulan tantos actores?
Tenemos una reunión por semana que llamamos Reunión de Gabinete. Yo actúo de presidenta, luego tenemos un vicepresidente que es un empresario y se encarga de las microempresas. Está el ministro de Gobierno, que es el pandillero que se encarga de la coordinación barrial; la ministra de Relaciones Exteriores, que es la señora que se encarga de todo lo que es Latin King en todo Guayaquil y no sólo en el Barrio de Paz. Después está el ministro de Economía, el de Educación que se encarga de los talleres, etc. En total, en el equipo hay cuatro pandilleros, y todos nos coordinamos, cada uno sabe la fortaleza y la debilidad del otro.

Los chicos y chicas pandilleros aprenden muchas cosas a lo largo de todo el proceso, ¿qué podemos aprender nosotros de ellos?
Primero son muy creativos, son chicos que viven en la calle y que están acostumbrados a sobrevivir, por lo tanto tienen una capacidad impresionante de creatividad. En segundo lugar tienen organización y en este mundo de competencia e individualismo el hecho de que haya grupos organizados es un valor. Además, en general todos estos grupos son entre ellos extremadamente solidarios.

¿Qué tenemos que aprender los adultos? Cada vez que tenemos miedo y señalamos a los jóvenes como los causantes de los problemas deberíamos vernos en el espejo. Porque si algo está claro es que los jóvenes y los niños son fruto de nuestra sociedad. Ellos no se han inventado ni la droga ni las armas ni nada de esto, cuando nacen ya existe, están en un lugar donde lo pueden comprar y no se lo vende precisamente un niño de 14 ó 15 años.

Cada vez estoy más convencida que hay que apoyar las cosas positivas y prestarles atención para hacer que lo negativo empequeñezca y acabe muriendo. Con eso se obtiene mejores resultados, es una de las maneras de que la sociedad cambie. Estoy agotada de las malas noticias, las buenas noticias también existen y son igual de impactantes.

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