“Dios no ha muerto”: pero ¿qué Dios? -- Leandro Sequeiros, Presidente de ASINJA (Asociación Interdisciplinar José de Acosta)

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

Reflexión interdisciplinar para ASINJA
En un sugerente artículo de Juan José Tamayo (11 enero 2026) con el título “Byung Chul Han: Dios no ha muerto”, comenta cómo el filósofo y teólogo de Corea del Sur afincado em Alemania, Byung Chul Han, establece con Simone Weil y con su obra un diálogo en profundidad e iluminador de la oscuridad del presente. Pero cuando Byung habla de Dios, ¿de qué Dios está hablando? ¿No se referirá más bien a la “idea”
filosófica de Dios? ¿No se referirá al Dios difuso, no personal
de la New Age de Rosalía y otros influencers?

Para Tamayo, el filósofo y teólogo surcoreano Byung Chul Han, premio
Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades de 2025, considera a Weil “la figura intelectual más brillante del siglo XX”, y en su último libro Sobre Dios. Pensando con Simone Weil (traducción de Lara Cortés, Paidós, Barcelona, 2025) establece con ella y con su obra un diálogo en profundidad e iluminador de la oscuridad del presente no desde una lectura escolar, sino desde una hermenéutica creativa.

No es un diálogo intemporal y aséptico, sino que interpela a la sociedad actual caracterizada, según Chul Han, por un régimen dictatorial neoliberal que explota nuestra libertad y en el que los seres humanos se han convertido en esclavos de su propia creación, por un mundo que se ha tornado un “ruidoso mercado”, por las redes sociales que difunden agresividad y odio, por una democracia que, sin ética, carece de contenido y por la brecha cada vez más
amplia entre ricos y pobres. 

Dios, Simone Weil y Rosalía
El éxito mediático del disco LUX de la cantante Rosalía, algunas de
cuyas letras tienen ecos de Simone Weil, ha traído a la actualidad los ensayos de esta francesa, que luchó en España en el bando republicano.
Sobre estos temas he publicado un modesto ensayo:
https://www.bubok.es/libros/283920/simone-weil-y-rosalia-materiales-de-reflexion

Por otra parte, Josep Otón, doctor en Historia, experto en mística y
pensamiento moderno habla con detalle en esta entrevista online sobre la filósofa Simone Weil (1909-1943), figura a la que ha consagrado su
libro Simone Weil: el silencio de Dios.

Otón comenta las sinergias de la experiencia mística en Asís de Simone
Weil, su insatisfacción y su crítica a las revoluciones violentas, su paso por la Columna Durruti en la Guerra Civil española, su muerte con 34 años, su enamoramiento de Cristo y del Dios cercano a los que sufren..

Por otra parte, en una reseña de Quim Barnola (6 enero 2026) de
“'Sobre Dios. Pensar con Simone Weil', de Byung-Chul Han: lo espiritual como palanca del alma” en El Periódico se resalta que, en su último libro, el filósofo de moda se mimetiza con la pensadora para hablar de Dios.

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han.

Byung se mimetiza con el Dios de Simone Weil
Para Tamayo, el filósofo de moda Byung-Chul Han (Seúl, Corea del
Sur, 1959) se compenetra, se mimetiza con Simone Weil en 'Sobre Dios.
Pensar con Simone Weil' y la encumbra para hablar de algo, hasta hoy, incómodo. Dios.
En esta sociedad secularizada, salvo Rosalía mediante, es valiente
elegir intelectualmente la espiritualidad para explicarnos a nosotros mismos. Se trata de una lectura constructiva, de un tributo y de una reflexión filosófica que es un bálsamo para el alma.

A pesar de ser de origen coreano, Byung-Chul Han estudió en la
Universidad de Friburgo, la catedral de la filosofía alemana y se doctoró, para más inri, con una disertación sobre uno de sus popes, Martin Heidegger. A la vista está que a Byung no le convenció demasiado y encontró en Simone Weil la luz que buscaba. Se establece una relación literaria casi mística.

En la que el resultado es una simbiosis de los dos. 
Ambos se rebelan contra el filósofo bigotudo de la sospecha, enmiendan
a Nietzsche, y proclaman que no es Dios quien ha muerto, sino el ser humano.

