InicioRevista de prensaespiritualidad Domingo 30 de marzo de 2008, 2º de Pascua

Domingo 30 de marzo de 2008, 2º de Pascua

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Koinonía

2 de Pascua1.gifLecturas
Hch 2,42-47: Tenían todo en común
Salmo responsorial117: Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia
1P 1,3-9: Nacidos de nuevo para una esperanza viva
Jn 20,19-31: La incredulidad de Tomás
Las primeras comunidades cristianas quedaron retratadas en la semblanza ideal que de ellas trazó el evangelista Lucas en el libro de los Hechos de los Apóstoles.

Las primeras comunidades nacen bajo el signo de la comunión total. Los discípulos y discípulas de Jesús comprenden, a partir de la resurrección, que su destino está irremediablemente ligado a las mismas opciones de Jesús y emprenden un camino de comunión y solidaridad total. En un primer momento pareciera como si la comunión de bienes y de ideales fuera suficiente para conformar una nueva comunidad humana donde todos cupieran; sin embargo, Lucas nos mostrará que aunque éste es un buen comienzo, es insuficiente para alcanzar la meta propuesta: preparar la irrupción definitiva del reinado de Dios en la historia de la realidad humana. Las comunidades, a pesar de compartirlo todo, muestran reticencias a la hora de aceptar a los que no son de la misma raza.

La iglesia de Jerusalén se resistió, en un primer momento, a una plena comunión con los cristianos provenientes de otras nacionalidades diferentes a la judía. La primera comunidad se percibía como «auténtico Israel», no sólo explícitamente desde el punto de vista teológico, sino, sobretodo, aunque tácitamente, desde el punto de vista racial. Por eso, se hizo necesario no sólo la transformación de los condicionamientos económicos, sino que se hizo indispensable superar las barreras culturales.

La consciencia de la comunidad cristiana fue ganando, cada vez más, apertura y capacidad de adaptación en todas las culturas. La centralidad del reinado de Dios fue tematizada de otras maneras en los ambientes griegos, africanos y romanos. Por esta razón, se comenzó a hablar de «salvación» como objetivo de la fe cristiana. Pero, debemos estar atentos porque este cambio de términos no perdía la sustancia de la fe cristiana centrada en la inminente irrupción del Reinado de Dios, la fórmula cristiana por excelencia para expresar la Utopía humana.

Este Reinado era comprendido en el evangelio como la presencia definitiva de la voluntad de Dios en las organizaciones humanas, de modo que por medio del compromiso, la honestidad y la eficacia de la acción, se hacía realidad la Justicia de Dios en la comunidad humana. Si se hablaba de «salvación», no era en términos puramente sectarios e individuales, sino como la experiencia vital de la realización de esa esperanza que Jesús había hecho posible por medio de su vida, muerte y resurrección.

La experiencia de «salvación» se hizo realidad en cada una de las comunidades y las personas que prefirieron el destierro, la exclusión e incluso la muerte antes que dar marcha atrás y someterse a las ideologías de los sistemas sociales vigentes. Las comunidades descubrieron la importancia de trazar un camino en la fe que se adaptara a sus nuevas realidades. Los cristianos de la segunda generación en adelante no tuvieron ningún tipo de contacto físico con el Señor Jesús, su punto de partida fue el testimonio de aquellos que se convirtieron en oyentes y servidores de la Palabra. Por esto, el texto de la Primera Carta de Pedro hace tanto énfasis en los valores de la comunidad que ama y cree en Jesús sin haberlo visto. Una fe que se hace vida en la vida transformada y salvada que ellos experimentan a partir de su encuentro con Jesús resucitado.

El evangelio de Juan nos muestra por medio de la figura de Tomás, el camino de fe que condujo a esa generación de cristianos a tomar contacto con el resucitado. La fe de Tomás se reducía a lo que el pensaba debía ser la realidad más que e lo que el veía. Tomás percibía claramente cómo la vida de sus hermanos y hermanas de comunidad se transformaba con el contacto con el resucitado. Los que antes se encerraban por temor y se escondían ante las autoridades, ahora emprenden abiertamente nuevas obras y misiones. Sin embargo, Tomás no lo veía.

