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Su ensayo El Corazón de la Materia sigue latiendo 75 años más tarde.
Actualidad de un ensayo básico para entender el pensamiento maduro de Teilhard de Chardin
El 10 de abril de 1955 era Domingo de Resurrección. Pierre
Teilhard de Chardin (1981-1955) había manifestado en varias
ocasiones que deseaba morir el Domingo de Pascua para
converger definitivamente al punto Omega.
La memoria del fallecimiento de Teilhard hace 70 no puede hacernos olvidar que hace 75, en agosto de 1950, escribe en el silencio de la casa familiar de Orcines, donde nació el uno de mayo de 1881, uno de sus últimos ensayos: Le Coeur de la
Matière.
El tomo XIII de la edición francesa de los ensayos filosóficos y
teológicos de Pierre Teilhard de Chardin (bajo el título general de La Coeur de la Matière) no había sido traducido al castellano hasta el 2002. En este artículo se sintetizan las líneas de fondo del ensayo autobiográfico (escrito en 1950, hace setenta y cinco años), que da nombre al volumen: El Corazón de la Materia. Este ensayo (que suele ser poco valorado en España, al no haber sido traducido hasta 2002), se sitúa aquí dentro de la obra general teilhardiana.
Este texto, escrito cinco años antes del fallecimiento de Teilhard,
revela un avance en la maduración de su pensamiento. Es breve pero denso, y es fundamental para entender el pensamiento teológico, espiritual y místico del Teilhard anciano. El Corazón de la Materia está impregnado de referencias autobiográficas e introspectivas que resumen, cerca ya de su muerte, la experiencia interior del autor.
Las llamadas Obras Completas de Teilhard fueron editadas en Francia
en XIII tomos después de su muerte y han sido casi totalmente traducidas al castellano. Se trata de ensayos de tipo filosófico, teológico y espiritual, casi todos inéditos, al serle prohibido su publicación.
En ellas, Teilhard se centró en la evolución cósmica en el tiempo
intentando, a partir de los datos aportados por las ciencias de la Tierra y las ciencias de la Vida, una síntesis entre ciencia, filosofía, teología y mística.
Su filosofía/teología es así una proyección del sentido del ser humano en el mundo que, desde el futuro, ilumina el pasado. Dios, el mundo, la materia, la socialización, la esperanza, lo humano se amalgaman en una unidad fascinante.
En el año 1950, cinco años antes de su fallecimiento en Nueva
York, Teilhard redacta un escrito sorprendente de tipo
autobiográfico que titula El Corazón de la Materia. El fondo de
este ensayo se condensa en esta frase del propio autor: “este año de
1950 culmina la evolución de mi visión interior”.
Teilhard cuenta ya 69 años.
Antes se dedicó –nos parece- a poner unos rayos de luz, a modo
de ráfagas de linterna, sobre la ingente realidad del pasado del
hombre y por extensión del mundo y del cosmos. Desde la
Ciencia, desde la Fe comprometida, desde cualquier parte del mundo.
Las experiencias de infancia y la maduración del pensamiento
Dos aspectos convienen resaltar en una primera lectura de El
Corazón de la Materia. Por un lado, la insistencia que pone Teilhard en sus experiencias de infancia, tanto a la influencia espiritual de su madre como al despertar a la Naturaleza. Éste se realiza gracias al coleccionismo de fósiles, animales, vegetales y rocas volcánicas que hacían sus familiares, y que suscitó en él la temprana vocación a lo que se llamaba en los manuales escolares Historia Natural.
Por otra parte, en El Corazón de la Materia resalta el extenso uso por
parte de Teilhard del lexema “génesis” en la elaboración de múltiples
conceptos que no cesa de utilizar en sus más importantes obras:
cosmogénesis, biogénesis, noogénesis, antropogénesis, ortogénesis,
cristogénesis, etc. Esto muestra su empeño y esfuerzo científico por explicar esas diversas “génesis” u orígenes de cada cosa. Una lectura atenta, 70 años más tarde, de El Corazón de la Materia de Pierre Teilhard de Chardin, nos permite percibir que los latidos de ese corazón maduro siguen latiendo.
