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1. Un Programa condensado, pero con lecturas desacertadas
Resulta harto difícil encontrar en los evangelios otro escrito tan renombrado y recitado como este de Mateo: el Padre nuestro (Mt 6, 9-13). Con dicho texto el evangelista dejó constancia de un singular ofrecimiento de Jesús a los adheridos a su Programa: Un patrón con el que podrían expresar al Padre sus más hondos deseos.
La desacertada versión oficial ha logrado nublar el sentido del original griego. Para recuperarlo, no cabe otra alternativa que acudir a ese texto, el más antiguo, y analizarlo con minuciosidad.
2. Su contexto es la Lealtad
Mateo situó el Padre Nuestro en un contexto cuyo tema central trata del grado de lealtad que ha de exhibir el colectivo de adheridos al Programa de Jesús. Esa lealtad resulta condición necesaria para formar parte de la sociedad alternativa del reino de Dios: “porque os digo que, si vuestra fidelidad no se sitúa muy por encima de la de los letrados y fariseos, no entráis en el reino de Dios” (Mt 5,20). Refiriéndose a las tres principales prácticas religiosas propias del judaísmo: La limosna, la oración y el ayuno, y frente a las hipócritas actuaciones de los religiosos realizadas públicamente a bombo y platillo, Jesús propuso a su comunidad una forma de actuar caracterizada por su clandestinidad.
Respecto a la limosna, su enseñanza apuntaba con el singular a cada uno de los miembros de la comunidad: “Cuando des limosna…” (Mt 6, 2). Pero retoma el plural al referirse al tema de la oración. El Galileo se dirige ahora a todo el colectivo: “pero cuando recéis…” (v. 7). Lo hace abriendo el cauce que desembocará en el Padre Nuestro. Sobre ese lecho, orientará a los suyos a ceñirse únicamente a lo que en realidad precisan, evitando la palabrería propia de la insistencia:
“…no seáis palabreros como los paganos, que se imaginan que por hablar mucho les harán más caso. No seáis como ellos que vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que se lo pidáis” (vv.7-8).
3. El otro contexto es la Necesidad humana
El Programa de Jesús está estrecha y directamente relacionado con la necesidad humana. Sabiendo que el Padre la conoce de antemano con pelos y señales, la comunidad de comprometidos con el Nuevo Pacto evitará ser reiterativa en su petición, consciente de la cercanía de un Padre siempre a la escucha: “en lo escondido”. Jesús les propondrá, por tanto, fórmulas breves. La comunidad pedirá en consonancia con sus deseos y su praxis, poniendo todas las ganas en la solicitud y declarando su receptividad a lo demandado.
4. Líneas estructurales del Padre nuestro
Determinado con brevedad el marco donde Mateo ha colocado el Padre Nuestro, conviene no desviar la atención de las líneas maestras con las que el evangelista ha estructurado las peticiones de esa oración modelo:
a – Un colectivo
b – de lealtad refrendada por una praxis
c – comprometida con el Programa de Jesús
d – expresa sus más sinceros deseos
e – mostrando su alta receptividad
f – a lo solicitado por ellos
g – en su comunicación con el Padre:
El texto se introduce con brevedad: “Vosotros rezad así”:
El pronombre de segunda persona en plural (“vosotros”) señala a los destinatarios. Son los que rodean al Galileo en la cumbre del monte.
“9 Padre nuestro del cielo
proclámese ese nombre tuyo,
10 llegue tu reinado,
realícese en la tierra tu designio del cielo;
11 nuestro pan del mañana dánoslo hoy
12 y perdónanos nuestras deudas,
que también nosotros
perdonamos a nuestros deudores;
13 y no nos dejes ceder a la tentación,
sino líbranos del Malo” (Mt 6, 9-13).
5. Padre hay uno solo
La oración descubre de entrada al interlocutor a quien está dirigida. El texto deja suponer que tiene su línea de comunicación disponible a todas horas. La conexión es inmediata. La conversación con Él se inicia llamándole por su nombre: “Padre”. Para los comprometidos con el Nuevo Pacto es un nombre exclusivo. Quien acepta ser llamado así ‘padre’ en el entorno de la comunidad usurpa una identidad que no le corresponde de ninguna de las maneras:
“y no os llamaréis PADRE unos a otros en la tierra, pues vuestro Padre es uno solo, el del cielo” (Mt 23, 9).
