Enviado a la página web de Redes Cristianas
Continúa el baile de descalificaciones y aumenta el desprestigio de la clase política. La expresión ?yo no he sido?? ?y tú más?? ya no dice nada a los ciudadanos. Tampoco hacen gracias los chistes sobre comportamientos políticos. Los ciudadanos no quieren que se pase página y se exige seriedad, exigencia de devolución de lo robado y solución de problemas. Se hace necesario que se tome conciencia de que somos españoles y a todos nos están afectando las orientaciones y exigencias que nos llegan del extranjero. Las diferencias entre los partidos políticos deben quedarse al margen y aunar esfuerzos en una lucha común por los intereses que nos están afectando. Sin olvidar la apertura y colaboración a nivel europeo y a nivel mundial, hemos de saber exigir los derechos propios como nación.
?La crítica por la crítica?? no es aliciente para la gente razonable. Se necesitan personas que sean referentes objetivos, normas justas, despojadas de intereses partidistas, que sean una especie de aldabonazo para que las conciencias vuelvan al camino de la rectitud y la justicia En nuestra sociedad actual hace falta la denuncia profética, la que tiene fuerza para descubrir y luchar contra la corrupción. La corrupción nunca puede verse como un hecho normal, ni se pueden admitir niveles ni tampoco buscar acuerdos para pasar página. Desde una genuina interpretación política no se puede aceptar, de ninguna de las maneras, la existencia de la corrupción, sin una lucha contundente contra ella. Lo he dicho muchas veces: ?la lucha contra la corrupción está en la misma naturaleza de los partidos políticos democráticos y en la misma naturaleza humana.??
La delincuencia, a través de la historia, ha pasado de formas de una criminalidad primitiva, basada en la violencia muscular, a las formas de una criminalidad evolutiva, cerebral y astuta, a medida que la sociedad se desarrolla con sus intereses. A veces se suaviza con la palabra ?corrupción?? lo que realmente es delincuencia. La delincuencia real desborda ampliamente la corrupción conocida ya que se cometen delitos de los que ni siquiera se tiene noticia, y otros no llegan a considerarse como tales por falta de pruebas, por intervenir personas privilegiadas o influyentes, por motivos políticos etc. Es lo que se ha venido a llamar ?criminalidad de cuello duro??. La raíz está en que se actúa muchas veces bordeando la legalidad en asuntos rentables, saltándose la justicia..
La corrupción, el robo, el fraude y el engaño, la opresión y la pobreza son realidades concretas, encarnados en responsables concretos. El silencio, la ocultación, el olvido, las amnistías desconsideradas… constituyen una burla a la verdad, a la justicia y a la ética. El ejercicio de la autoridad política, así en la comunidad, en cuanto tal, como en las instituciones representativas, debe realizarse siempre dentro de los límites del orden moral para procurar el bien -concebido dinámicamente -según el orden jurídico establecido. Es entonces cuando los ciudadanos están obligados, en conciencia, a obedecer. De todo lo cual se deducen la responsabilidad, la dignidad y la importancia de los gobernantes.
