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Antonio Aradillas, sacerdote y escritor: «¿Cómo puede hablar la jerarquía de celibato y sexualidad, si no conocen la realidad?» -- Jesús Bastante

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Religión Digital

La Iglesia reconoce la democracia, y sin embargo está reñida con ella Hoy nos acompaña Antonio Aradillas, sacerdote, pensador, prolífico escritor y buen amigo. Bienvenido a Religión Digital, ésta es tu casa. Aquí tenemos tu último libro, Dios es buena gente, editado por Visión Libros, que creo que no era el título original.
R- No, el original era Dios es Dios, porque el dios con el que nos han educado, cristiano seguro que no es. Yo diría que ni siquiera es humano.

P– ¿Y quién es Dios?

R- Para mí Dios se llama Jesús. A mí me gusta recurrir mucho a las etimologías, y Jesús significa salvador. Un dios que no salve no es dios.

P- Sin embargo, en los últimos tiempos parece que nuestra Iglesia le da más importancia a la condenación que a salvación.

R- Evidentemente que sí. El otro día me emocionó mucho una señora que había leído mi libro y me dijo: «me está ilustrando mucho este libro, porque una nieta mía va a hacer la primera comunión y el otro día me dijo que Dios era malo». Y es que ciertamente, desde la educación en la fe que se nos da, Dios es malo, es castigador. Y la Iglesia lo transmite así porque, como cualquiera que maneja el poder, necesita tener detrás una condenación.

P- ¿Cómo se reconquista a ese Dios?

R- Con una lectura atenta, despolitizada, y desclericalizada del Nuevo Testamento. Y eliminando el resto -salvo los salmos, quizá- porque el resto es literatura semítica que sólo sirve para asustar al personal. Si uno sube al púlpito, escribe una pastoral o una encíclica, teniendo detrás un dios todopoderoso, condenador, etc… ése es también todopoderoso. Pero si escribe o predica en nombre de un dios que constantemente salva, no «disfruta» de las prerrogativas que el que manda en el nombre de un dios que condena.

P- La institución, por tanto, no es muy evangélica.

R- No, qué va. Yo les exigiría a todos los que hoy nos adoctrinan (a la jerarquía, a TODOS), que estudiaran teología. Porque su teología canonística no nos lleva a ninguna parte. Es de la Edad Media. Yo les obligaría a que simultaneasen la teología con las ciencias antropológicas. De poco sirve que un señor sepa mucha teología si no ha vivido. Por ejemplo, ¿cómo pueden hablar del celibato y de la sexualidad, si no conocen la realidad? ¿Cómo se atreven a adoctrinarnos en la cuestión de los matrimonios? ¿Qué saben ellos de eso? Yo estoy plenamente asustado.

Por eso creo que deberían estudiar ciencias antropológicas, e incluso podría hacer falta una praxis. Todavía sigue vigente en sectores mayoritarios de la Iglesia la aceptación de aquello que decía san Agustín de que la justificación de la sexualidad está en los hijos. Que el placer sexual se reduce a la procreación… ¡Pero a quién se le ocurre esto!

Y estoy asustado también de que todavía se hable de Guerra Santa, de que todavía existan Tribunales Eclesiásticos. De que se utilice aún una palabra tan blasfema como anatematizar. ¿Cómo puede tener eficacia y uso hoy una palabra que significa excomulgar en esta vida y en la otra?

P- ¿Tal vez el error está en la identificación de la fe con la institución, como en el Imperio Romano?

R- Claro, Constantino fue el primer culpable.

P- Pues su madre es santa. Santa Elena.

R- Bueno, eso de los santos habría también que investigarlo. Yo he hecho un estudio, (Santos sin retablos se llamo el libro), en el que me pregunto desde cuándo tiene la jerarquía la capacidad de canonizar. ¡Quién tiene que canonizar es el pueblo! A mí me molesta profundamente que a la Madre Teresa la canonice el Papa, porque ya la ha canonizado el pueblo.

P- Me viene a la cabeza el reciente fallecimiento de Vicente Ferrer.