Según Byung, el ser humano, abandonando su dimensión espiritual,
consume y corre hacia la nada. No presta atención. Se atiborra de una dieta hipercalórica en las redes sociales de naderías y se declara amante de la opulencia 'low cost'. Fardar de imitación barata para vivir la ilusión de nuevo rico. Vacío existencial. 

“Cambiar la mirada”
Hay que cambiar la mirada, recomendó Weil. Tanto hacia uno mismo
como hacia los otros, hacia lo espiritual, que es atención, la palanca del alma que se convierte en creación.

Byung Chul Han y Simone Weil desvelan que la belleza pura es Dios,
fuera de la inmanencia del sujeto de la estética Kantiana
Pero ¿es suficiente la contemplación de la belleza para saltar a Dios
como suma belleza? ¿Es ese el Dios cristiano? La experiencia estética, ¿nos lleva a experimentar a Dios? Pero ¿es ese el Dios cristiano, el Dios de Jesús?

¿Nos encontramos accediendo al Dios difuso de la New Age?
Para Byung, – como para Simone Weil – valorar la espera, que es la
pasividad activa del pensamiento, que nos lleva a la humildad, que linda con lo trascendental. Saber esperar, esforzarse en la atención, tiene su recompensa para acercarnos a la des-creación, alejándonos del apego a nosotros mismos, para darnos a los otros. Para entender el mundo, sin nuestro sesgo.

Una mirada limpia y pura, sin prejuicios. Renunciar al ego para dejar de someter al prójimo y a nuestro planeta.
Contemplar la belleza del instante, sin apriorismos. Han y Weil desvelan que la belleza pura es Dios, fuera de la inmanencia del sujeto de la estética Kantiana. La belleza es un atributo divino, dice Platón. Que es accesible con contemplación y espera, según Weil. Una verdad revelada en el arte.

Pero ahí el dolor que lo cataliza todo y hace aflorar nuestra esencia
“Weil, el único espíritu libre de nuestro tiempo”
Según apunta Tamayo, en una carta dirigida al padre dominico Joseph
Perrin, la filósofa francesa Simone Weil expresaba lo doloroso que le resultaba imaginar “que los pensamientos que han descendido sobre mí están condenados a muerte por el contagio de mi insuficiencia y de mi miseria”.

El gradual reconocimiento de su obra y el impacto que produjo en el mundo intelectual tras su fallecimiento a los 34 años desmintió pronto su temor. Albert Camus la definió como el “único espíritu libre de nuestro tiempo”, una persona con una gran sed de verdad acompañada de una gran inteligencia y honestidad. 

Simone Weil en la Guerra Civil Española (1937)

El filósofo de origen coreano reconoce sentir una “amistad profunda
del alma” con Simone Weil, la filósofa, mística e intelectual compasiva con las personas y los colectivos más vulnerables, y navega por su pensamiento para mostrar que, más allá de la inmanencia de la producción, del consumo, de los big data y de la insaciable necesidad de información, existe una trascendencia
capaz de ofrecernos la plenitud del ser y de liberarnos de una vida de mera supervivencia y carente de sentido. 

Las siete palabras de Byung
El diálogo de Byung con Simone Weil gira en torno a siete palabras
fundamentales tomadas de las experiencias y del pensamiento de la filósofa francesa: atención, des-creación, vacío, belleza, dolor, silencio e inactividad.

En este diálogo para acceder a una determinada imagen de Dios,
participan también cualificados interlocutores de ayer y de hoy: de Sócrates Platón y Kant a Agamben, Foucault y Steiner, pasando por Kierkegaard, Nietzsche, Heidegger, Kafka, Lévinas, Adorno, Benjamin, Sartre, Jünger, Merleau-Ponty, Cézanne, Canetti, que abren nuevos horizontes a los pensares, decires y sentires de Chul Han y Weil. 

Lo primero que constata es la crisis de la religión y del espíritu debida a causas estructurales, no puramente coyunturales, entre las que cita la pérdida del silencio, el declive de la atención.

1. La crisis de la religión
Lo primero que constata es la crisis de la religión y del espíritu debida a causas estructurales, no puramente coyunturales, entre las que cita la pérdida del silencio, el declive de la atención y el ruido atronador de la comunicación. Pero, a pesar de la crisis, “no es Dios quien ha muerto, sino el ser humano al que Dios se revelaba”, afirma llevando la contrario a Nietzsche, que un siglo y medio antes había anunciado la muerte de Dios. ¿Dónde se revela Dios ahora?
En la respuesta a esta pregunta se manifiesta la originalidad de la filosofía de Weil y Chul Han. 

