InicioRevista de prensaespiritualidadDomingo 9 de diciembre de 2007: 2º de Adviento

Domingo 9 de diciembre de 2007: 2º de Adviento

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Koinonía

2 de Adviento.gifLecturas
Is 11,1-10: Hará justicia a los débiles y se decidirá a favor del pobre
Salmo responsorial 71: Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente.
Rm 15,4-9: Mantengamos la esperanza que infunden las Escrituras
Mt 3,1-12: Vuelvan a Dios porque ya llega su reinado
La primera lectura, en línea con el tiempo de adviento que estamos viviendo nos describe un estado idílico, una manera nueva y distinta de relación de los hombres entre sí acompañado todo con un orden natural armónico en donde ni siquiera las fieras se ocuparán de enfrentarse unas con otras.

El poema de Isaías nos recuerda varias cosas. En primer lugar, el pueblo se encuentra en una época en la cual recuerda los días buenos y felices; pero también días amargos, llenos de zozobras e incertidumbres, todo debido a una falsa dirección impuesta por sus dirigentes. En una época el pueblo vibró por la tierra prometida según la promesa hecha a Abrahán; una vez en la tierra, con sudor y lágrimas, el pueblo pudo experimentar la alegría y el bienestar que produce la libertad. Pero llega un momento en que las cosas cambian; comienzan a vivir una nueva etapa, podríamos decir que comienzan un retroceso: se meten por el camino de la monarquía con todo lo de infidelidad que ello implicó.

Sea porque la experiencia de la monarquía se fundó sobre la profecía de Natán (2S 7,14) y por tanto se hizo ver como voluntad de Dios; sea porque David se asesoró de escribas y cronistas de corte que le dieron todo el realce que pudieron, o sea porque en realidad fue un excelente rey; sea por lo que sea, el referente de esperanza del pueblo comienza a ser el surgimiento de un rey como David, uno de la casa de David que corrija las desviaciones de los sucesores de su trono. Todavía hasta aquí no se puede hablar estrictamente de “esperanza mesiánica” como tal. Es a partir de Isaías que comienza a formarse la idea de la venida de un ser extraordinario no que simplemente sea como David, sino más que David; no tanto descendiente de David, sino más bien, hijo de Jesé el padre de David.

Dicho personaje debía encarnar los atributos del verdadero rey, entendido como lugarteniente de Dios; si hasta ahora los reyes de Israel habían descuidado su principal deber que era la protección de los débiles, esa rama nueva del tronco de Jesé pondría esa función en primerísimo lugar. Nos describe además el poema que esa nueva rama será el hombre del Espíritu como los profetas, pero más que ellos, pues los profetas eran movidos “temporalmente” por el Espíritu, mientras que este descendiente de David lo poseerá permanentemente.

A partir de los anuncios de Isaías, la figura del Mesías va cobrando cada vez mayor fuerza, y ello hace presagiar tiempos nuevos y mejores. La descripción que hace el profeta sobre ese nuevo ambiente, esa nueva armonía entre los seres humanos y la creación será consecuencia de una mentalidad nueva y liberada. El Mesías se definirá por la liberación, una liberación que se entiende desde todos los ángulos, tanto en lo material como en lo espiritual. El Mesías deberá enfrentar esas dos fuerzas que describe el profeta valiéndose de la imagen de fieras depredadoras y de animales mansos. Llegará un momento en el que todos en conjunto con el hombre vivirán pacíficamente. Los absurdos enfrentamientos entre los hombres, las injustificables discriminaciones, los odios el mismo negocio de la guerra tendrán que desaparecer ante la presencia del Mesías. Pero, ¿ocurrirá todo de una manera tan idílica? Obvio que no. Los cambios son dolorosos y problemáticos; sin embargo, difícil no es sinónimo de imposible. Si en cada corazón se empieza a gestar la idea del cambio y la aspiración y el compromiso por un mundo nuevo y mejor, la tarea y misión del Mesías empezará a cobrar forma. Pero esto se tiene que ir haciendo a punta de renuncias a lo que nos encierra en nosotros mismos, a punta de esfuerzo personal y común, a punta de esperanza activa.

Es lo que enseña san Pablo a los fieles de Roma: no dejar caer la esperanza. Esta virtud se asienta, según la experiencia del mismo apóstol, en dos pilares fundamentales: la convivencia fraterna y la escucha de la Palabra de Dios consignada en las Escrituras. Es muy grato y consolador este mensaje de Pablo hoy. No es raro encontrar tantas personas que tienen la Biblia en su casa y escuchar cómo se sienten de aliviados y consolados en momentos difíciles. Allí hay una demostración de lo que dice san Pablo, pero nosotros tenemos que ser más contundentes en ese trabajo de unir el compartir fraterno y la escucha de la Palabra para que ese contacto con la Escritura ni se vuelva intimista ni mágico!

