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En la Biblia aparece varias veces una figura, la del Anticristo, poco definida, pero siempre en clara y radical oposición al espíritu de Jesús de Nazaret. A lo largo de la historia más de una vez se ha aplicado el apelativo de Anticristo a personajes que representaban la maldad total.
Si hoy, en la España de nuestros días, quisiéramos buscar una figura pública que pudiera representar el papel de Anticristo creo que nadie mejor que Santiago Abascal, como representante de la ultraderecha.
Jesús de Nazaret predicaba el amor al prójimo, y Santiago Abascal predica el odio. No vale que digan que Santiago Abascal sí ama a sus compatriotas, que son sus verdaderos prójimos. Cuándo los fariseos le preguntan a Jesús ¿quién es mi prójimo?, señala a un samaritano, un pueblo odiado por los judíos. Para Abascal, prójimos son los españoles, pero sólo los ¡buenos españoles! Los demás son samaritanos a los que podemos y debemos mandar a que se pudran en sus apestosos países.
En el discurso de la extrema derecha aparece el catolicismo como uno de sus elementos, pero en eso se manifiesta un rasgo más de ese discurso: la hipocresía. Difícilmente se encontrará algo más alejado del espíritu evangélico que la mentalidad de la extrema derecha. Muchas veces se ha presentado el espíritu evangélico como algo totalmente ajeno a la política, pero lo cierto es que los valores evangélicos tienen que impregnar toda nuestra vida, también nuestra acción en el campo de la política.