La comunidad había hecho un camino significativo mediante un proceso de conciliación que los había llevado de la desesperación, el sentimiento de culpa y la inconstancia, hacia una manera novedosa de relacionarse en «la paz de Cristo»; todos los miembros estaban conscientes de su compromiso misionero y asumían como propia la misión de Jesús; todos se sentían ungidos por el Espíritu del resucitado para convertir ese mundo de injusticias y miserias con un mundo donde el pan del amor y la justicia alimentara cada acción humana. Sin embargo, Tomás no lo veía, porque circunscribía toda la realidad a su pobre experiencia inmediata.

No obstante, con la ayuda de la comunidad, su camino de fe se tropezó con los sufrimientos del resucitado. Hasta que él no experimentó en su propia carne los clavos, heridas y llagas de Jesús no entendió el significado salvífico de la resurrección. Tomás, después de su encuentro con el resucitado, se sintió salvado de su pequeñez humana, de su falta de comprensión y de su poca apertura mental y afectiva. Para Tomás la salvación había pasado por su propio cuerpo.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 128 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. LÓPEZ VIGIL, titulado «Lo que hemos visto y oído». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://untaljesus.net/texesp.php?id=1600128
Puede ser escuchado aquí: http://untaljesus.net/audios/cap128b.mp3

Para la revisión de vida
La historia de Tomás quiere enseñarnos que no era más fácil creer en Jesús por haber sido contemporáneo suyo, y que los que crean sin haber visto serán dichosos. ¿De verdad siento yo en mi vida la alegría de creer? ¿Vivo mi fe como fuente de gozo, o la veo a veces como una carga más o menos pesada?

Para la reunión de grupo
– Tomás no cree, porque no ve. Y cuando llega a ver, ya cree… ¿Es posible «creer» cuando ya «se ve»? La vieja definición del catecismo decía que «fe es creer lo que no se ve». ¿Quién tiene la razón?
– ¿Qué relación (semejanzas, diferencias…) hay entre la fe humana (creer a alguien) y la fe religiosa (creer en Dios)? ¿Creemos «a» Dios, o «en» Dios?
– En una visión de conjunto, Lucas nos presenta lo fundamental de la Comunidad cristiana de todos los tiempos: escuchar la Palabra, participar en la «fracción del pan» (=Eucaristía), oración y vida en común. Hoy día, en bastantes regiones de la Iglesia Católica, el 80% de los fieles no puede participar en la eucaristía semanal por falta de sacerdote, y no hay ministros ordenados suficientes porque sólo se admite al mismo a personas que tengan simultáneamente vocación al celibato, y que sean varones. ¿Qué reflexiones nos sugiere esta situación?

– Si se tiene posibilidad de conseguirlo, hacer un círculo de estudio o un debate en torno al libro de Jesús EQUIZA, La Eucaristía, ¿privilegio del clero o derecho de la comunidad?, Editorial Nueva utopía, Madrid 2001 segunda edición, 201 pp. (fax: 34-91-44.545.44)

Para la oración de los fieles– Para que la Iglesia sea más la Comunidad que vive y anuncia el Evangelio, que un grupo con fuerza social. Roguemos al Señor.
– Para que todos los pueblos avancen por los caminos de la justicia, la paz y la igualdad entre todas las personas. Roguemos…
– Para que nunca perdamos la esperanza ante las dificultades de la vida, y seamos siempre conscientes de que el Amor de Dios es más fuerte que la muerte. Roguemos…
– Para que el Señor aumente cada día nuestra fe y nuestra confianza en El, y sepamos descubrir los mil gestos de su amor que a diario se producen a nuestro alrededor. Roguemos…
– Para que nuestra solidaridad con los pobres y oprimidos de la sociedad anime su esperanza. Roguemos…
– Para que todos nosotros vivamos nuestra fe en Cristo resucitado en una Comunidad que comparta lo que es y lo que tiene. Roguemos…

Oración comunitaria
Dios, Padre nuestro, que llenas cada año nuestro corazón de gozo y alegría con las fiestas pascuales; haz que nuestra fe no vacile, que nuestra vida sea siempre coherente con esa fe, y que trabajemos siempre por tu Reino, sabiendo que al construirlo ya lo estamos viviendo. Nosotros te lo pedimos gracias a Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén.

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