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(La parábola, los personajes y sus actuaciones)
1. Epígrafes nada originales
Los epígrafes que encabezan los relatos de los evangelios no forman parte del texto original. Fueron introducidos siglos más tarde. De modo excepcional encontramos en los evangelios dos títulos referentes a parábolas.
Ambos pertenecen al texto de Mateo, que los generó por razones de necesidad narrativa:
“Escuchad ahora vosotros la parábola del sembrador” (Mt 13,18) y “Acláranos la parábola de la cizaña en el campo” (Mt 13,36b).
a. Algunos acorralan y hasta desvían los textos
Estos rótulos, que tratan de resumir el contenido del relato que anuncian no siempre atinan. Algunos desvían la atención de lo esencial del escrito al poner el acento en uno de sus ejes secundarios. Otros enmascaran el mensaje al centrarse en el personaje protagonista del relato obviando su contenido.
Incluso los hay que confunden al lector dando un sentido equivocado a la narración que encabezan. De ahí la conveniencia de aparcar el título antes de leer un relato para evitar que nos condicione. La lectura requiere detenimiento para detectar las claves que nos permiten dar con su sentido. Este artículo pretende servir de
guía siguiendo un relato concreto harto conocido, la famosa y mal llamada:
Parábola del hijo pródigo.
b. El caso que nos ocupa
Esta cabecera: ‘Parábola del hijo pródigo’ sitúa el centro de gravedad del ejemplo de Lucas (15,11-32) en un hijo derrochador que, viéndose en la miseria después de haber dilapidado los bienes recibidos en vida como herencia, resuelve volver arrepentido a casa de su padre esperando tener suerte y ser acogido y tratado como un trabajador más.
Esta escora hacia el hijo menor no ha pasado inadvertida y han sido muchas las voces que han indicado que la parábola debería ser reconocida por un título alusivo al padre amoroso. Resulta innegable que la actuación desbordada de
cariño y generosidad del padre sobresale en el texto. El hecho, además, de que el término ‘padre’ se repita hasta en doce ocasiones avala dicha idea.
Sin embargo, tanto si la parábola se denomina “del hijo pródigo” como “del padre amoroso”, ambos títulos olvidan al otro interviniente del ejemplo: el hermano mayor. Y él también es protagonista.
Así se lee el texto:
11. Y añadió:
– Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan de sobre, mientras yo aquí me muero de hambre. 18. Voy a volver a casa de mi padre y le voy a decir <
20. Entonces se puso en camino para casa de su padre. Cuando aún estaba lejos lo vio su padre y se conmovió; salió corriendo, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.
21. El hijo empezó:
– Padre, he ofendido a Dios y te he ofendido a ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.
22. Pero el padre dijo a sus criados:
– Sacad enseguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en el dedo y sandalias en los pies; 23. traed el ternero cebado, matadlo y celebremos un banquete, 24 porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y se le ha encontrado. ,
Y empezó el banquete.
25. El hijo mayor estaba en el campo. A la vuelta, cerca ya de la casa, oyó la música y el baile; 26. llamó a uno de los mozos y le preguntó qué pasaba.
27. Este le contestó:
– Ha vuelto tu hermano, y tu padre ha mandado matar el ternero cebado por haber recuperado a su hijo sano y salvo.
28. Él se indignó y se negaba a entrar; su padre salió e intentó persuadirlo,
29. pero él replicó a su padre:
– A mí, en tantos años como te sirvo saltarme nunca un mandato tuyo,
jamás me has dado un cabrito para hacer fiesta con mis amigos; 30. en
cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con
malas mujeres, matas para él el ternero cebado 31. El padre respondió:
– Hijo, ¡si tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo! 32.
Además, había que hacer fiesta y alegrarse, porque ese hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a vivir, andaba perdido y se le ha encontrado” (Lc 15,11-32).
El relato comienza presentando a los tres personajes:
“Un hombre tenía dos hijos” (Lc 15,11).
2. Desconcierto del hijo mayor
Lo que la parábola cuenta sobre el comportamiento de ese otro, el hijo mayor, parece jugoso. Mientras el padre celebra fiesta con el prenda del menor, él está en el campo; se supone que trabajando (v.25). Ni el padre ni el hermano menor han tenido la deferencia de esperarlo para el festejo.
