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Cuando escribo esta reflexión, ha discurrido un mes de la clausura – sin pena ni gloria – de la COP30. Una valoración extensa ha sido publicada en la revista Viento Sur, y vamos a presentar una síntesis. El texto completo se puede encontrar aquí:
Alain Bihr 16/12/2025| Cambio climático, desarrollismo, Instituciones Politicas, Pueblos indígenas, Recomendados .
La COP30 ha tenido lugar1/ en Belém, capital del Estado brasileño de Pará, entre el 10 y el 22 de noviembre. Tenía la difícil tarea de hacer olvidar los lamentables resultados de las ediciones precedentes de esta conferencia anual.
Recordemos que la COP21 que se celebró en París en 2015 había llegado a un acuerdo que preveía una reducción de la emisión de gases de efecto invernadero (GEI) para “mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 °C con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 °C con respecto a los niveles preindustriales”2/.
No obstante, desde entonces, a pesar de los compromisos reiterados de COP en COP, no se ha realizado ningún esfuerzo serio en esta dirección.
Entre 1990 y 2023, la parte de los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural) en el mix energético mundial, cuya combustión es el principal responsable de las emisiones de GEI que causa el cambio climático, se ha mantenido prácticamente constante: sigue llevándose la parte del león (solo ha disminuido del 81,8 al 80,7 %), mientras que en dicho periodo la producción de energía primaria mundial se ha incrementado un 74 %, pasando de unos 364 millones a 633 millones de terajulios3/.
De manera que no es extraño que la Organización Meteorológica Mundial (OMM) haya constatado que en 2024 el aumento de la temperatura media del planeta se ha situado entre 1,34 y 1,41 °C con respecto a los niveles preindustriales y que, en estas condiciones, hay un 70 % de probabilidad de que el umbral de 1,5 °C sea superado por la media quinquenal entre 2015 y 20344/.
Presidida por el sultán Ahmed al Jaber, patrón de la compañía petrolera emiratí Abu Dhabi National Oil Company (ADNOC), la COP28 (2023) lanzó una verdadera OPA de las industrias productoras de combustibles fósiles con el fin de aplazar a las calendas griegas el abandono definitivo de la extracción y del consumo de estos combustibles, todo ello en nombre del derecho al desarrollo de los Estados “en vías de desarrollo” y practicando una cínica negación de los datos científicos.
Una operación que ha sido en gran medida un éxito: si la resolución final alude a las energías fósiles, es para pedir simplemente a las partes que “se alejen de los combustibles fósiles [transitioning away from fossile fuels] de manera que se alcance el cero neto en 2050”, pero sin fijar ningún calendario, ninguna obligación ni a fortiori ninguna sanción en caso de incumplimiento de los compromisos adquiridos, Así, los Estados y las compañías productoras de carbón, petróleo y gas (cuyos proyectos de explotación de nuevos yacimientos en los próximos años se cuentan por decenas) son los únicos amos del cotarro en este terreno5/. Lo esencial ya se ha asumido: no es cuestión de abandonar las energías fósiles, pues es sabido que las transiciones pueden durar mucho tiempo… por no decir eternamente.
Y el balance de estas COP no ha sido mucho más satisfactorio ni menos dudoso en otros puntos debatidos en el marco de la CMNUCC (Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, tratado de 1992). Así, los Estados del Norte global se han mostrado reacios a asumir los daños y pérdidas causadas por el cambio climático a los Estados del Sur global. El Fondo Verde, creado en 2009 por la COP19 (Copenhague), tenía por objeto permitir a estos últimos financiar su lucha contra el calentamiento global, al tiempo que hacía pagar a los primeros su responsabilidad histórica en su producción.
La COP21 (París) decidió aumentar la aportación a este fondo hasta 100.000 millones de dólares al año de aquí a 2020. Sin embargo, hasta la fecha apenas se ha alcanzado cuatro quintas partes de dicha suma. Y en realidad mucho menos, apenas una quinta parte. Porque los países del Norte global a menudo han confundido su aportación a este fondo con su ayuda pública al desarrollo, cuando estaba previsto que la primera se sumara a la segunda. O bien han adelantado los fondos adeudados no en forma de donaciones, sino de préstamos (!).
