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Domingo 8 de Junio, 10º del Tiempo Ordinario

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Koinonía

10 del tiempo ordinario.gifLecturas
Os 63-6: Quiero misericordia, no sacrificios
Salmo responsorial 49: Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.
Rm 4,18-25: Fue confortado en la fe
Mt 9,9-13: Elección de Mateo. No vine a llamar a justos, sino a pecadores.
Jesús no hace acepción de personas. En el evangelio de hoy nos sorprende eligiendo a Mateo, recaudador de impuestos y, por tanto, colaboracionista con el poder romano ocupante, considerado por la gente de bien de la época «pecador o descreído», y excluido de la comunidad de Israel.

Si llama la atención la elección de Mateo por parte de Jesús, sorprende no menos la reacción de Mateo que, al oír a Jesús que lo invitaba a seguirlo, «se levantó y lo siguió». De sentado, esto es, de instalado en su oficio de recaudador, Mateo se coloca de pie y se dispone a seguir a Jesús, comenzando una vida nueva que le depararía, por cierto, grandes sorpresas. La primera es la que tiene lugar, a continuación, cuando Jesús se reclina a comer con gente de «mala» vida. Escandaloso comportamiento para «las personas de bien» de entonces.

Los «piadosos» fariseos, al ver a Jesús, se dirigen a los discípulos para echarle en cara que su maestro come con gente de mala fama. Pero no son los discípulos, sino Jesús mismo quien les planta cara, respondiéndoles con una sentencia llena de ironía: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos». El problema está en saber quiénes son los sanos y quiénes, los enfermos. Jesús parece considerar más sanos a los pecadores que han decidido reclinarse a la mesa con él, entre los que se encuentra Mateo, compartiendo comida y programa de vida, que a los fariseos que no han aprendido todavía el antiguo dicho de Dios, por medio de Oseas, «misericordia quiero y no sacrificios».

El Dios del Antiguo Testamento, pero también el Dios de Jesús, está más del lado de la misericordia que de los sacrificios ofrecidos a Dios, que no estén acompañados de esta actitud humanitaria. Está claro que los que se llaman y creen justos –los fariseos- quedan excluidos del reino de Dios por considerarse sanos, mientras que los pecadores –dispuestos como Mateo a cambiar de vida- se encuentran ya reclinados a la mesa (postura propia de los hombres libres).

Sorprendente maestro que hace ver a los entendidos en Sagradas Escrituras, los fariseos, quién es quién, no por su ortodoxia o forma recta de pensar, sino por su ortopraxis o buen modo de actuar.

Gente cuya lealtad, según el profeta Oseas, es «nube mañanera» que pronto se diluye y no fecunda la tierra, o «rocío» que se evapora al alba. La verdadera lealtad a Dios pasa por poner en práctica la justicia y la misericordia, y no por refugiarse en el templo para ofrecerle holocaustos de animales, olvidándose del prójimo. Estos fariseos, en realidad, son teólogos que no saben gran cosa de Dios y, tal vez, demasiado de culto.

Poco conocían a ese Jesús que, según Pablo en la carta a los Romanos, dice que Dios no es sólo de los judíos, sino también de los paganos y que ha venido a rehabilitar tanto a circuncisos como incircuncisos, a condición de que se adhieran por la fe a su programa de vida, esto es, a condición de que crean en él. Como Abrahán, que llegó a ser padre de todos los pueblos, por fiarse de Dios que le prometió descendencia y por creer en la promesa divina contra toda esperanza, «a pesar de tener su cuerpo materialmente muerto (tenía casi cien años) y el seno de Sara ya sin vida». Y si Dios rehabilitó a Abrahán, también está en condiciones, como dice Pablo, de rehabilitar a todo el que dé su adhesión a «Jesús Señor nuestro, entregado por nuestros delitos y resucitado para nuestra rehabilitación».

Pero la fe o adhesión que Jesús solicita no consiste tanto en afirmar una serie de verdades teóricas, cuanto en adoptar el estilo de vida propuesto por Jesús en las bienaventuranzas. Es una pena que la fe se haya reducido a acatar con la mente una serie de verdades –por lo general, oscuras- y no se haya entendido como la adopción del estilo de vida de Jesús. Por eso me pregunto cuántos cristianos hay en realidad, a pesar de haber tantísimos bautizados.

