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DIÉ MATY FALL: ”LA AYUDA AL DESARROLLO HA SERVIDO DE POCO”

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Periódico Diagonal

Debido a su postura independiente y crítica con las derivas del Gobierno del actual presidente, Abdoulaye Wade, la periodista senegalesa Dié Maty Fall ha recibido amenazas de muerte y sufrido agresiones físicas. Su activismo a favor de los derechos fundamentales -entre ellos, el de la libertad de expresión- ilustra el descontento de la sociedad senegalesa.

En el África occidental, región en la que las cifras de desempleo superan el 40%, Senegal es una referencia para sus vecinos: un sistema estable frente a los continuos regímenes militares, una metrópolis como Dakar en la que conviven gentes de todo el mundo, una clase media que manda a sus hijos a la Universidad… Pero Senegal ha dejado de ser un lugar del tránsito migratorio para gentes provenientes de países vecinos y hoy son los senegaleses los que desean, si pueden, irse lejos. Un periódico español llegó a definir Senegal como “el paraíso de los cayucos”.

DIAGONAL:¿Cuál es el discurso oficial sobre la emigración por parte del Gobierno senegalés?

DIÉ MATY FALL: Al principio, el discurso oficial era muy ambiguo, muy hipócrita, por una parte les decían a los españoles “vamos a ayudaros a controlar los movimientos migratorios”, pero en realidad seguían sin hacer nada para impedir que la gente saliera en los cayucos. Porque desde un punto de vista político y estratégico, prefieren deshacerse de la gente que no tiene trabajo, que se vayan a España o a cualquier otro sitio, poco importa la clandestinidad, da lo mismo, basta con que se vayan y no den problemas. En un primer momento era así, hacían sencillamente ‘la vista gorda’. Entre tanto, han hecho bien poco para generar las condiciones sociales y económicas que permitan crear fuentes de trabajo dignas para la gente en situación de desempleo, que es mucha, muchísima. La gente aquí se busca la vida como puede, gracias a la economía informal y a ‘la teranga’, la solidaridad de la que presumen los senegaleses. Mucha gente obtiene unos ingresos mínimos, de pura subsistencia. Ante esto, el espacio principal de creación de empleo por parte del Gobierno se sitúa en la administración estatal, lo que en muchos casos supone mucho despilfarro, y que ampara situaciones de corrupción, tratos de favor, etcétera. Entonces, aunque en un primer momento el discurso era muy hipócrita, cuando los europeos se pusieron serios, aquí pensaron: “Vamos a intentar sacar algo de esta situación”. Y se habló entonces de la negociación con España de un fondo de desarrollo por la cantidad de 13 millones de euros, lo que aquí, a pie de calle, por supuesto, no hemos visto ni de lejos. Hemos oído hablar de esos famosos 13 millones pero no sabemos si han llegado y, sobre todo, qué se ha hecho con ellos.

En un segundo momento, podríamos hablar de la negociación del control migratorio como una operación exclusivamente financiera. Intentamos retener a la gente aquí y, a cambio, nos dais dinero y recursos materiales. Esto es lo que se ha hecho, sin ningún tipo de concertación social. Ha tenido lugar un acuerdo muy poco transparente entre el Ministerio del Interior español y el régimen del señor Wade. Pero incluso entre la sociedad civil y la oposición política, no se está teniendo en cuenta a la gente joven, y la población está muy descontenta. Cuando se deporta a nuestra gente, no lo hacen al aeropuerto de Dakar sino al de Sant Louis, a 300 km de Dakar, intentando mantener en silencio lo que sucede, ya que incluso a la prensa nacional nos prohíben acceder al aeropuerto.

D.: ¿Qué sucede mientras tanto en el debate político del país?, ¿y qué lugar ocupa la emigración en ese debate?

D.M.F.: Aunque se supone que en Senegal tenemos un poder ejecutivo y contrapoderes, lo que cualquier observador puede ver fácilmente es que el poder judicial y el legislativo se han alineado con el ejecutivo, sin desempeñar su papel cuando hay un problema y los partidos políticos de la oposición así lo denuncian. Muchos periodistas nos hemos fijado en que en la Asamblea Nacional los diputados están siempre durmiendo. Tienen un salario de 1.200.000 CFA al mes, y el salario mínimo está en 45.000 CFA (unos 60 euros). También vemos que, a veces, los parlamentarios se despiertan, sobre todo cuando toca aplaudir al presidente. Por ejemplo, el problema de la inmigración clandestina no ha sido discutido en ninguna cámara, no ha habido una investigación parlamentaria, nada, todo se ha hecho de espaldas a la opinión pública.

“Tomadura de pelo”

D.: ¿Cómo se están produciendo las deportaciones a Senegal?

