La Navidad vuelve y se queda -- Benjamín Forcano

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La natividad de Jesús,
es la fiesta de las fiestas,
ilumina el principio y final,
y también el centro de la vida.

El Jesús nacido, y luego crucificado,
vuelven a anunciarnos que
la vida terrena de este hombre,
fue especialmente digna y densa,
centrada en hacer justicia
a los despreciados y excluidos de la sociedad,
a los que más marginaban
los poderes oficiales de la religión y de la política.

Un vida terrena, la suya,
que le hizo acreedor al entusiasmo del pueblo
y peligroso a los ojos de los jefes,
de la sinagoga y del imperio.

A este Jesús, campesino, pobre, artesano y marginado,
el orden político-religioso de Jerusalén
intentó comprarlo, sobornarlo, someterlo. No pudo.
Lo eliminaron con temor y con prisas, crucificándolo.

Esa crucifixión es el castigo
a un hombre rebelde, sincero, libre,
amante de los más pobres y humillados,
implacable con la hipocresía de los poderosos,
y, por encima de todo, universal,
sin más marca de distinción que la dignidad humana.

Un hombre revolucionario que,
demasiadas veces, la religión, que se lo apropió,
lo desfiguró, pero que las más,
lo siguió en una estela interminable de gente buena,
sencilla, irrenunciablemente fiel y esperanzada.

La Navidad vuelve y se queda. Cada año
nos revive la historia de un hombre excepcional que,
de palabra y con el ejemplo,
trazó senderos para que vivamos fraternalmente felices.

Benjamín Forcano , Navidad 2009