Franco murió en la cama, pero la dictadura murió en la calle -- 15M Ronda

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La verdad de la mal llamada Transición no fue como se nos contó. No fue pacífica, fue sangrienta, en apenas ocho años se cobró más de 2.663 victimas por violencia política entre muertos -591
personas- y heridos hospitalizados. Desde la muerte de Franco, año 1975, hasta la victoria electoral socialista de 1982, hubo un reguero de sangre vertida por la democracia, víctimas de la violenciapolítica, del terrorismo de los grupos ultras y de la represión policial, de origen institucional.

En la Memoria de 1978, el Fiscal del Reino desvela que durante 1977 se efectuaron un total de 2.402 acciones represivas de las Fuerzas de Orden Público, con 4.394 detenidos que pasaron a disposición
judicial de la Audiencia Nacional. Todo ello fue silenciado por la propaganda oficial, y no se le reconocieron como víctimas del terrorismo hasta el año 2005, pero las personas muertas y las
heridas constituyen el auténtico precio de la mal llamada Transición y si caen en el olvido pueden morir por segunda vez.
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El texto, de este número de “En Pocas Palabras”,
está extraído de la revista nº 49 de septiembre
de 2025 de elDiario.es

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Muchos años antes de la muerte del dictador, en las
fábricas, en las universidades, en los barrios y en la calle,
miles de personas se jugaron mucho, algunas veces hasta
la vida, por traer la democracia y la libertad a España.
La democracia no fue un regalo, el pueblo español la ganó
en la calle. Pero el relato oficial de la llaman Transición
convirtió esa victoria colectiva en una epopeya monárquica, borrando las huelgas, las manifestaciones, la sangre
derramada y el miedo constante al ruido de los sables.

Uno de los grandes mitos en la biografía de Juan Carlos de
Borbón, hoy huido de la Hacienda pública a los Emiratos
Árabes, es que el rey salvo la democracia el 23 F. La
narrativa oficial lo dibuja como un héroe que se enfrentó a
los golpistas y garantizó el éxito de una Transición
ejemplar. Sin embargo, hubo más procesos del Tribunal
del Orden Público en el año 76, ya muerto Franco, que en
la época del dictador.

Sólo en el primer trimestre de aquel año del 76 hubo más
de 17.000 huelgas a través de la enorme presión de lossindicatos, los estudiantes, los partidos democráticos, los
movimientos sociales, y el contexto internacional, que
tumbaron aquel intento de perpetuar la dictadura.

La primera apuesta del rey Juan Carlos de Borbón fue por
Carlos Arias Navarro, al que llamaban el carnicerito de
Málaga por la represión que había hecho allí después de
la guerra. Formaban parte de su gabinete cuatro tenientes
generales que se habían sublevado contra la República,
defendiendo a ultranza la memoria y la obra del Caudillo,
considerando a las Fuerzas Armadas las garantes últimas
del legado de Franco y del devenir futuro de España.

Los conspiradores cuentan con Luis María Anson, escritor,
político y periodista, fundó el diario “La Razón” y “El
Imparcial”. Lanzó el mensaje que cierta derecha quería
escuchar, hay que sustituir a Adolfo Suárez por una
personalidad no partidista que meta en vereda a los
terroristas, a los nacionalistas y a la clase trabajadora.
Cuentan con el apoyo de la élite económica y la patronal.

En los papeles de Emilio Alonso Manglano, militar, padre
del espionaje español se puede leer el gran interés de
Juan Carlos I por deshacerse de Adolfo Suárez. A medio
camino entre el soborno y la recompensa por los servicios
prestados, el monarca le promete una gran cantidad de
dinero para convencerle de la retirada. “Le ofreció un
millón de dólares a Suárez para cuando dejara de ser
presidente del Gobierno. No lo sabe nadie”.

Un monarca que ni siquiera contaba entonces con el apoyo
popular, como confesó Adolfo Suárez años después. “La
mayor parte de los jefes de Gobierno extranjeros me
pedían un referéndum sobre monarquía o república, pero
hicimos encuestas y perdíamos”.

Suárez presentó su dimisión el 29 de enero de 1981 con
una afirmación que parecía un dardo envenenado dirigido
al monarca, “Me voy sin que nadie me lo haya pedido”, y
un enigmático “no quiero que el sistema democrático de
convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la historia
de España”, que parecía vaticinar el inminente golpe de
Estado de Tejero.

Sólo si reconocemos que la libertad se conquistó desde
abajo, podremos blindarla frente a quienes hoy intentan
apropiarse de una democracia en la que nunca han creído.
No ha habido ni un solo país que haya conquistado la
democracia a través de los esfuerzos de la propia
ciudadanía, por eso se tardó tanto. Una parte del pueblo
español nunca dejó de luchar contra la dictadura desde el
año 39.

Han transcurrido ya 44 años de los hechos y ninguno de los
gobiernos de PSOE o PP ha tenido la voluntad política
necesaria para hacer públicos los documentos que nos
permitan conocer todos los extremos de lo ocurrido. Sobre
el fallo judicial, elevado a la categoría de verdad
irrefutable, se sostiene aún hoy el relato oficial de lo
ocurrido.
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EN POCAS PALABRAS
Contando la Historia desde otras miradas
15-M RONDA Enero 2026 Nº2