El evangelio de hoy es dramatizado en los capítulos 25, 26 y 27 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL. Aquí ofrecemos los enlaces para el primero de ellos, titulado «El cobrador de impuestos». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://untaljesus.net/texesp.php?id=1200025 Puede ser escuchado aquí: http://untaljesus.net/audios/cap25b.mp3 Los enlaces para los otros dos capítulos pueden ser encontrados fácilmente a partir de la página principal de la serie: untaljesus.net

Para la revisión de vida
– El evangelio de hoy es una llamada a examinar nuestra religiosidad, y mi religiosidad. ¿«Misericordia o sacrificios»? La dimensión religiosa de mi vida, ¿en qué se centra más, en los «sacrificios» (culto, ritos, oficios religiosos, todo lo que actos con una dimensión religiosa explícita) o «misericordia» (com-pasión para con los otros, amor, justicia, construcción del Reino en este mundo…). Para los profetas y para Jesús, está claro: «Misericordia quiero, no sacrificios». ¿Y yo?

Para la reunión de grupo– La sentencia lapidaria de Oseas «Misericordia quiero y no sacrificios» (con una cita numérica muy fácil de aprender y recordar para siempre: 6,6) es retomada por Jesús, que la cita literalmente y de memoria a Oseas en público. Estamos ante un texto capital del evangelio, que incorpora a la predicación de Jesús un elemento central y característico de los profetas.

– a) encontrar otros pasajes bíblicos, proféticos principalmente, que expresan el mismo mensaje;
– b) encontrar en el evangelio hechos y palabras de Jesús con el mismo mensaje;
– c) cotejar diversas traducciones de la frase; ¿todas traducen esa contraposición entre los dos elementos de misericordia y sacrificios? ¿Con qué conjunción lo hacen? («si no», «más bien», «y no»…). ¿Será que lo mejor sería una postura «adicional» y no «dialéctica», como «quiero misericordia y sacrificios»? ¿Qué decir de lo que se suele llamar la «postura anti-culto» de los profetas? ¿Y la de Jesús?

Para la oración de los fieles
— Para que la Iglesia haga de sus sacramentos signos que siempre nos lleven al compromiso con la misericordia y con la vida, con la coherencia y la sinceridad, roguemos al Señor…
– Para que los cristianos tengamos siempre clara la jerarquía de valores, que ponga por encima siempre la «misericordia», es decir, el amor, la compasión, la benevolencia, la opción por la justicia y por los pobres, sobre cualquier práctica religiosa cultual o ritual, roguemos al Señor.

– Por todos los que practican la justicia y la misericordia y no encuentran sentido al culto, a la fe, a la religiosidad… para que un día escuchen la palabra de Jesús que les dice: «no estás lejos del Reino de Dios», roguemos al Señor.
– Para que en este mundo moderno en el que el cristianismo es percibido como la religión de los responsables del estado actual del mundo, como la religión que justifica la actual opresión de los pobres y la marginación de las culturas y religiones no occidentales, para que nos desmarquemos de esa posición y mostremos que el Evangelio no es la justificación de Occidente, roguemos al Señor.

– Porque sean muchos los cristianos y cristianas que como Mateo sientan el llamado de Jesús y cambien de vida, roguemos al Señor.

Oración comunitaria
Oh Dios que en todas las religiones has manifestado a los humanos lo que a nosotros nos has revelado más específicamente en Jesús: que el amor y la misericordia son el culto que esperas de nosotros. Te pedimos que todas las religiones de la tierra, todos los pueblos que has ido guiando hacia a ti, demos el paso al diálogo religioso y a comulgar en esa primacía del amor y de la misericordia, por encima de todas las diferencias de doctrinas, dogmas, teologías y leyes de las instituciones religiosas. Te lo pedimos por el amor que has manifestado a todos los pueblos a lo largo de la historia, por los siglos de los siglos. Amén.

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