Eclesalia
Hacerse cargo de la realidad
Hay una Siracusa que despierta cuando las luces comienzan a apagarse y el ritmo de la ciudad se vuelve más lento. Una Siracusa menos visible, más silenciosa, casi secreta. No es la de los paseos iluminados ni la de las terrazas abiertas al mar. Es la de las esquinas discretas, de los portales donde alguien busca resguardarse del frío, de los bancos que se convierten en refugio improvisado. Ver noticia original en …

