Directrices para un diálogo interreligioso e interconfesional fructífero --

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

Reunidos en la diversidad de nuestras creencias, filosofías y visiones del mundo,
afirmamos, en estos tiempos turbulentos en los que el miedo al otro puede llevar al
aislamiento, que el diálogo es una herramienta valiosa para la cohesión social y la paz.
Nos comprometemos a convertir nuestras diferencias en una fuente de enriquecimiento y
aprendizaje mutuo, respetando al mismo tiempo las leyes de la sociedad y la libertad de
conciencia de cada persona.

Todos los participantes en el diálogo, ya sea que estén motivados por la fe religiosa, una
convicción espiritual, un enfoque agnóstico, ateo o humanista, son acogidos con la misma
dignidad. Ninguna convicción o concepción de la vida se considera superior o inferior a
otra.

Para que el diálogo interreligioso e interconviccional tenga verdadero éxito, es necesario
ampliar el enfoque: ya no se trata simplemente de reunir a los creyentes en un diálogo
entre sí, sino de incluir plenamente a los humanistas y a los filósofos no creyentes. El reto
consiste en encontrar un terreno común basado en la experiencia humana y la
ciudadanía, sin que nadie se sienta excluido, descalificado o juzgado.

A continuación se presentan las reglas de oro y las acciones concretas para integrar esta doble dimensión:
Principios fundamentales basados en el respeto y la comprensión mutuos
• Adoptar un lenguaje universal: evitar la jerga puramente teológica o los supuestos
espirituales (como «todos buscamos lo divino»). Utilizar conceptos accesibles para todos,
como la dignidad humana, la ética, la justicia y la convivencia.

• Respetar la equivalencia de las convicciones: considerar una convicción filosófica,
laica o humanista con la misma seriedad y legitimidad que una creencia religiosa.
• Prohibir el proselitismo recíproco: el objetivo no es convertir a los creyentes a la
racionalidad ni a los no creyentes a la fe, sino comprender los puntos de referencia y la
brújula moral de cada persona.

• Hacer hincapié en los valores compartidos y los puntos en común, al tiempo que
se reconocen y respetan las diferencias.
• Considerar el diálogo como un espacio de escucha, intercambio y aprendizaje
mutuo, más que como un simple debate.

• Negarnos a reducir una tradición religiosa o una escuela de pensamiento filosófico a
los excesos de sus corrientes extremistas. Nos esforzamos por aportar matices y
honestidad histórica a los debates sobre temas complejos o delicados.

Principios clave
1. Diálogo ? debate: dar prioridad a la comprensión en lugar del deseo de tener la
última palabra. No hay nada que negociar, y nadie tiene que renunciar a sus principios
fundamentales.

2. Adoptar una actitud respetuosa en los espacios compartidos.
3. Escuchar más de lo que hablamos.
4. Reconocer nuestra humanidad compartida, más allá de nuestras afiliaciones y
convicciones.

5. Respetar los límites y las diferentes sensibilidades, basándonos, en particular, en
las normas y prácticas específicas de otros lugares de culto y espacios sagrados.
6. Crear espacios seguros en los que se puedan abordar los prejuicios, los miedos y
los malentendidos.
7. Dar prioridad a la acción colaborativa y a las iniciativas en favor de la consolidación
de la paz.

8. Comprometernos juntos con la vida de la comunidad: crear conjuntamente
proyectos cívicos. La acción concreta pone de relieve los valores éticos compartidos, más
allá de las doctrinas.
9. Mostrar apertura al descubrimiento, al aprendizaje y a la comprensión de los
demás.

10. Establecer y fortalecer la confianza a lo largo del tiempo y a largo plazo.
11. Aceptar las diferencias: reconocer que existen desacuerdos teológicos o
filosóficos sin convertirlos en obstáculos insuperables para la paz y la cooperación.
12. Conocer la propia tradición y las propias convicciones: tener raíces sólidas en
la propia tradición o cosmovisión ayuda a evitar el miedo o el relativismo y permite hablar
de las propias convicciones con confianza, respeto y serenidad.