D.M.F.: A los que bajaban repatriados del avión, les daban 10.000 CFA (unos 15 euros) que para alguien que ha perdido 500.000 CFA para pagarse el viaje, pues es una tomadura de pelo. Imagínate la experiencia de un senegalés pobre que ha pagado 500.000 CFA para tomar una patera o un cayuco, y que luego es deportado por la fuerza, y cuando le conducen fuera del aeropuerto, le dan 10.000 CFA y… ¡un bocadillo! Con 10.000 CFA, si vives en Ziguinchor, en la Casamance, no puedes siquiera pagar un autobús hasta allí. Y eso ha ocurrido a escondidas de todo el mundo, así que la gente se ha ido de forma clandestina y ha vuelto, a su vez, de forma clandestina, porque el gobierno de Senegal se empeña en gestionar todo esto de la manera lo menos transparente posible. Y hemos visto que incluso entre las autoridades encargadas de estas actuaciones hay conductas mafiosas, que facilitan fugas a cambio de dinero, lo que es realmente desolador…

D.: ¿Cuál es el papel que juega y que puede jugar la ayuda al desarrollo en los movimientos migratorios?

D.M.F.: ¡Si la ayuda al desarrollo sirviera de algo! Los países africanos llevan 50 años recibiendo ayudas al desarrollo, muchas veces bajo fuertes condiciones de ajuste estructural. Pero lo cierto es que toda esa ayuda ha servido de poco, porque se desvía de sus objetivos, es utilizada para cosas que no tienen ninguna influencia sobre las condiciones reales de vida de la gente. En Senegal tenemos un Gobierno, un Parlamento, elecciones… Decimos que somos un país democrático, pero lo cierto es que la gente se muere de hambre, lo cual entra en abierta contradicción con políticas verdaderamente democráticas… Entonces, la ayuda al desarrollo recibida ¿dónde se queda? Aquí tenemos un Gobierno de 40 ministros, aunque ahora se ha disminuido a 37, pero que representa, en cualquier caso, un gigantesco aparato burocrático estatal que se reproduce a sí mismo y fagocita la práctica totalidad de los recursos disponibles. Así que hay una relación evidente entre esa ayuda desviada, la corrupción de la clase política y la inmigración. Lo que es evidente es que esta ayuda recibida desde hace años no ha ayudado a mejorar el nivel de vida de la población, y por lo tanto, si aquí no tienes perspectivas, o si vives en una situación en la que te puedes despertar y de un día para otro te has quedado sin trabajo, y no tienes ni para comer ese mismo día, pues una de las opciones que manejas es evidentemente la huida a la búsqueda de mejores condiciones de vida.

D.: ¿Cómo ves el futuro de las migraciones en Senegal?

D.M.F.: Creo que todo el mundo está interesado en que la gente se vaya. Le interesa al poder religioso o político, pero también a las mismas madres de familia, que desean que sus hijos tengan una vida mejor. Por eso creo que la gente se seguirá yendo, haya Frontex o no.

Incluso ha habido casos en los que los mismos militantes del régimen del señor Wade emigran, pero en su caso, en avión y en primera clase, descolgándose en el momento oportuno de la comitiva presidencial. Así, mientras que en un primer momento eran los hombres los que emigraban, el deterioro social y económico empuja ahora también a las mujeres. ¿Habéis visto que en los cayucos ahora hay mujeres, y hasta con niños o embarazadas? También hay niños. Las mujeres africanas realizan toda clase de esfuerzos para dar de comer a sus hijos, incluso puede ser que el marido no tenga trabajo y esté deprimido o sin hacer nada, pero una mujer tiene la obligación de dar de comer a su familia, pase lo que pase, y no entra en sus cálculos quedarse parada, sin hacer nada. De hecho, en el caso de la emigración clandestina, ellas juegan un papel muy importante, pues son las que financian los viajes, porque están hartas de ver a sus hijos en casa sin hacer nada, y mientras, el hijo de la vecina manda dinero que resulta tremendamente útil a la economía familiar.

D.: ¿Quiénes son los principales beneficiarios de la inmigración clandestina?

D.M.F.: Las que se aprovechan de la emigración clandestina en primer término son las mafias locales que organizan el tráfico humano. Porque piden mucho dinero a gente que en realidad no lo tiene, así que todo el mundo junta lo que puede con el apoyo de familiares y amigos, algunos hasta venden su casa, otros venden sus joyas, y así el esfuerzo y el sueño de una familia entera viaja en el cayuco… Hay quien se aprovecha sin ningún tipo de escrúpulo, y que en caso de problemas, desaparecerá sin dejar rastro. El precio medio del viaje ronda los 1.000 euros -una auténtica fortuna para una familia humilde del oeste de África- y una operación que permite al organizador del viaje embolsarse unos 80.000 euros, sin asumir ningún riesgo, ya que, por lo común, las embarcaciones son tripuladas por uno o dos marineros, que a cambio de ese trabajo no pagan su ‘billete’ en el cayuco. En innumerables ocasiones también puedes recoger testimonios de cómo se soborna a la policía y a los puestos de control en los puertos, sin que el Gobierno tome ninguna medida. Claro, en realidad, esto es un proceso, una red, que forman entre el traficante de aquí y sus contactos en España o Europa. Los que se benefician de la emigración clandestina están en todos los sectores económicos, pero quizás, sobre todo en la agricultura y en la construcción. Hay mafias españolas que tienen claros intereses en conseguir mano de obra barata. Les hacen trabajar en unas condiciones muy duras. Lo que quiere la gente es trabajar, poco importa cómo. La búsqueda de trabajo es la búsqueda de un medio para satisfacer necesidad elementales. Aquí, la situación es aún peor.

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