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CRISTINA DEL VALLE: “LAS MUJERES TENEMOS UN TRABAJO IMPORTANTE EN LA DECONSTRUCCIÓN CULTURAL DEL GÉNERO”

Publicado en

Ameco Press

Asturiana, pero ciudadana del mundo, la dimensión de Cristina del Valle va mucho más allá de su oficio de cantante. Una mujer que hace diez años decidió que la fama, conquistada haciendo pareja con Alberto Comeseña en el dúo Amistades Peligrosas, podría ser para algo más que para acaparar portadas de la prensa rosa. Fundó entonces la Plataforma de Mujeres Artistas contra Violencia de Género, un organismo que centra su trabajo en reclamar el derecho de las mujeres a ser felices, a vivir en libertad y sin la violencia que el hombre y el mundo ejerce sobre ellas.

Nombrada Embajadora de la ONU para los Objetivos del Milenio, con la Plataforma que preside ha recorrido Palestina para gritar el cese de la ocupación israelí; ha llegado a Ciudad Juárez, al norte de México, para solidarizarse con las organizaciones de madres de víctimas y denunciar la impunidad contra los crímenes de las mujeres en el estado de México; ha contemplado las calles de Bagdad e intentado parar una guerra inútil; ha estado en las cárceles, en las casas de acogida de mujeres víctimas de agresiones y malos tratos, ha llevado su voz al Parlamento Europeo, a la ONU, al Palacio de la Zarzuela y a la Moncloa.

De todo ello ha extraído ricas vivencias y una madurez que hoy nos relata para AmecoPress con la serenidad de una mujer que tiene las ideas muy claras y que ha encontrado en el feminismo, como ella misma dice, “una forma de entender la vida y una ideología”.

– En nuestro país su imagen esta muy asociada a su pasado musical, pero, ¿quién es hoy Cristina del Valle?

Cristina del Valle es hoy y ha sido siempre una mujer inquieta, que se crió en un hogar en el que la violencia era una realidad cotidiana y donde tuvo el privilegio de tener una madre que la educó en el compromiso con las demás mujeres del mundo. Y es que mi casa, una vez que logramos salir del infierno de los malos tratos, se convirtió en una casa de acogida en un momento en el que en este país no había apenas infraestructuras parecidas y cuando una mujer que sufría malos tratos se tenía que esconder porque la mentalidad era que eso te ocurría porque te lo merecías.

Desde muy niña mi madre me educo para convivir con el compromiso con el mundo como algo natural, y aprendí a detectar que el mundo no era lo mismo para los hombres que para las mujeres. De esas experiencias fui tratando de desarrollar una vida coherente, buscando siempre respuestas a lo que me había ocurrido, y en esa búsqueda había una parte muy importante como artista. En estos momentos, soy una mujer que ha madurado mucho, que ha aprendido mucho de otras mujeres, que ha encontrado en el feminismo una forma de entender la vida y una ideología, y que trata de ser coherente y de hacer no tanto mi vida personal como mi trabajo. Lo que más me obsesiona en la vida es el ser coherente con lo que creo, con lo que pienso, y trabajo cada día por deconstruir toda una cultura con la que hemos sido educadas las mujeres y que nos ha limitado en muchos aspectos. Para ello trato de hacerlos desde la reflexión, desde el aprendizaje con otras mujeres, desde el compromiso.

– ¿Considera el arte como una manifestación que debe ser militante?

El arte es un instrumento fundamental para la transformación, y aun más en estos momentos en los que vivimos en un mundo de confrontación por intereses geopolíticos y de ruptura entre culturas. Curiosamente los artistas cuando trabajamos con la música no tenemos problemas para utilizar elementos de otras culturas, todo se mezcla, todo se enriquece desde el respeto y conocimiento de otras realidades. Porque la música es un elemento fundamental que llega directamente a lo emocional, al corazón, que no entiende de religiones ni de fronteras. Es una vía directa de comunicación que logra remover y revolver por dentro. Si cargas a la música de compromiso e historias que cuenten otra forma de plantear el mundo, se convierte en una forma de plantear la revolución.

– Como embajadora de la ONU para los Objetivos del Milenio 2015, ¿qué le ha significado este nombramiento y en qué consiste exactamente su cargo?