6. Un poco de historia del pueblo judío
La liberación de los grupos tribales esclavos en Egipto y su constitución en un pueblo fueron dos hechos atribuidos por el AT a la exclusiva determinación de Yahvé. Ese recién nacido pueblo se consideró de creación divina y, por consiguiente, como “hijo” suyo. Los autores que escribieron dichos relatos le achacaron también a Yahvé esa doble idea de paternidad y filiación: “Tú le dirás (al faraón egipcio): Así dice el Señor: Israel es mi HIJO primogénito, y yo te ordeno que dejes salir a mi HIJO para que me sirva” (Ex 4,22s).
Desde ese concepto, algunos textos pasan a referirse a Yahvé con la denominación de “padre”. Eso sucede, por ejemplo, en el cántico de Moisés: “¿Así le pagas al Señor, pueblo necio e insensato? ¿No es él tu PADRE y tu creador, el que te hizo y te constituyó?” (Dt 32,6). Una súplica de Isaías le identifica repetidamente como “nuestro padre”:
“No la reprimas que tú eres NUESTRO PADRE:
Abrahán no sabe de nosotros, Israel no nos reconoce;
Tú, Señor eres NUESTRO PADRE,
Tu nombre de siempre es ‘nuestro redentor’” (Is 63,16).
Las oraciones más importantes de la religión judía utilizaban ya la expresión ‘padre nuestro’ en el período contemporáneo al NT. En la segunda bendición del Sema` se recitaba: “Enseñaste a nuestros antepasados las leyes que dan vida. Ellos confiaron en ti, Padre nuestro y Rey…”. Y en la sexta bendición de las Semoneh `Esreh (‘dieciocho bendiciones’), según la recensión palestinense se reza: “Perdónanos, Padre nuestro, porque hemos pecado contra ti. Borra y aparta de nosotros nuestras malas obras de delante de tus ojos. Porque muchas son tus misericordias. Bendito eres, Señor, rico en perdón”.
Tanto en el AT como en las obligadas plegarias de la religión judía, el término ‘padre’ y la expresión ‘padre nuestro’ se emplean distinguidos por ciertas notas características:
a. Aparecen como acreditaciones o dignidades añadidos a otros títulos tales como ‘Rey’, ‘el Misericordioso’, ‘el Eterno’, ‘Señor’, ‘Redentor’, que giran eludiendo pronunciar el nombre tenido por auténtico: Yahvé.
b. Aluden a su absoluta jerarquía. Muestran el reconocimiento de su poder y dominio y, por tanto, la sumisión de todo el pueblo a sus leyes, de cuyo cumplimiento Él está a todas horas pendiente para castigar con severidad la más mínima desobediencia.
c. Hablan de su paternidad considerándola en relación con la entidad nacional de Israel, pero sin vincularla a cada integrante de ese pueblo.
d. Nunca se emplea en sentido directo como nombre propio para dirigirse a Dios.
7. Jesús trae otro modo de llamar a Dios: Padre
A diferencia de ese uso, en el modelo de comunicación ofrecido por Jesús a los suyos, “Padre” descubre el modo de llamar a Dios de los adheridos a su Proyecto. Y así se dirigen a Él como interlocutor de su conversación y destinatario de su pedido. La palabra ‘Dios’ con su escritura y pronunciación particular en cada lengua ha dejado de ser para los suyos la denominación ajustada a su forma de pensar y vivir. Para ellos, su nombre es “PADRE”.
Esa es la manera familiar de llamar y dirigirse a quien se le reconoce, no, por su omnipotencia e impenetrabilidad, sino por la generosidad de un amor que da la vida y por la experiencia de constatarla en fraternidad con quienes han optado con plena libertad por ella. La solemne imagen masculina de Dios, figurada como un anciano de semblante circunspecto, autor de leyes y llevador de cuentas, no es más que una deformación gráfica acuñada para sembrar respeto y distancia, manteniendo doblegada a la gente con el más profundo de los amedrantamientos.
