¡Bajemos a Jesús de la cruz! -- Roberto Torres Collazo (Brasil)

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

En Semana Santa observaremos o participaremos en procesiones y
dramatizaciones de la tortura y asesinato de Jesús. Las y los líderes
cristianos y medios de comunicación comercial le llaman tiempo de
reflexión, rara vez llaman a la acción, a la práctica del evangelio. En
consecuencia, la tendencia entre la gente es solamente a reflexionar y no
comprometernos a bajar a Jesús de la cruz.

A la luz de la fe y la historia hay que recordar las y los crucificados de las naciones indígenas por los conquistadores europeos en las Américas, los
ocho millones de los masacrados en el Congo por parte del régimen belga
a comienzos del siglo pasado, los seis millones de judíos, gitanos,
homosexuales, comunistas, negros, cristianos víctimas del genocidio
fascista. Las y los heridos y muertes por las guerras actuales.

El ecocidio de las corporaciones-multinacionales contra la naturaleza. El holocausto de
más de setenta mil personas palestinas y palestinos a manos del gobierno
israelí, las víctimas del patriarcado, la homofobia, la xenofobia, la
corrupción gubernamental, son algunos de los principales crucificados que
nos deben hacer reflexionar para bajar a Jesús de la cruz.

Dios nos llama a la acción, a bajar a Jesús de la cruz en el siglo 21. A
comprometernos o comprometernos más con actos concretos repudiando
las cruces del coloniaje, del capitalismo neoliberal tecnológico, la
mercantilización de la Madre Tierra, la plaga del neofascismo. A condenar
el racismo, a oponernos a los que hacen sufrir y ponernos del lado de las y
los que sufren. Dios también nos llama contemplar al crucificado en los
empobrecidos como enseña el Maestro, Mateo 25, 31-45: “Todo lo que le
hiciste a estos a mi me lo hiciste”. A no ser indiferentes a los
padecimientos y dolores de los demás, no limitarnos predicar, enseñar o
asistir a la iglesia. No puede haber divorcio entre fe y vida.

Las críticas, denuncias y acciones inspiradas en Jesús nos pueden llevar a
conflictos como incomprensiones, falsas acusaciones, descalificaciones,

marginación, ataques o persecuciones, en algunos lugares hasta la
muerte. También Jesús tuvo serios conflictos con los representantes del
poder religioso, político y económico, ver Mateo 12,24. 6,24. Marcos 2,23-
27. 10,42-45. Lucas 4,16-30. 7,33-35. San Juan 8,59, mientras al pueblo lo
trató con compasión. Conflictos que lo llevaron a la pena capital, la cruz.
nunca nos dijo que en nuestra misión todo nos saldría bien y no
tendríamos problemas. No ofreció falsas esperanzas, era muy realista.

La resurrección de Cristo nos trae el gozo y la esperanza de que otra
sociedad y otra iglesia son posibles. Nuestras acciones eficaces movidas
por la fe hacemos presente y preparamos el material para la plenitud del
Reino de Dios que inaugura Jesús, reino de compasión, igualdad,
solidaridad, libertad… pese a los grandes males que sufre hoy la
humanidad su reinado tendrá su manifestación gloriosa en el futuro de la
historia, donde Cristo triunfará definitivamente sobre todos los males,
dolores y sufrimientos, incluso la muerte, Apocalipsis 21,3-4: “Y oí una voz
que clamaba desde el trono: ‘Esta es la morada de Dios con los hombres;
él habitará en medio de ellos; ellos serán su pueblo y él enjugará las
lágrimas de sus ojos.

Ya no habrá muerte, ni lamento, ni llanto ni pena,
pues todo lo anterior ha pasado’”. Será la realización plena de la nueva
humanidad, antes, ¡Bajemos a Jesús de la cruz!

Biblia Versión Latinoamericana (1972). Ecuador.