La Jornada
No hay devoto más necio que un ateo recalcitrante. Y viceversa. El uno piensa que el peaje al reino de Dios es negociable. El otro cree que negar su existencia es más fácil que pasar por el ojo de la aguja. El primero enaltece lo intangible, el alma, lo espiritual. El segundo, lo concreto, el cuerpo, lo material. Flojera de mollera que, en ambos, doblegan los atributos (¿divinos?) de su razón. ··· Ver noticia ···
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