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¡Nueva COP, nuevo fiasco!
Heredera de un balance tan desastroso, la COP30 ha venido precedida de malos augurios. El 20 de octubre, tres semanas antes de su inauguración, el Instituto Brasileño del Medio Ambiente y los Recursos Naturales Renovables (Ibama) aprobó… un proyecto de exploración petrolera en la costa amazónica. Su realización amenazaría directamente a esta última en caso de marea negra provocada por un accidente en las perforaciones petrolíferas y, en términos más generales, contribuiría a su deterioro al acelerar el cambio climático9/.
Si los participantes en la COP30 llegaron rápidamente a un acuerdo sobre su agenda fue porque esta descartó deliberadamente los temas principales, los que causan controversia: la petición de intensificar la reducción de las emisiones de GEI y la de una mayor transparencia en los esfuerzos realizados en este ámbito (apoyado por la Unión Europea), la petición de suprimir las barreras arancelarias relacionadas con el clima, como el impuesto sobre el carbono establecido por la UE) (apoyado por China e India) y la petición de aumentar las transferencias financieras del Norte global al Sur global, todos ellos temas que se remitieron a debates no plenarios celebrados entre bastidores, con la esperanza de que concluyeran antes de que finalizara la COP12/.
Una esperanza que, finalmente, acabó en decepción.
De hecho, la declaración final, adoptada sin la aprobación de la UE, Suiza, Colombia y Panamá, no incluye ninguna hoja de ruta que planifique la eliminación gradual de las energías fósiles, ni siquiera ningún compromiso de iniciar posteriormente negociaciones al respecto. Se limita a remitirse al acuerdo alcanzado dos años antes en Dubái, en el que se pide a las partes interesadas que se comprometan a una transición hacia la eliminación de las energías fósiles, es decir, que se apresuren lentamente, sin comprometerse en cuanto al ritmo ni al plazo del proceso.
Y la declaración final guarda silencio sobre la planificación del fin de la deforestación, que desempeña un papel igualmente importante en el proceso del cambio climático. En otras palabras, no dice nada sobre los dos principales motores de este último.
No dice nada sobre lo que debería ser su principal, o incluso su única, preocupación. Los grupos de presión de las empresas petroleras y gasísticas y los principales países productores de hidrocarburos presentes (Rusia, Arabia Saudí, Canadá, Irak, China, Irán y Emiratos Árabes Unidos) han vuelto a hacer un buen trabajo. China, a su vez, habrá conseguido la apertura de un diálogo sobre el comercio mundial que preludia el desmantelamiento de los impuestos sobre el carbono que gravan las importaciones, en particular en la UE.
Pese a todo, hubo avances en la COP30
Entre los escasos avances del texto, cabe destacar, por un lado, la triplicación de los fondos destinados a la adaptación al cambio climático, para hacer frente a las olas de calor y las inundaciones, que deberían pasar de 40.000 a 120.000 millones de dólares de aquí a 2035, aunque las necesidades actuales ya se cifran en 310.000 a 365.000 millones de dólares y en 2023 solo se aportaron 26.000 millones13/.
Y seguimos estancados en los 300.000 millones anuales prometidos en Bakú de aquí a 2035 para permitir que el Sur global inicie su transición energética, debido, en particular, al bloqueo de la UE en esta cuestión. A esto se suma, por otra parte, la creación, por iniciativa de Brasil, de un Fondo Bosques Tropicales para Siempre (TFFF), un fondo de inversión destinado a remunerar a los países que preservan sus ecosistemas forestales, al que habrá que aportar 125.000 millones de dólares mediante contribuciones públicas, privadas y filantrópicas14/. En ambos casos, se trata de nuevas promesas cuyo cumplimiento y alcance solo el futuro nos dirá.
Belém, una prefiguración del mundo inhóspito de mañana… y de las luchas contra su advenimiento
Dicho esto, si los participantes en la COP30 hubieran querido convencerse de la necesidad de cambiar el rumbo inmediatamente, les habría bastado con sacar las narices por la ventana. Ocurre que el cambio climático y sus efectos ya son claramente visibles en la propia Belém. Su nivel máximo de temperatura ha subido 1,9 °C en el último medio siglo.
