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Juan Masiá, jesuita y experto en bioética: «Invitaría a monseñor Lorca a morcillicas con vino de Jumilla» -- Antonio Arco

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La Verdad

1 ¿Un sitio para para perderse? El monte de Rokko, en Kobe (Japón).
2 ¿Qué música le suena en el móvil? El ‘brindis’ de ‘La Traviata’.
3 ¿Un libro para este verano? ‘Yo todavía creo en la esperanza’, de José María Díez Alegría.
4 ¿Un consejo? Redescubrir la ternura.

5 ¿Facebook o Twitter? Twitter.
6 ¿Le gustaría ser invisible? Más bien transparente.
7 ¿Sus héroes/heroínas de ficción? Antígona, Hypatia y Segismundo.
8 ¿Un epitafio? Soñemos, alma, soñemos….

9 ¿Qué le gustaría ser de mayor? Niño inocente y abuelo agradecido.
10 ¿Tiene enemigos? Ni soy tan importante como para tenerlos, ni los inquisidores merecen ese nombre, aunque sean mitrados.
11 ¿Lo que más detesta? La crispación política, el fanatismo ideológico y el dogmatismo religioso.
12 ¿Qué es lo peor del verano? Que dura poco.
13 Una pregunta para siguientes entrevistados… ¿Qué hacer para que nuestro país rompa el cascarón?

Juan Masiá (Murcia, 1941) está en Japón, donde busca la paz (de Dios) y halla el sosiego. Desde allí batalla, reza, tiende sus manos abiertas y busca respuestas para el cuerpo y el alma. Persigue a Jesús de Nazaret entre las espinas, los canales de Babilonia criminal y los bosques bellísimos del mundo. Muy crítico con la jerarquía eclesiástica española, con la que no se entiende en español ni en latín, permanece muy unido a Murcia por familia y por recuerdos (de juventud, de luz, de los seres queridos que ahora son aire y con los que, cree, se reencontrará).

-¿Qué hace en Japón?
-La pastoral, la Universidad, las religiones hermanas, el Instituto de la Paz, el comité social de los obispos…
-¿Cómo están su cabeza y su fe?
-La cabeza, sobre los hombros. La fe, en su sitio, en manos del Espíritu que hace creer.
-¿Tiene su alma en paz?
-Le digo con el salmista: ‘Alma mía, recobra tu calma’, pero no siempre me hace caso.

-¿Qué le ronda por su cabeza?
-Cómo viajar de incógnito a Murcia para invitar a monseñor Lorca a morcillicas con vino de Jumilla.
-¿De qué intenta olvidarse?
-De los cotilleos ridículos de blogueros caza-brujas.
-«Marta, Marta, andas inquieta con muchas cosas; sólo una es necesaria» (Lucas 10,41). ¿Cuál y qué hacer para conseguirla? -Percatarse de la vida. Vivirla.
-¿Qué estamos más: engañados o adormecidos?
-Anestesiados, drogados e hipnotizados.

-«Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos, dice el Señor» (Isaías, 55,8). ¿Qué buen plan nos propone usted?
-Planear como el parapente, aprovechando la fuerza del viento, vivir dejándose llevar por la brisa…
-Sabiduría y compasión, lucidez y misericordia, ¿cómo lograrlas?
-Callando, escuchando y haciendo camino al andar.
-Dijo Dios a Moisés: «Soy el que soy» (Éxodo, 3,14). La verdad es que aclaró muy poco. ¿Cómo es el Dios que usted conoce?
-No presumo de conocerle. Es Él quien me conoce, el único ojo que me ve como soy, porque soy gracias a que me ve.

-¿Cómo perdonar al enemigo y no morir en el intento?
-En forma de oración, pidiendo perdón ante todo por uno mismo, por no saber perdonar.
-Dice el ‘Sutra de los innumerables sentidos’ que «todo es vacío». ¿Qué es lo peor de cuanto observa en este mundo?
-Que no nos damos cuenta de lo lleno que está ese vacío: ‘Plenitud de plenitudes y todo plenitud’, decía Unamuno.
-¿Y lo mejor?
-Querer y ser querido, quererse cada vez más y mejor quienes se quieren.

-En ‘El arte de mirar’ (Shobogenzo) se lee que sigue siendo una triste realidad que se marchitan las flores cuya vida querríamos prolongar y que crecen para disgusto nuestro la maleza que querríamos hacer desaparecer. ¿Cuál es su fórmula para sobrellevar la permanente insatisfacción que nos invade?
-Esperar en la esperanza contra toda desesperanza, tal como aprendimos de Pablo y de Arrupe.
-¿Para qué sirve un ‘corazón desapegado’ (en japonés, torawarenai kokoro)?
-Para hacerse espejo, reflejar la vida y compartir ternura.
-Usted recuerda, con mucho acierto, que dice la Biblia que el vino alegra el corazón humano. ¿Qué añadimos a la lista de alegrías? -La sonrisa que no te merecías, la acogida de una abuela con 90 años, el caldo del cocido con sustancia, la tertulia con gazpacho en noche de verano, el sincero apretón de manos de quien no lo esperabas, y un interminable etcétera, desde el tirón de orejas estimulante hasta la tortilla compartida en el campo, pasando por un beso a corazón abierto…