Pese a que Teilhard en esa época había padecido algunas crisis cardíacas, su alma seguía tejiendo hondos sentimientos.
Dónde y cuándo fue escrito El Corazón de la Materia
En el mes de agosto de 1950 Teilhard redacta el texto más largo y
complejo de este ensayo al que puso como título El Corazón de la Materia.
Lo redacta reflexiva y pausadamente en la finca familiar de Les Moulins
mientras pasaba unas vacaciones en Francia. Es un momento de plena
madurez en nuestro autor. Firma el escrito precisando incluso la fecha: el 15 de agosto, fiesta de la Asunción de María. Se nos antoja que es, una vez más, la devoción mariana la que le dicta el día.
El Corazón de la Materia (1950) en el conjunto de la obra
teilhardiana.
Dentro del amplio conjunto de la obra filosófica y espiritual de
Teilhard, ¿qué lugar ocupa El Corazón de la Materia (1950)?
En cuanto al tamaño material, es decir, en cuanto al número de
páginas, que en rigor serían en torno a 50, podemos calificar esta obra como de tamaño menor.
Si la comparamos con la obra más compacta, larga y pensada, que
sería El Fenómeno humano, la obra que glosamos podría pasar por un
capítulo y no precisamente el más largo. Si la comparamos -vuelvo a repetirsólo en cuanto al tamaño material se refiere, con El Medio Divino (175pags.), la segunda obra de alta divulgación en extensión, El Corazón de la Materia, es menos de un tercio No obstante, el momento o circunstancia en que Teilhard escribe es de reflexión pausada, de madurez casi plena, de estancia feliz con familiares
y amigos en una Francia que comienza a ser próspera al igual que una
Europa que ve alejarse el fantasma de la última guerra y de la locura
colectiva que supuso.
Año 1950, son los días de recuperación económica, en una Europa
que no quiere mirar al pasado inmediato (años 1930-45 aprox.), época de
experimentos sociales fallidos soportados una vez más, sobretodo por el
pueblo llano y los que no tuvieron poder de decisión alguna, que, por cierto, fueron la inmensa mayoría.
Pero no sólo nos referimos al año de un continente entero, Europa,
sino más bien al año de la vida de una persona que se acerca a su fin
biológico con la madurez que dan los años.
Permítanme que me haga el encontradizo con los pensamientos del
autor, si bien basándome en hechos y datos corroborados, para calibrar el momento de felicidad en que se encuentra a la altura del verano de 1950, cuando se lanza a escribir, en poco tiempo, El Corazón de la Materia.
Para ello he de hacer de intérprete de su biografía y retrotraerme a dos
momentos bélicos en la vida del autor, así se verá mejor este “instante
veraniego” del año 50.
Nuestro autor fue protagonista en “primera línea de fuego” durante la “guerra de trincheras” que fue la del 1914-18.
Nos admira a sus lectores comprobar como en las trincheras, el joven jesuita hablaba con Dios o Dios se le hacía presente a él, incluso en el “Medio bélico”.
Hay anécdotas en sus escritos, además del testimonio repetido que decía
que su visión interior más ajustada a la Realidad se fraguó en uno de
los frentes de guerra más sangrientos. Para consuelo de no
creyentes diré, que otros también hacían lo propio en el frente, como
el filósofo Ludwig Wittgenstein,que componía y se entretenía en
las trincheras con su Tractatus, de Lógica filosófica.
En cuanto a la experiencia teilhardiana en la II Gran Guerra, el
marco vivencial fue totalmente diferente. Se encuentra en China,
muy alejado de los centros militares que se enfrentan, si bien
informado por el correo de amigos o familiares –supongo-, las noticias
radiofónicas, las reuniones con sus hermanos de comunidad, sus
compatriotas franceses en la embajada, etc., pero en el
“paraíso” que le supuso el trabajo como medio de acercamiento a lo
divino y/o a Cristo.