Enviado a la página web de Redes Cristianas
El verbo ESPERAR (tanto en catalán como en castellano) tiene varias significaciones; es la misma raíz. De forma sencilla: uno significa ESPERAR UNA COSA, tiene fecha o tiempo. Espero a una persona o espero un paquete. Sin embargo, hay otro sentido.
Creer o esperar (expectativa) o confiar. Por tanto, ESPERAR puede significar «tener esperanza» o «quedarse esperando» (es decir, «dar tiempo», “saber esperar” sin meta de tiempo concreto)
Nos encontramos en una relación de esperanza y espera. Y espero es la raíz de los dos sustantivos. Esperanza o confianza que va a pasar algo bueno (sensitividad, no sentimiento). Así: Tengo esperanza de que esto mejore. La
espera o acción de esperar física o temporalmente (sentimiento).
Después de una larga espera, llegó.
Conviene hacer una clara diferenciación en nuestro interior. Sutil, de finura, de sutileza. El silencio y el contexto pueden ayudarle a sentirlo mejor. Y de ahí salen dos palabras diferentes: esperanza/esperanzal y espera.
Si sentimos bien diferenciados estos dos aspectos, y la raíz es la misma, pero no la actitud, sabremos lo que deseamos o esperamos de este año nuevo. Ciertamente, aquí podría cerrar el artículo: a reflexionar cómo, o si sientes, esa diferencia, hoy más necesaria que nunca.
La espera inmediata de tantas cosas, y ciertamente, absolutamente necesarias, urgentes como final de guerras que son más de 50 en el mundo, la nutrición para todos, el grave y profundo problema de la vivienda en
nuestro país, las trifurcas de los partidos políticos, digerir una situación nueva geopolítica y muchos más asuntos… todo es espera; y ¿si no llega?
¿O no se hace? O no se le da importancia. Entonces desesperación, desánimo, desesperanza u otras reacciones humanas, que pueden llevar al suicidio o a otros actos o a un mal vivir. La espera si no tiene el apoyo profundo de su significado, que es confianza, no puede generar una
esperanza en el futuro, al cambio como la experiencia nos lo confirma: “las prisas matan”.
Sin duda que toda esta atalaya o labor interior es fruto de tomar conciencia y sin squitar valores a las fiestas exteriores populares de festejar la entrada a una época natural climatológico, que la experiencia de siglos confirma.
Así y todo, festejando como celebrando, nos alejamos del origen de la significación. Entramos en el mundo de la sutileza, finura o delicadeza humana profunda que también se puede llamar: espiritualidad, interioridad, calidad humana profunda o proceso madurativo integral que el ego sensible
capta. ¿Nacemos interiormente, tomamos otro nivel de conciencia, vemos la realidad con otra mirada? ¿Somos conscientes de que soy lo mismo y no?
Y que ese camino es intransferible; ¿otro no puede hacerlo por cada uno de nosotros? Que debemos tener nuestro propio criterio personal. Y todo dentro de este contexto festivo, gozoso, amistoso, familiar. Celebrado secular o religiosamente… la celebración es cultural y, por tanto, diversa:
Unidad junto con una gran diversidad, que nunca hay que anular, sino respetar. La uniformidad no es humana, la pluralidad, sí.
Y voy terminando la reflexión o artículo para dejar tiempo, espacio para hacer una celebración holística o integrativa, sino caeremos en la “desesperación, hundimiento” ante las crisis que sufre nuestro mundo: uno de orden económico, la deuda; el otro, político, donde los intereses de partidos van por encima de los del Pueblo; la climática, que es real, otra
cosa es saber su causa.
La crisis internacional, de la que surgen guerras, que
afectan a la demografía, a la infancia, a la adolescencia, a la juventud. Y el grave problema de cómo va la educación, que es básico, como tantos otros.
Pero la educación es esencial para la madurez….
Y con qué actitud sentimos al entrar en el año nuevo: sólo con una o con la otra; o saber conjugar las dos.
Por tanto: BUEN AÑO NUEVO DE ESPERA Y ESPERANZAL. Y ha sido
premiado el pensador Byung-Chul Han, que ha publicado un libro al respecto: El espíritu de la esperanza. Una espera no es una esperanza, una espera no lleva a una actitud, tiene límites; no así la actitud esperanzal o confianzal. No tiene objeto ni límites, pero son un buen motor para andar en este nuevo año.
Jaume PATUEL PUIG (1935)
Pedapsicogogo

