Comentario al Comentario por el Cardenal Cipriani
Escuché el domingo 10 al cardenal Cipriani, en su programa «Diálogo de fe» en canal 33 hablar sobre el «cuerpo y sangre» de Cristo, poniendo especial énfasis en recibir la comunión limpio de todo «pecado mortal» y no a la ligera.
Es cierto que no puede haber verdadera comunión, en el sentido de la palabra, entre gente que tiene deudas con su prójimo, ya que todo «pecado» se reduce, según Jesús, al mandamiento del amor. Por eso, como dice Jesús, si tu te recuerdas que algún hermano tenga algo contra ti, vete antes de sentarse a la misma mesa, y reconcíliate con él.
Qué Pablo dicen en 1 Cor 11,29, y no Jesús como equivocadamente dice el cardenal, se refiere a la comunidad, que aplicado una metáfora utilizado por el mismo apóstol, es el «cuerpo de Jesús»: Dice Pablo, en vista que hubo en las asambleas eucarísticas iniquidad en la distribución de alimentos: «El que bebe y como indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí.».
También al citar Jn 6,55: «Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida», evita, como en este caso casi siempre sucede, interpretarlo en el conjunto del contexto. Primero se expresa la molestia de Jesús, porqué la gente le busca por haber sido saciada previamente por la llamada «multiplicación de los panes y peces. Como respondió a la tentación del demonio: el hombre no vive solamente del pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios».
Para sacudirse la masa con intereses meramente económicos, les dice «palabras duras» que no entendieron. ´?Que dijo Jesús finalmente a los que se quedaron, y que el cardenal callaba en su interpretación del texto? «El espíritu es el que da vida; la carne para nada da provecho; las palabras que yo les he hablado son espíritu y son vida.»
Además es falso decir, como insinúa el cardenal en su exposición, que las escritura son documentos históricos. No hay teólogo serio y con responsabilidad personal, que esto afirme. Los evangelios se basan en hechos históricos, es verdad, sin embargo los autores lo reviven , y ciertamente recuerdan palabras de Jesús, pero cada uno ya las interpreta de acuerdo a su personalidad y al medio social y político y religioso al cual se dirige.
El Evangelio da cuenta que Jesús comía con justos y pecadores. Y, justamente su amor incluyente, impactaba para que personas como Magdalena o Simón el aduanero abusivo cambiaron radicalmente su vida. La exclusión de gente pecadora, practicada por la jerarquía de su tiempo, era para Jesús una actitud reprochable e hipócrita. No se puede predicar «Dios es amor» y, a la vez, en su nombre, a gente de buena voluntad someter a las torturas de confesionarios de tipo personal e humillantes que no tiene ninguna justificación evangélica o teológica, sino que es un instrumento más para dominar las conciencias, sabiamente copiado por el comunismo soviético en su tiempo.