-¿Sigue tomando tintos de verano con su amigo Kotaró Suzuki, con quien escribió ‘Conversaciones entre un cristiano y un budista’?
-Mejor una copa de ‘sake’, seco y frío, con pinchitos de calamares.
-¿Qué enseñanza encontró en el budismo?
-El eco de la de Jesús: «Quien tenga oídos, que escuche».
-¿Qué es lo último que se ha propuesto?
-No obedecer normas injustas y ver una película de Chaplin cuando suenen clarines de guerra en el ‘Club de los Inquisidores’.

-¿Qué quiere que cambie en su vida?
-Que la cabeza ceda el asiento al corazón más a menudo.
-¿Qué es lo último que ha descubierto?
-Que si el tiempo y las cosas pasan, las sopas y los libros se pasan; pero las personas quedan, con tal que las dejemos ser personas y nos hagamos personas para ellas.
-¿Y lo último que le ha indignado?
– Los secretismos, las manipulaciones y las puñaladas por la espalda, a veces las tres cosas juntas en un solo golpe de báculo.

-¿Qué le hace reír? -Mi propia fotografía.
-¿Qué le pone de mal humor y qué se lo quita?
-Las quejas, que se quitan releyendo a Calderón: «Que tal placer había/ en quejarse, un filósofo decía/ que a trueque de quejarse/ habían las desdichas de buscarse»./
-¿Qué capricho diario se permite?

-El café-café, que no me lo quiten, aunque suba la tensión, como decía mi madre.
-¿Qué manía le acompaña? – No irme a la cama sin haber leído algo nuevo.
-¿Un fantasma que le persiga?
-Sueño que Juan Pablo ‘el Arrollador’ quita el sitio en la pantalla a Juan XXIII, ‘el Bueno’.

-¿Rajoy o Zapatero?
‘Ni esto ni aquello’, digo con Unamuno, sino una alternativa cualquiera, con tal que no sea ‘sucesoria’ (no más ‘aznaratos’ de uno u otro signo).
-¿Practica el ‘ande yo caliente, ríase la gente’? -Andar caliente, sí, que soy friolero. Si la gente ríe o no, es su problema.
-¿Sin Dios se volvería loco?
-Ya no podría decir que no me siento solo cuando estoy solo. La lucidez sin sentido sería peor que la locura. Gracias a la Vida de la vida, que nos ha dado tanto…
-¿Alguna vez se creyó que esta vida ‘es un valle de lágrimas’?
-Pero si lloras por lo oscuro del valle, tus lágrimas no te dejan ver las estrellas.

-¿Lo mejor que le ha pasado?
-Querer y ser querido sin doblez.
-¿Cómo son sus vacaciones ideales?
-Paseando y respirando brisa de monte.
-¿Qué planes tiene para este verano?
-Disfruto de diez días en agosto, que me permiten ese pasear y respirar.
-¿Qué verano recuerda especialmente? -Con quince años, en la finca de El Aguilucho, cercanía de Carrascoy. ¡Qué sabiduría popular la de José, el guarda!
-¿Qué le hace falta para ser feliz?
-La camisa del hombre feliz del cuento de Coloma, que no tenía camisa.

-¿De qué procura no olvidarse? -De las estupideces que se oyen en nombre de la verdad y de las violencias que se cometen en nombre de la fe.
Una ilusión viva
-¿A qué no le da la gana de renunciar?
-A la libertad de espíritu.
Diga algo que lleve mucho tiempo queriendo decir
-¡Basta ya! ¡Jo…lines, basta ya!
-¿Qué nos recomienda para sobrellevar la crisis, la económica y la personal?
-Eliminar el cincuenta por ciento superfluo, empezando desde mi cuarto.

-¿Qué defiende?
-La convivencia.
-¿Con qué armas?
-El diálogo y los medios de comunicación.
-¿Cuál es su secreto mejor guardado?
-Si lo dijera dejaría de serlo.
-¿Contra qué tentación combate más?
-La tentación de callar por prudencia y caer en la ‘tercera vía’ del compromiso diplomático para quedar bien con los de arriba.

-Pedro Páramo es ‘un rencor vivo’. ¿Y usted quién es?
-Quisiera ser una ilusión viva.
-¿Qué no es?
-Un resentido.
-¿Qué salvaría de la decadencia?
-Otra vez, como Unamuno: ‘Recuerdos de esperanzas y esperanzas de recuerdos’.
-¿Cómo es su reino, dónde está su patria, quién es su Dios?
-Mi Dios es el enigma de quien se fió Jesús, que nos mostró su rostro y proclamó el Reino de Abba. El Reino (con mayúscula) es el ‘medio divino’ en el que se movía Jesús. La patria está en cada rostro doliente que nos refleja su rostro y nos pide liberación.

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