R- No hay derecho a que nuestros obispos hayan rehuido el reconocer el testimonio fantástico y fabuloso de este hombre, porque fue jesuita, se secularizó y se casó. Hay que arrimarse mucho más al pueblo, que es el que tiene la razón. Y parece que la Iglesia está en su contra. Porque la Iglesia reconoce la democracia, y sin embargo está reñida con ella, pues los únicos votos que hay son para elegir al Papa entre los que el Papa ha elegido. Vamos, que se perpetúa a sí mismo.

P- Antonio Aradillas, además de ser un prolífico escritor de temas religiosos, lo es también de turismo. Tiene un libro sobre los diferentes Caminos de Santiago y otro sobre romerías y fiestas de la Virgen.

R- Sí, el turismo no está separado de la Iglesia, y además es muy rentable. Los que iban a Santiago se llamaban peregrinos porque iban por el campo, disfrutando de la naturaleza. Los que iban a Roma, romeros, y los que iban a Jerusalén, palmeros. Hay que ver el verdadero contenido religioso de una peregrinación. Y yo me fío más de las leyendas que de la historia, porque la historia la hacen quienes vencen, pero la leyenda la hace el pueblo, y la transmite de generación a generación en devoción y compromiso.
Algo que está progresando mucho hoy en día son los monasterios como hospederías. Están abriendo las puertas no solamente a la dulcería, sino también a la hospitalidad.

P- Los monasterios son ya más accesibles.

R- Sí. Tengo otro libro que se llama Los Paradores de Turismo. En Guadalupe hay uno que yo recomiendo, porque es como un cauce donde la Iglesia puede realizar su propia fe y su propia sensibilidad junto a la sociedad.

P- ¿Son las romerías y peregrinaciones los pocos actos que todavía conservan esa fe auténtica y sencilla?

R- Sin duda.

P- ¿Por qué ha habido tanta desconexión entre esa fe de lo sencillo y la ortodoxia jerárquica? Es que parece que creen en 14.000 vírgenes, en vez de pensar que cada uno puede creer en la suya, aunque no sea demasiado canónico. ¿No es más sencillo, más de la tierra, creer en «tu Virgen»?

R- La clave está en que la gente tiene que enterarse del nombre de los obispos a través de la prensa. ¿Dónde están los movimientos conscientes dentro de la Iglesia? ¿Por qué no está el pueblo entrañado con ella?

P- ¿Mejoraría la relación con más responsabilidad, posibilidad de elegir, de poder cambiar cosas dentro de la Iglesia?

R- Claro. Yo es que cuando oigo lo de que los obispos los nombra el Papa, me río por no llorar. Los que hemos estado más metidos en la relación Iglesia-Estado, nunciatura y demás, sabemos cómo se nombran.

P- Y en este país últimamente ni siquiera parece que los nombre el Nuncio…

R- ¡Ave María Purísima! (risas)

P- ¿En qué proyectos andas metido actualmente?

R- Fui mucho tiempo consiliario nacional de mujeres y Acción Católica, y hay que ver la situación en la que todavía se encuentra la mujer dentro de la Iglesia. ¡Qué pecado tan grande!

P- Un colectivo ha exigido la paridad y la corresponsabilidad en la Iglesia.

R- Yo le he dedicado 12 libros al tema del matrimonio eclesiástico. ¿Cómo puede concebirse que no hubiera divorcio en España nada más que «en nombre de Dios»? Y el trabajo y la economía que había que invertir en las nulidades… El tema de la mujer me gusta mucho. Está a punto de salir ahora un libro mío que se llamará Los otros malos tratos. Y es que los malos tratos que aparecen todos los días en los periódicos son lamentabilísimos, pero hay otros que no salen y que yo conozco bien por sensibilidad y por ministerio sacerdotal.

Y tengo otro libro entre manos: El Ebro, río de turismo, en el que intento descubrir los atractivos turísticos, vitivinícolas, gastronómicos, etc, a lo largo del curso del Ebro. Luego vendrá Guadalquivir, río Patrimonio de la Humanidad, porque me parece que los ríos también deberían tener esas «aspiraciones».

P- Se ha pedido en la UNESCO…

R- Sí, fue una idea que tuvimos nosotros, pero como se politizó, prescindimos de ella.

P- Ha sido un placer, Antonio. Volveremos a charlar, porque seguro que habrá temas, aunque eso signifique que las cosas no estén tan bien como debieran.

R- Para eso estamos, para ser críticos y poner el dedo en la yaga.

P- Muchísimas gracias, Antonio.

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