Es un reconocimiento al trabajo que venimos haciendo en estos años desde la Plataforma. El trabajo consiste en ponerle el sello de embajadora a todas las iniciativas que desde la Plataforma realizamos. Es una forma más de presionar a las instituciones y a la ciudadanía para trabajar por una serie de metas que firmaron más de 200 países en el año 2000 y entre las que se encuentra la promoción de la igualdad de género y la autonomía de las mujeres en el mundo, un objetivo tranversal porque sin el cumplimiento de éste los demás son imposibles.

En este sentido me siento orgullosa porque para mí es una prioridad la lucha contra la cultura de la violencia y de la pobreza que son las dos claves que cuestionan la base de cualquier democracia y que dibujan un mundo donde evidentemente las relaciones de poder son una realidad, y en el que las mujeres no son consideradas ciudadanas en igualdad de derecho. El hecho de que la ONU reconociera este trabajo me empuja a continuar en esta línea de trabajo en la que creo y en la que continúo en la labor de cientos de mujeres que me antecedieron y gracias a las cuales la cuestión de género se ha convertido en una prioridad en las agendas internacionales.

– En 1979 la Asamblea General de la ONU aprobó la convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, pero, ¿en qué aspectos cree que la mujer sigue estando discriminada hoy?

La realidad es que seguimos discriminadas en todos los ámbitos. El patriarcado es perverso y cambia las formas, y aunque parezca que somos mujeres modernas, que elegimos desde cómo nos vestimos hasta cómo es nuestro cuerpo, no hacemos ni más menos que seguir inmersas en velos invisibles que nos hacen creer que somos mujeres modernas mientras mutilamos nuestros cuerpos o dejamos de comer para someternos a un patrón de belleza masculino.

Hay muchas cosas que siguen perpetuadas, queda mucho camino por recorrer pero también es cierto que hemos conseguido mucho en el ámbito legislativo aunque evidentemente las leyes no cambien las conductas. Las leyes por primera vez están lanzando mensajes sociales, están desnudando una realidad. El feminismo ha sido la linterna que ha iluminado todos los rincones oscuros donde no se quería reconocer que la violencia contra las mujeres no era una cuestión entre iguales ni tampoco una cuestión privada, sino un delito público.

El análisis de género ha sido fundamental para desmenuzar y mostrar todos los mecanismos del patriarcado de una manera explícita y ha sacado a la luz todos los aspectos destructivos. Queda un largo camino y en él las mujeres tenemos un trabajo importante en la deconstrucción cultural de todo aquello que como género se nos ha construido. La toma de conciencia en las mujeres se hace fundamental, porque cuando las mujeres trabajemos como dice Marcela Lagarde en el ‘ego-ísmo’, en el amor hacia nosotras mismas, en nuestra autonomía y en la independencia de lo afectivo, ganaremos mucho.

– ¿La cultura de masas ofrece una imagen estereotipada de las relaciones hombre-mujer que contribuye a la violencia?

Por supuesto. Es más, estamos asistiendo a un momento especialmente duro por parte de los medios donde el maltrato esta siendo mostrado como un circo, donde a las mujeres se les maltrata en los medios, donde hay una falta de respeto absoluto con respecto al tratamiento mediático de la violencia, donde hay una falta de responsabilidad profunda, donde se sigue poniendo el micrófono a un vecino cuando hay expertos que llevan años trabajando en este ámbito. Además, aún hoy los avances de las mujeres siguen siendo interpretados como un peligro y como algo dañino para la sociedad.

– ¿Qué objetivos tiene la Plataforma de Mujeres Artistas contra la Violencia de Género al organizar los viajes que habéis realizado a Palestina, Irak o el Sahara?

Nuestra ayuda no es material. Pretendemos visibilizar y trabajar en red. Las mujeres en estos lugares del mundo carecen de referentes y de modelos, por eso es fundamental visibilizar la realidad de otros países. Somos un grupo de mujeres empoderadas, con un perfil público con acceso a los mediosde comunicación. Cada acción nuestra tiene siempre dos facetas. De un lado, visibilizar aquella cuestión que queremos mostrar y escoger el momento para hacerlo que no es más que cuando las propias mujeres lo demandan como campañas de presión concretas. Y del otro lado, presionar políticamente sobre la realidad de las mujeres y visualizar los avances de las mujeres.