Manifestación del MST contra las resoluciones del COP30
Así, mientras que los grupos de presión de las principales empresas petroleras y gasísticas, integrados en las delegaciones oficiales (eran aún más numerosos que en Bakú, la sola delegación francesa contaba con 22, ¡entre ellos el propio presidente de TotalEnergie!), tuvieron su lugar asegurado en la COP y pudieron participar plenamente en los debates para bloquearlos o desviarlos en función de sus intereses, los representantes de los pueblos indígenas, que se encuentran entre las principales víctimas directas de las actividades de los primeros, tuvieron que enfrentarse a la represión policial para poder expresarse durante un breve momento.
Y ello a pesar del compromiso adquirido por Lula en la inauguración de esta COP: “Nos inspiraremos en los pueblos indígenas y las comunidades tradicionales, para quienes la sostenibilidad siempre ha sido sinónimo de vida”21/.
La única señal de esperanza provino de las movilizaciones populares fuera de la COP y en contra de ella. Porque, a diferencia de las tres COP anteriores, en las que las autoridades egipcias, emiratíes y azerbaiyanas prohibieron cualquier protesta pública, en Belém las manifestaciones se sucedieron día tras día. La del 15 de noviembre, especialmente importante, con entre 50.000 y 70.000 asistentes, reunió a representantes de los pueblos indígenas del estado de Pará, que exigían la protección de sus tierras, y a activistas de todo el mundo: campesinos de Manipur, un Estado del noreste de la India afectado por proyectos de explotación petrolera y de aceite de palma, pero también australianos que acudieron a protestar contra la inacción climática de su gobierno, que se supone que debe coparticipar en la organización de la próxima COP que se celebrará en Antalya, Turquía.
Y la comitiva llevó en tierra los tres ataúdes del carbón, el petróleo y el gas natural22/. Aunque se necesitará mucho más que actos simbólicos de este tipo para acabar con ellos, al menos esta manifestación habrá señalado el único camino para lograrlo: la mayor movilización posible de los pueblos a nivel internacional para poner fin a la actividad de las industrias promotoras de las energías fósiles y, en general, a todo el ecocidio capitalista.
1/ COP es la sigla de Conference of Parties y designa en este caso la conferencia anual que suel«e reunirse en el mes de noviembre y a la que asisten representantes de las partes signatarias de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) adoptada durante la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro en junio de 1992. La COP30 es la trigésima conferencia de este tipo organizada desde 1995.
2/ Naciones Unidas, Acuerdo de París, https://unfccc.int/sites/default/files/spanish_paris_agreement.pdf, 2015, página 5.
3/ Agencia Internacional de la Eneregía (AIE), https://www.iea.org/data-and-statistics/data-tools/energy-statistics-data-browser?country=WORLD&fuel=Energy%20supply&indicator=TESbySource, consultada el 28 de noviembre de 2024.
4/ https://news.un.org/es/story/2025/05/1539026
8/ Emmanuel Clevenot, Fin de COP29 : les pays riches imposent un accord “néocolonialiste”, https://reporterre.net, 24 de noviembre de 2024; Jeanne Cassard, L’accord pour le climat attribue “une somme ridicule” aux pays du Sud, https://reporterre.net, 25 de noviembre de 2024.
9/ Raphaël Bernard, Avant la COP, le Brésil autorise de nouvelles explorations pétrolières, https://reporterre.net, 21 de octubre de 2025.
13/ Audrey Garic, “‘Nous pesons moins de 1 % des émissions et pourtant nous souffrons le plus’ : à la COP30, les pays du Sud veulent plus d’argent pour s’adapter au réchauffement”, Le Monde, 21 de noviembre de 2025.
14/ Emmanuel Clevenot y Paula Gosselin, Coup de force à la COP30 : énergies fossiles et déforestation exclues d’un accord décavant, https://reporterre.net, 22 de noviembre de 2025.
21/ Paula Gosselin y Raphaël Bernard, En dépit des promesses, la COP30 prise d’assaut par les lobbies du pétrole, https://reporterre.net, 14 de noviembre de 2025.
22/ Raphaël Bernard, “Quel désastre !” : les peuples autochtones vent debout contre le COP30 des lobbies, https://reporterre.net, 17 de noviembre de 2025.
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