LA AUTOCRÍTICA EN LA IGLESIA CATÓLICA, ante la venida del Papa León XIV a España

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La visita a España del Papa León XIV está suscitando un alud de adhesiones entusiastas y unos pocos menos comunicados críticos. Por mi parte, agnóstico y creyente en la “sabiduría de Jesús de Nazaret”, me apunto a una crítica desde dentro, una corrección fraterna que nos afecta a todos por dirigirse al núcleo central del cristianismo. El Misterio de la Salvación enseñado como explicación del mundo y de la trayectoria vital humana, como respuesta a las grandes preguntas, es más bien una evocación y llamada simbólica, una esperanza.

 

Durante décadas, los grupos cristianos de base hemos intentado ser “otra voz de Iglesia”, inspirados por la cercanía al mundo obrero y a la vida en los barrios, es decir por la teología de la liberación que nos enseñó a interpretar a Jesús “desde los pobres” y no desde la doctrina. En esos escritos nos dirigíamos sobre todo a la jerarquía por su involucionismo y su compromiso con los poderes económicos y políticos. Siendo muy radical en cuanto a la defensa de la justicia, de los derechos humanos, del medio ambiente y de la igualdad de la mujer, se quedaba sin embargo en la superficie de la teología. Se criticaba la estructura eclesial pero no se llegaba a los fundamentos o supuestos propios de una cosmovisión antigua, que iban implícitos en esas críticas sociopolíticas y morales. Nuestra “pertenencia crítica” —“un pie dentro y otro fuera”— era por las exigencias de otro sistema y esa urgencia acaparaba nuestra atención.

 

La teología católica dominante proviene de Pablo, de los Concilios de Nicea, Calcedonia y Trento, de San Agustín y de la Escolástica. Fue resignificada en el concilio Vaticano II e inmediatamente sepultada. Se construyó como un sistema doctrinal rígido, una sucesión de grandes acontecimientos milagrosos como son la Encarnación, la Redención, la Resurrección entendidos en estricto realismo, “al pie de la letra” y orillando su carácter simbólico. Evidentemente chocaba con la ciencia, la vida real y con los proyectos de justicia aquí ya en la tierra. Aunque no siempre fue así y un hilo místico y compasivo acompañó en muchos y largos momentos a esa ortodoxa y “herética” cuerda doctrinal.

 

Hoy día no cabe ese paradigma aunque esté nutrido por un gran amor. Nos preguntamos qué Jesús es el verdadero o referente, el de su escasa biografía, el de su divinización o el de su sabiduría de vida. Por qué Jesús y no otra persona. Desde dónde y en donde buscar la interpretación más trascendental de todo ser

humano y hasta donde llegar en la autocrítica religiosa.

La Iglesia ha vivido con cosmovisiones hoy superads. la Revelación y la

Historia Sagrada eran sus explicaciones rigurosas y el fundamento último de la verdad. Se predicaba la lectura literalista de a Biblia, la supremacía de la fe sobre la razón, la visión dualista y sobrenaturalita, el teísmo que objetiva la sublimidad y la incondicionalidad en un Ser Absoluto providente, dueño de nuestra existencia. Defendía una concepción jerárquica incuestionable, la autoridad sagrada, episcopal y papal, por herencia del Jesús Hijo de Dios encarnado y consecuentemente ,la superioridad de la autoridad religiosa sobre los derechos humanos, etc.

 

Las recientes reflexiones posreligionales y posteístas que se siguen inspirando en Jesús de Nazaret, abogan por una revisión radical: reconocer el carácter simbólico del lenguaje religioso, abrirse a la ciencia, la filosofía y los humanismos contemporáneos y entender a Jesús como un modelo de humanidad más que como un Dios. Son reflexiones que se fundan en las epistemologías más recientes y en las revoluciones científicas en torno a la materia, la energía y la información, en las ciencias sociales y en las neurociencias y sobre todo en la mirada a los pobres y a la barbarie de las guerras y genocidios. Y desde allí se proponen símbolos de recreación y esperanza.

 

Lus prácticas contestatarias nos sitúan en el camino de una convención universal por la esperanza, más allá de cualquier religión o tradición ética o humanista. Ese pudo ser el camino de Jesús cuando utilizaba el término “Reino”.

 

¿Es esto el haraquiri del cristianismo? Es la muerte en cruz de la religión anterior a Jesús y la resurrección de una humanidad nueva. Y esto es lo que sugiero al camino papal en esta etapa española.

Santiago Villamayor (pertenece a CCP de Zaragoza)