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MUNDO : ¿EL MISMO DIOS? Jung Mo Sung

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Adital

La reciente visita del Papa Benedicto XVI a Turquía trajo a escena, de nuevo, la tesis (en realidad una hipótesis) de que por detrás de nombres diferentes, como Alá y el Dios de Jesús, todos adoramos y veneramos a un único y mismo Dios; y que sólo el reconocimiento de ese hecho puede traer la paz entre religiones y civilizaciones.

Sin negar frontalmente esa tesis, yo quiero hacer aquí algunas reflexiones que pueden parecer, a primera vista, polémicas y «divisionistas».

Si es verdad que por detrás de los diferentes nombres con que se denomina a Dios, o dioses, nosotros adoramos a un único y mismo Dios; debe también ser verdad que por detrás de las diversas imágenes de Dios los cristianos adoramos y veneramos al mismo y el único Dios. Sin embargo, tengo mucha dificultad para aceptar y creer que por detrás del nombre del Dios de Jesús Cristo invocado para legitimar las masacres contra los indígenas en América Latina o para legitimar torturas en las dictaduras militares, se encuentre el mismo Dios invocado por las víctimas o cristianos que murieron luchando contra esas masacres o torturas. Pues, si así fuese, no existiría el problema de las falsas imágenes de dioses ni el de la idolatría.

Todas las imágenes del Dios de Jesús invocadas – sea para matar a los inocentes (imagen sacrificial de dios), sea para defender a las víctimas (Dios que pide misericordia, en vez de sacrificio; Mt 9,13) – remitirían a un único y verdadero Dios. Y, por lo tanto, no habría una diferencia cualitativa entre ellas. Lo que es lógicamente un absurdo y teológicamente un error.

Si ni los cristianos, cuando usan el nombre del Dios de Jesús, se están refiriendo a un único y mismo Dios, ¿cómo podemos decir que por detrás de diversos nombres divinos de diversas religiones hay un único y el mismo Dios? Con este cuestionamiento yo no estoy defendiendo la idea de que existen realmente diversos Dioses – y que entonces el politeísmo estaría en lo cierto y el monoteísmo equivocado -, mucho menos la tesis de que el cristianismo es la única religión que conoce, adora y anuncia al único Dios verdadero. Lo que quiero señalar es que las «cosas» son mucho más complejas que esa ecuación que, aparentemente, simplifica y facilita el diálogo religioso y la construcción de la paz en el mundo.

Actualmente, las guerras en Oriente Medio son realizadas o legitimadas, en buena medida, en nombre de la voluntad divina. Sólo que por detrás del «dios de Bush» o del «dios de Al-Qaeda» no se encuentra el único y el mismo Dios. Los defensores de la «guerra santa» – de los mundos cristiano, judío o islámico – lo hacen en nombre de las imágenes de dios que ellos veneran. ¡Sólo que la imagen de dios no es Dios! Quien mata en nombre de la imagen de dios confunde la imagen con el propio Dios y comete, según la tradición bíblica, el pecado de idolatría. El problema es que nosotros no podemos conocer a Dios tal como Él es, sino solamente a las imágenes que de Él hacemos.

Si afirmamos que por detrás de nuestras imágenes de dios está el único y mismo Dios, corremos el riesgo de pensar que podemos conocer a «Dios en sí» (Aquél que estaría por detrás de las imágenes) y así confundimos la imagen con Dios. Y cuando caímos en la idolatría, nos volvemos intolerantes con los que piensan diferente y viven sus propias experiencias religiosas de modo diferente.

Lo que podemos hacer para construir la paz es, en primer lugar, reconocer la diversidad insuperable de las religiones y dialogar sobre los problemas comunes de los diversos grupos religiosos y del mundo como un todo en la búsqueda de consensos mínimos necesarios para la paz y la vida digna en común. Y un consenso mínimo que podríamos que buscar en el diálogo interreligioso es que ningún conocimiento humano puede conocer a «Dios tal como Él es», más allá de nuestras imágenes y religiones, y que, por lo tanto, ninguna guerra puede ser justificada en nombre de ningún dios. Otro consenso podría ser el de mantener el diálogo y de aceptar críticas mutuas para que ninguna religión pueda realizar su tentación de verse como absoluta, como la «encarnación» de la verdad y de la voluntad de Dios en el mundo.

* Jung Mo Sung, profesor de post grado en Ciencias de la Religión de la Universidad Metodista de San Pablo y autor de Sementes de esperança: a fé em um mundo em crise (Semillas de esperanza: la fe en un mundo en crisis).

Traducción: Daniel Barrantes – barrantes.daniel@gmail.com

* Profesor de postgrado en Ciencias de l Religión de la Universidad Metodista de San Pablo y autor de Sementes de esperança: a fé em un mundo em crise

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