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El tablero geopolítico

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descarga2Después de ser bautizado, Jesús tomó conciencia de su filial dependencia de Dios-Padre; y, frente a la tentadora ambición de dominar a los pueblos de la tierra con sus múltiples riquezas y numerosos habitantes (Lc 4,6-7), optó por la fraternidad de las colectividades humanas y la liberación de los empobrecidos (Lc 4,18) basado en los valores del amor, la solidaridad, la humildad y el servicio.

A partir de 1945 y durante la Guerra Fría, el mundo estaba sujeto a dos superpotencias en conflicto: EEUU que se imponía en el sistema capitalista, y la URSS que hegemonizaba en el sistema comunista. Desde la debacle de la Unión Soviética hacia 1990 y una vez disuelto el Pacto de Varsovia, Estados Unidos se alza como única superpotencia, invadiendo con la ayuda de la OTAN, cada vez más reforzada, a los pueblos que no se someten

: Irak (1991), Somalia (1993), Yugoslavia (1995), Sudán (1998), Yugoslavia (1999), Afganistán (2001), Irak (2003), Somalia, Pakistán y Yemen (2002), Libia (2011) y Siria (2014), además de mantener la política intervencionista en América Latina.

A medida que avanza el siglo XXI, mientras Estados Unidos ha ralentizado su desarrollo, otras potencias llamadas BRICS han experimentando un mayor ritmo de crecimiento. Destacan algunos países del sudeste asiático, con China e India a la cabeza, además de la Unión Europea a nivel económico y Rusia en el plano militar. El poder hegemónico mundial pasó de bipolar a monopolar para evolucionar después hacia otro multipolar. Un tablero geopolítico en continua confrontación que genera todo tipo de conflictos (diplomáticos, económicos, culturales y también bélicos) y se enfrenta a nuevos retos globales como el cambio climático o el agotamiento de las energías fósiles.

Para mantener la hegemonía mundial, las grandes potencias tratan de dominar los mercados financieros y hacerse con el liderazgo económico y científico-tecnológico, acumulando además armamento convencional y nuclear con el que amenazar y chantajear a los países que se encuentran en la órbita de sus intereses. En este punto juegan un papel muy importante las bases militares establecidas en el exterior, aspecto en el que destaca de nuevo Estados Unidos, con unas 800 bases esparcidas por los cinco continentes, lo que de entrada le proporciona una clara ventaja en las guerras regionales (más de 30 en la actualidad) sobre países rivales como Rusia o China que también tienen sus propias bases.

En este contexto se puede tratar de comprender la actual guerra de Ucrania en la que las grandes potencias han estado presentes tanto en los prolegómenos lejanos del conflicto (desintegración de la URSS y cerco político-militar de EEUU-OTAN a pesar de las promesas de mantener un espacio neutral en torno a Rusia) e inmediatos a partir de 2014 (golpe de estado contra el gobierno prorruso de Yanukóvich, apoyado por Estados Unidos y la Unión Europea; ocupación rusa de Crimea; guerra civil en el Dombás…) pero, sobre todo, debido a la invasión del ejército ruso en el presente año 2022, que está teniendo un altísimo coste de vidas humanas, olas de refugiados y efectos negativos en la economía mundial. Se podría afirmar que se trata de un enfrentamiento entre EEUU y Rusia por el control geopolítico de Ucrania, donde ésta queda en buena parte arrasada y pone la mayor parte de los muertos, y donde confluyen también otros países como la Unión Europea, China, India, Irán, etc., cada cual en defensa de sus intereses y alianzas propias. Después de medio año de guerra, es muy difícil prever la evolución de los acontecimientos pero es probable que una larga guerra de desgaste para todas las partes fuerce una negociación que debería haberse producido mucho antes.

Una alternativa concreta, desde nuestra perspectiva, podría ser abrir un proceso de diálogo en el marco de Naciones Unidas entre las grandes potencias (EEUU, China, Rusia, UE) y los otros países del BRICS (Brasil, India, Sudáfrica), junto a algún otro Estado propicio para, primero, lograr la paz; segundo, acordar alianzas políticas y económicas entre Estados y agrupaciones internacionales; y tercero, compromiso mundial por la dignidad y por los derechos humanos de los pueblos, la justicia social y la paz, así como contribuir al saneamiento del deterioro ambiental.

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