La barra libre ha dado comienzo sin él. Al acercarse a la casa y oír el jolgorio de la música y el baile, extrañado, actuó con comedimiento. Antes de nada, recabó información.
Preguntó a uno de los mozos a qué venía aquella jarana (vv. 25-26). Este le comunicó la noticia: había regresado su hermano y el padre lo recibió a lo grande. Hasta sacrificó el ternero cebado para celebrar el acontecimiento (v. 27)
El ternero cebado era un animal especial que se alimentaba para su engorde durante todo el año con el fin de utilizar su carne para agasajar a familiares y amigos con un gran festín. El padre, desentendiéndose de todo lo demás, sin aguardar la llegada del mayor, había decidido iniciar la fiesta.
El hombre no pudo aguantarse. Ni encontró mejor ocasión para aprovechar y destinar el rollizo becerro en homenajear al hijo despilfarrador por su vuelta a casa.
El asunto del ternero cebado fue la gota que colmó el vaso. Este hecho no sentó nada bien al hijo cumplidor. Cosa, de entrada y en apariencia, no carente de lógica. El hermano mayor se llevó una irritación de padre y muy señor mío.
Decidió tragársela a solas y .no entrar a la casa. Se quedó fuera (v. 28a).
Enterado de su berrinche, su padre salió a hablar con él para hacerle entrar en razón (v28b). Pero los argumentos que el hijo utilizó frente al padre tenían toda la pinta de ser incontestables. A su juicio eran tan fundados que ni siquiera necesitó afearle al padre que no le esperasen. No iba por ahí la cosa.
Sus alegaciones se ceñían a la desigual actuación del padre con su hermano y con él. Reflejaban la cruda realidad de la actitud del progenitor hacia uno y otro. El reproche a su padre resulta evidente.
En él refleja en qué ha consistido su vida:
servicio al padre y cumplimiento de sus mandatos:
“A mí, en tantos años como te sirvo sin saltarme nunca un mandato tuyo, jamás me has dado un cabrito para hacer fiesta con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, matas para él el ternero cebado” (vv. 29-30).
Y ahí acaba la actuación del hermano mayor, sintiéndose minusvalorado y seguro de tener la razón de su parte. El padre tratará de conformarlo y calmar el mal trago que está pasando. Usará dos razones:
a. Siempre lo tiene a su lado y dispone de todos los bienes.
b. Era necesaria la fiesta al haber recuperado al hijo.
Estas palabras del padre ponen fin a la parábola:
“Hijo, ¡si tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo! Además, había que hacer fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a vivir, andaba perdido y se le ha encontrado” (vv. 31-32)
c. Los personajes parecen definidos
Los personajes parecen definidos. En sus actuaciones destacan sus virtudes y defectos.
El hijo menor es ligero de cascos, manirroto y amigo de juergas. Ha dilapidado de malas maneras el dinero de la herencia de su parte. Vive en la podredumbre.
Ha llegado a lo más bajo. Aunque a su favor cuenta que ha recapacitado. Sus reflexiones desde la soledad y el hambre le han conducido hasta un arrepentimiento profundo y sincero. Reconoce que no es digno de mantener su condición de hijo. Por eso, está dispuesto a volver a casa de su padre, mostrarle su arrepentimiento y aceptar ser tratado como un jornalero más.
El padre ha sido generoso a más no poder. Tal vez hasta se ha pasado de espléndido. Es un padre modelo. Al verlo llegar, no espera. Corre. Se va hacia él. Muestra su lado derrochador ¡de ternura! Lo recibe con un despliegue de amor maternal repleto de abrazos y besos. Sin dejarlo terminar su discurso auto inculpatorio, le reconoce su condición de hijo.
Lo acreditará con signos visibles: vestido, anillo, sandalias. Con todo, habría que ver si con su hijo mayor no se
ha quedado algo corto en corresponder a su entrega y obediencia.
Él, el otro, el hijo mayor, entra en escena con sensatez y no sin antes informarse con todo detalle. Demuestra ser trabajador y esmerado cumplidor de su deber.
Si en algo ha fallado es quizás porque le falta algo de cintura. Se diría que pudo haber entrado a la fiesta y abrazar a su hermano en vez de quedarse fuera con el morro torcido