Jesús ha liberado a los que le rodean en la cumbre de la falsa idea y del temor religioso. Ahora pueden contar con la experiencia de quien está a todas luces próximo en cualquier circunstancia. Lejos de ser inquietante e imponer, exhibe su condición amable, sonriente y cariñosa, presto a animar a trabajar por la paz como mejor camino para parecerse a Él: “Dichosos los que trabajan por la paz, porque a esos los va a llamar Dios hijos suyos”. Él es el “Padre”. Ese es su nombre.
8. ‘nuestro’ porque lo es de un colectivo fraterno
La manera de dirigirse al Padre tiene también el sello de única. Ese carácter singular lo aporta el pronombre de primera persona en genitivo plural: ‘de nosotros’ asociado al término ‘Padre’. Lejos de plantearse como una fórmula teórica, “Padre nuestro” expresa el refrendo inequívoco de la práctica social de la fraternidad. La expresión identifica como sujeto que ora al colectivo de seguidores.
El pronombre “nuestro” confirma la línea seguida por Mateo. Todo su texto, desde el Programa fundacional conocido bajo la denominación de: “Bienaventuranzas” hasta aquí, está referido a los adheridos al Proyecto. El modelo de oración propuesto por Jesús a los suyos, el “Padre nuestro”, será la plegaria que los identifique como la sociedad fraterna que ha aceptado el Nuevo Pacto. Sus integrantes podrán pronunciar la oración en forma individual, pero aun así, no perderá la referencia a dicho colectivo. La experiencia de una sociedad fraterna elegida libremente y la entrega conjunta en favor de la paz resultan indispensables para poder decir “Padre nuestro” con coherencia y autenticidad.
Padre indica cercana y estrecha relación. Requiere un reconocimiento personal real. No se llama así a cualquiera. La simple recitación de estas palabras por quienes son reacios a la hermandad y se desentienden de la urgente necesidad humana avisa de un hablar trivial y perdido en el vacío.
9. Un Padre nada lejano, sino distinto: Exclusivo
A este peculiar llamamiento inicial del interlocutor: “Padre nuestro”, Jesús añade una nota precisa sobre su identidad: “del cielo” (? ?? ???? ????????; lit.: ‘el entre los cielos’). El detalle “del cielo” no indica lejanía; ni siquiera, posición. Apunta a la exclusividad de aquel a quien se puede denominar de semejante modo. La fórmula “Padre nuestro del cielo” marca su absoluta distinción con cualquier progenitor humano.
Los padres representaban en la mentalidad judía la autoridad a la que la totalidad de la familia estaba sometida. Ejercía el mando y se le tenía como espejo adonde mirarse y como horma a la que ajustarse. El padre actuaba de maestro del que aprender y modelo al que los hijos tenían que parecerse.
Cada padre estaba obligado a ser garante de la conservación y transmisión a los hijos del ideario socio-religioso recibido también por él como herencia del patrimonio de los antepasados. El padre aparecía como figura indispensable para salvaguardar con fidelidad la antigua tradición legal y religiosa. A los hijos competía comprometerse en el aprendizaje fiel de dicha tradición para asegurar su continuidad.
Jesús solo reconoció como modelo al “Padre del cielo”. Llamándole de esa manera lo presentó a los suyos como el único a imitar. No hay otro como Él. Y Él no se ajusta ni se debe a ningún esquema arcaico al que los suyos deban seguir. Acababa, así, con la continuidad de la tradición. “El Padre del cielo” se sitúa en el polo opuesto a la figura autoritaria de los padres de la tierra. La denominación “Padre del cielo” refleja su posición contraria a dominios y sometimientos. No es quien se dedica a regular la vida mediante leyes y castigos. Destaca porque abre toda la cancha a la libertad humana. “El cielo” señala de manera figurada su exclusiva categoría, plena de esplendidez, justicia y amor leal.
El “Padre del cielo” no se reconoce a través de creencias, sino por la experiencia inigualable de quienes han optado por la fraternidad. Él es garante del carácter definitivo de esa vida. De ahí que los “dichosos” por pertenecer y disfrutar de esa alternativa social puedan iniciar su comunicación con Él diciendo: “Padre nuestro del cielo”.

