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La postura de Édouard Divry sobre la mujer en la Iglesia revela una teología cerrada —es decir, una teología que confunde fidelidad con repetición y que rechaza toda revisión como amenaza— que ignora la acción viva del Espíritu Santo en la historia. Lejos de defender la Tradición, la convierte en un sistema inmóvil ajeno al Evangelio y al sensus fidei del Pueblo de Dios. Ver noticia original en …