2. La revelación de Dios hoy
Para Byung, Dios no se revela a través de los atributos de la vieja
teodicea: omnipotencia, omnisciencia, omniprensecia, providencia e incluso violencia. Todo lo contrario: esos atributos constituyen el falseamiento de la revelación divina. ¿Dónde se revela, entonces? Responde Chul Han: 
– en el vacío y la desnudez, siguiendo a los místicos, especialmente a Maister Eckhart y San Juan de la Cruz; 
– en la belleza que la filósofa francesa, citando a Platón, considera una experiencia de Dios y a Dios como “la experiencia pura” y Kant entiende como un sentimiento de sí;
– en la contemplación estética tanto de la naturaleza como de una estatua griega, que “constituye por sí sola una prueba de Dios”; 
-en el dolor, que es la matrona de lo nuevo; 
– en la negatividad como camino de ascenso a Dios;
– en la atención sin distracción;
– en la atención profunda, que Simone Weil llama “la palanca del alma”, en la que tiene su origen toda capacidad creadora del ser humano; 
– en el silencio de Dios, que es más poderoso que cualquier palabra. 

Simone Weil

3. Dios se revela en el silencio
La revelación de Dios en el silencio me recuerda la siguiente escena del Primer libro de los Reyes de la Biblia judía. Elías caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios, el Horeb. Allí entró en una cueva, donde pasó la noche. “Sal y permanece de pie en el monte ante Yahvé”, le dijo a Yahvé.

“Entonces Yahvé pasó y hubo un huracán tan violento que hendía las
montañas y quebraba las rocas, pero en el huracán no estaba Yahvé. Después del huracán, un terremoto, pero en el terremoto no estaba Yahvé. Después del terremoto, fuego, pero en el fuego no estaba Yahvé. Después del fuego, el susurro de una brisa suave. Al oírlo Elías, enfundó su rostro con el manto, salió y se mantuvo en pie a la entrada de la cueva”, Y en la brisa suave sí se encontraba Yahvé (Primer libro de los Reyes, 19, 8-13).  

Tras citar este texto, Chul Han reconoce que nadie como Nietzsche ha
descrito el silencio divino de una manera más precisa y hermosa.   

4. El vacío y el silencio interior
Frente al ruidoso mercado en el que se ha convertido el mundo y a la forma de mercancía en la que se ha convertido la vida, Simone Weil sentencia: “No hay dicha comparable al silencio interior”. “Ni siquiera el latido de nuestro corazón rompe el silencio divino”, comenta Chul Han.

5. Byung y Weil no hacen apologético sino confesión
¿Libro apologético? No. Estamos ante una excelente lección de filosofía de la religión de dos de los pensadores más creativos e influyentes de nuestro tiempo. 

El filo?sofo y ensayista surcoreano Byung-Chul Han | EFE
Byung Chul Han pone objeciones a Weil
Según Tamayo, hay con todo, una objeción que planteo a Chul Han:
en su “pensar con Simone Weil” no logra articular adecuadamente la mística y el silencio de Dios en Weil con su compromiso político y social con los desheredados de la tierra y su compasión con las víctimas trabajando en una fábrica donde entró en contacto con la infelicidad de la clase trabajadora, experimentó el infortunio ajeno y vivió en su propia carne sus sufrimientos.

"Cuando entré en la fábrica –afirma en A la espera de Dios–, la
desgracia de los demás penetró en mi carne y en mi alma". Esta experiencia dejó una marca que duró toda su vida hasta mantener una identificación con la clase trabajadora oprimida y con la humanidad sufriente. 

Creemos que Simone Weil y Byung Chul Han darían por buena la
definición de Dios de José Saramago: “Dios es el gran silencio del universo y el ser humano el grito que da sentido a ese silencio”.
Pero este Dios, todavía, no es el Dios cristiano. Queda solo en
experiencia neuroespiritual sin referentes al Jesús de Nazaret. Se trata de un deísmo (menos que teísmo) con ciertos ribetes de mística laica.

El posible Dios de Byung puede ser coincidente con el Dios difuso de
Rosalía, Simone Weil y otros. Pero todavía le quedan recorrer muchos
kilómetros espirituales para llegar al Dios cristiano.