Por ejemplo, en nuestro viaje a Ciudad de Juárez, además de incidir en el apoyo y el refuerzo a nivel internacional de un grupo de mujeres mexicanas que exigían leyes contra la violencia doméstica, trabajamos en el apoyo hacia la seguridad de las mujeres, sirviendo de ‘instrumento’ para ellas para exigir cambios políticos. En definitiva, pretendemos mostrar a través de nuestro acceso a los medios la realidad para contrainformar y poner al servicio de los grupos sociales como las mujeres la posibilidad de ser visibles en medios donde habitualmente no lo son.

– ¿Alguna imagen que guarde especialmente en la retina de estos viajes?

Muchas, aunque una que recuerdo especialmente fue en el transcurso del viaje a Irak en una parada que hicimos en un hospital para niños enfermos de cáncer, donde pudimos comprobar las consecuencias directas del bloqueo al que estaban sometidos. Vimos a niños que en brazos de mujeres valientes que agonizaban sin nada, delante de nosotras, y recuerdo la cara de mujeres iraquíes que con una sonrisa de lado a lado con su niño en esqueleto y sin calmantes siquiera para el dolor, nos daban las gracias por estar allí, por el compromiso. Nunca había sentido tanta indignación y tanta vergüenza como ciudadana del mundo que formaba parte de aquel horror. Miré hacia pared blanca y por primera vez en mi vida me di cuenta que había un muro que era imposible de romper, que era el muro de la inmoralidad, de la impunidad, de la violencia y de la vergüenza.

– ¿Cree que si hubiera más mujeres en los altos cargos encontraríamos más formas de negociar o dialogar la paz en lugar de recurrir a las acciones militares?

Sin duda. En todos los lugares donde hemos estado, el recurso de las mujeres ha sido el trabajo comunitario, la solidaridad, las redes de mujeres … Por ejemplo, en el Sahara, las mujeres en condiciones inhumanas han sido capaces de construir una sociedad cuyos pilares son la educación de sus hijos, un sistema democrático de empoderamiento donde las mujeres participan en la política a través de la Unión de Mujeres Saharauis, un trabajo comunitario donde las mujeres se sientan a debatir sobre derechos humanos, política, autoestima. En Palestina, mujeres israelíes y palestinas son capaces de trabajar juntas por encima del odio y la confrontación para buscar soluciones pacificas a situaciones de conflicto. Ya en Occidente, cuando las mujeres están en el poder, hemos comprobado como en Suecia con un 40% de mujeres en el Parlamento se toman medidas como la ley que castiga el consumo de la prostitución y despenaliza la venta, que ha logrado disminuir drásticamente el número de mujeres dedicadas a la prostitución.

– ¿Se solidarizan con el trabajo de la Plataforma el número suficiente de hombres como para que se note que la población masculina es consciente del problema?

Lo cierto es que en el campo artístico es más fácil porque nos movemos en un ámbito en el que la inteligencia emocional y la empatía se supone está más desarrollada. Pero también es verdad que en este ámbito se producen fenómenos muy reaccionarios, la cultura del arte sigue siendo muy sexista. Un ejemplo de ello es la música, en la que se ha aceptado que haya mujeres cantantes pero que si profundizamos en el sector entramos en un terreno de absoluto machismo. Con todo, sí es cierto que la Plataforma en sí ha gozado del apoyo y del cariño de muchos compañeros que han estado ahí, pero efectivamente sí echamos de menos mucha más complicidad de los hombres en todos los ámbitos.

– ¿En qué iniciativa está inmersa en la actualidad la Plataforma que preside?

Ahora estamos preparando una iniciativa que es la continuación de las navidades de 2007, un viaje a Palestina que hicimos para trasladar lo que definimos como ‘hoja de ruta de las mujeres por la paz’, una forma de impulsar desde la sociedad civil y desde España soluciones pacificas. En esta ocasión estamos preparando un viaje a Israel para vernos con la Coalición de Mujeres por la Paz, para tener encuentros con las distintas asociaciones mujeres, para visibilizar los movimientos pacifistas y críticos de Israel. Además llevaremos al presidente israelí una de las demandas prioritarias de las mujeres que es la petición de la liberación de un grupo de mujeres presas. Pero lo más inmediato es un viaje que tenemos preparado en octubre a Bruselas para recoger el Premio Internacional Silver Rose 2007 y reunirnos con todos los grupos parlamentarios para hacer seguimiento de todas aquellas cuestiones sobre las que estamos trabajando.

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