La escala de valores de Maslow o los ocho peldaños del desarrollo humano -- Jaume Patuel pedapsicogogo

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En octubre hablé de esta escala, pero varias personas me han pedido ser más concreto. Pues ésta es la intención del presente artículo. La teoría de la motivación de Abraham Maslow describe las necesidades humanas como una jerarquía en forma de pirámide.

A medida que una persona satisface las necesidades más básicas, se abre el camino para conseguir otros niveles más profundos y elevados en cuanto a contenido. Lo miraremos diferenciando claramente los cuatro niveles primeros de los cuatro superiores, y remarcando el octavo.

Maslow ha realizado su estructura piramidal partiendo de personas sanas y maduras, no del mundo clínico. Éste es un aspecto muy importante.
Los cuatro primeros escalones son las necesidades de déficit. Estos niveles se llaman necesidades de déficit, porque se basan en evitar carencias. Si no están cubiertas, aparece ansiedad, inseguridad o fragilidad y otros aspectos.

Si bien se observan individualmente, podemos constatar que
tienen una vigencia total en la familia, en la tribu, en la sociedad.
Necesidades fisiológicas: Respirar, comer, dormir, mantener la temperatura corporal, la sexualidad… Son la base de la supervivencia.

Seguridad y estabilidad: Incluye protección física, estabilidad económica, salud y vivienda. Sin seguridad, no puede haber crecimiento personal.
Pertenencia y cariño: Relaciones sociales, amistades, familia, sentimiento de comunidad. El aislamiento social es tan grave como el hambre.

Reconocimiento y autoestima: Respeto propio y de los demás, éxito,
prestigio, autonomía. Aquí se origina gran parte de la motivación
profesional.

Como indicaba, es necesario que cada ser humano no viva sólo para
sobrevivir individualmente, sino también la familia, la clase social y la sociedad. Cuando no están satisfechos estos aspectos se pueden producir revoluciones, rebeliones, guerras, protestas por los derechos
fundamentales. Y aquí entra el gran asunto desde el mundo neolítico: el poder.

Y ahí radica el gran problema actual en el mundo: La brecha o la
separación entre una minoría rica o un poder oligoplutocrátor y una
mayoría que intenta sobrevivir en plena precariedad. Hay que verlo con
una mirada abierta. Sólo pongo un caso real y actual: Sudán (información sacada de Le monde diplomatique, enero 2026); pero no hace falta recurrir a la prensa, una mirada atenta, observadora y humanizada lo ve a su alrededor.

Estamos en el mundo 8 mil millones de seres humanos.
Cierto que unos 3 millones están en China e India.
Entonces, si se tiene satisfecho el nivel déficit, es necesario ser conscientes de que la madurez pide satisfacer otras necesidades. Es decir, si una persona quiere ser madura, es necesario trabajar los otros niveles.

El crecimiento biológico, no va paralelo al proceso madurativo cognitivo y emocional; sino observemos quién “manda y tiene poder en el mundo” y cómo actúan quienes lo ostentan. Sociedad e individuo no van separados.

Las estructuras sociohistóricas tienen un gran peso inconsciente en la
sociedad, y ésta se adapta a ellas.
Los otros cuatro escalones superiores son las necesidades de crecimiento.

A diferencia de las anteriores, éstas no responden a un vacío, sino a un deseo de expansión personal. Una vez iniciadas, nunca se completan del todo: impulsan un desarrollo continuo.
Conocimiento y comprensión: Necesidad de aprender, explorar, entender
el mundo.

Belleza y armonía: La búsqueda de orden, simetría y experiencias
estéticas, tanto en el arte como en la vida cotidiana.
Autoactualización: Convertirse en lo que uno puede llegar a ser. Es el auge del potencial personal: creatividad, autoconciencia, autenticidad.

Hasta aquí llegaban y llegan muchas personas; pero también había
personas que no estaban del todo satisfechas: seres buscadores, inquietos, insatisfechos, una nueva mirada…
Y este nivel, al alcance de todo el que se pone a buscar, es la
autotrascendencia: la cima de la pirámide. Conocer o tomar conciencia del territorio humano o niveles de conciencia no conocidos, pero reales.

Aquí el individuo deja de centrarse sólo en sí mismo y pone su desarrollo al servicio de un propósito mayor. Puede expresarse en la devoción por causas sociales, espiritualidad, cooperación o altruismo profundo.
Es el paso del “yo” al “nosotros”. No se trata de renunciar al propio éxito, sino ponerlo al servicio del mundo.

Los más fuertes deben poder ayudar al débil. Pero no sólo con fuerza
económica o política, sino humanizadora. Hay que trabajar siempre con
una mirada altruista. Desgraciadamente, el poder, sea del tipo que sea, incluido el de la religión, es cerrado, reducido, grupal y excluyente. Toda acción que no comporte pasar de la hOminización a la hUmanización, permanecerá cerrada en sí misma; excluyendo las diferencias de los demás cuando la madurez es integrar. Y el mundo seguirá desquiciado.

Podríamos concluir recordando que los cuatro primeros escalones
sostienen la supervivencia y la estabilidad; los cuatro últimos impulsan el sentido y la plenitud. Y en lo alto, la autotrascendencia no de la otra vida después de la muerte biológica, que no la hay, sino una otra vida aquí y ahora, en nuestro mundo que debemos atender con cuidado.

Nos recuerda que el desarrollo humano no culmina con el éxito individual, sino con la conexión con algo mayor que nosotros, aquí y ahora. La Humanidad debe madurar por sí misma, no esperando fuerzas mágicas, míticas ni racionalistas, sino integradoras. Y poder tener todos: pan, techo y trabajo.