En el evangelio nos encontramos con un Juan Bautista en plena actividad: tocando, con sus palabras y su estilo de vida, las fibras más íntimas de la sociedad de su tiempo. Juan encarna en su persona los clásicos profetas del Antiguo Testamento, totalmente en contraste con la gente que andaba preocupada por su apariencia externa. El evangelio describe una figura casi extraña, para muchos vulgar por su vestimenta y su dieta alimentaria. Sus palabras resuenan desde el desierto, pero tienen impacto en la capital; desde allí se desplazan fariseos y saduceos para escucharlo. Ellos son la representatividad de la sociedad judía. Los primeros encarnan el ideal del judaísmo a través de la rigurosa práctica de la ley ahora convertida en legalismo; los otros encarnan la opulencia, la autosuficiencia; están convencidos de que sus riquezas y bienes son “bendición de Dios”. Todo Israel escucha a Juan, pues también están allí los pobres, los que no viven en la capital ni poseen fortuna, pero al fin y al cabo todos ansiosos por escuchar al profeta.

La propuesta de Juan es clara: no basta saber y proclamar que se es hijo de Abrahán; eso es accidental, también de las piedras Dios puede hacer hijos de Abrahán. Por más hijos que se sientan de la promesa y de la bendición, la conversión es estrictamente necesaria; no se valen ni la apariencia ni la autosuficiencia. Aunque se crean árboles frondosos, lo mismo serán talados si no dan los frutos que la Palabra de Dios exige.

La exigencia de los frutos la comienza Juan con su bautismo de agua, punto de partida para disponerse al bautismo en el Espíritu que otorgará “el que viene detrás de mi” y al que Juan considera tan grande que no es digno de quitarle las sandalias. Sólo los que supieron captar el mensaje de Juan fueron capaces de intuir al menos algo de lo que Jesús propuso.

Este tiempo de Adviento es una oportunidad más que propicia para ponernos de cara a Juan y de cara a Jesús. El uno nos prepara, el otro nos forma de un modo único y definitivo, y la formación que Jesús brinda parte de su misma cuna, en la sencillez y en la pobreza como elementos esenciales para captar su mensaje y seguir su camino.

El evangelio de hoy es dramatizado en varios capítulos de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. Son los capítulos 2, 3 y 6. El guión -y su comentario- del capítulo 2 puede ser tomado de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1100002 Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap02b.mp3 Los guiones, comentarios y audios de los demás capítulos pueden ser encontrados en www.untaljesus.net

Para la revisión de vida
Juan nos prepara para definirnos frente a Jesús; esa definición implica un cambio en mi vida, ¿qué es lo que debo cambiar? ¿Es recto o torcido el camino por donde avanzo? ¿Por qué?
Juan es la antítesis de la sociedad de su tiempo; es decir, no se amoldó cómodamente a las maneras de ser y de pensar de sus contemporáneos, ¿cómo me comporto yo en el ambiente en que vivo? ¿hay algo de anuncio-denuncia en mi manera de ser y de transmitir el mensaje?

Para la reunión de grupo
– – Retomamos el himno de Isaías 11,1-8, confrontemos el mensaje de este himno con la realidad que vive nuestra comunidad y pensemos qué acciones podemos emprender para que se vaya dando ese ideal de armonía entre hombres y mujeres y el resto de la creación.

Para la oración de los fieles
– Por nuestros grupos y comunidades células de la Iglesia, para que fieles a la misión que nos corresponde seamos capaces de anunciar valientemente el evangelio en todos los lugares.
– Por los que trabajan por la paz, la justicia y la prosperidad: para que descubran en su empeño el proyecto de Dios revelado en Jesús.
– Por las comunidades cristianas de todas las confesiones: para que mientras esperamos la venida de nuestro salvador realicemos obras de amor, justicia y fraternidad.
– Por todos nosotros para que este tiempo de adviento haga resonar en nuestros corazones las palabras de Juan que nos preparen de verdad a celebrar la llegada de Jesús.

Oración comunitaria
Dios Padre-Madre que nos entregas todo tu amor; haz que nuestras palabras y obras muestren siempre nuestra disposición al amor y la reconciliación; aleja de nosotros toda actitud de discordia, egoísmo y violencia, y haz que el encuentro que hoy celebramos nos fortalezca en la construcción del “otro mundo” posible que tú nos propone ayudarte a crear. Nosotros te lo pedimos por Jesús de Nazaret, hijo tuyo, hermano y maestro nuestro. Amén.

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