Principios para escuchar a los demás

1. Tolerancia: aceptar la presencia y la existencia de los demás en su diferencia;
escuchar con atención benevolente y sin prejuicios.
2. Respeto: valorar las diferencias, evitar interrumpir y acoger con consideración los
puntos de vista divergentes.

3. Comprensión: aprender a conocer a los demás; tratar de comprender sus
convicciones, experiencias y puntos de vista en lugar de juzgarlos.
4. Transformación: dejarse enriquecer por el encuentro, cuestionar las propias
percepciones y crecer juntos.
5. Empatía: intentar ponerse en el lugar de la otra persona; hacer preguntas para
comprender mejor y aclarar malentendidos.

6. Confianza: contribuir a establecer gradualmente un clima de confianza; mostrar
paciencia y aceptar que el progreso puede llevar tiempo.
7. Reconocimiento: reconocer nuestra humanidad compartida y tomar conciencia de
lo que el encuentro y el diálogo nos han permitido aprender.

8. Escucha benevolente: estar atento a los propios prejuicios, percepciones y
reacciones para mantenerse receptivo a lo que la otra persona tiene que decir.

Principios para la organización de reuniones

• Garantizar una representación inclusiva y equilibrada de los diferentes grupos religiosos,
filosóficos y de creencias.
• Garantizar que la organización y las modalidades de participación tengan en cuenta las
cuestiones relacionadas con el género.

• Garantizar que ninguna palabra o término resulte ofensivo o excluya a ningún colectivo
por motivos de sensibilidad. Por ejemplo, comprobar que los términos utilizados sean
adecuados tanto para un humanista ateo escandinavo como para un católico polaco, un
musulmán francés o un cristiano ortodoxo griego.

• Proporcionar un orden del día claro, así como un tiempo de intervención definido para
cada ponente.
• Proporcionar asistencia multilingüe cuando sea necesario para facilitar la participación
de todos.

• Establecer desde el principio unas normas de diálogo claras, compartidas y respetuosas.
• No buscar un «denominador común» artificial. El respeto por las diferencias, incluidos
los puntos de desacuerdo que puedan ser irreconciliables, es tan importante como la
búsqueda de similitudes.

• Comprometerse a escuchar con el fin de comprender el razonamiento de la otra
persona, en lugar de preparar un contraargumento o buscar un punto débil.
• Crear espacios que propicien tanto el diálogo formal como los intercambios informales,
con el fin de fomentar los encuentros y el establecimiento de vínculos.
• Garantizar el seguimiento con los participantes tras el evento para mantener los
intercambios y prolongar el impulso generado.

• Aprender juntos a identificar, verificar y desmontar la información falsa y los prejuicios.

CONCLUSIÓN
A través de estas directrices, deseamos contribuir, en la medida de nuestras
posibilidades, a los valores que defiende el Consejo de Europa: la dignidad humana, los
derechos humanos, la libertad de conciencia, el pluralismo, la democracia y la no
discriminación.

El diálogo interreligioso e interconviccional forma parte de los valores fundamentales del
Consejo de Europa. No se trata de borrar nuestras diferencias ni de renunciar a nuestras
convicciones, sino de aprender a convivir con respeto hacia todos, haciendo de la
diversidad una fuente de enriquecimiento y del diálogo un camino hacia la confianza.

Esperamos que este enfoque contribuya a la reflexión y a las iniciativas en favor de un
diálogo interreligioso e interconviccional respetuoso, inclusivo y sostenible, al
servicio de la paz y la convivencia.

Entablar un diálogo es reconocer al otro
sin renunciar a uno mismo.

Convivir es hacer que nuestras diferencias no sean un obstáculo,
sino una responsabilidad compartida al servicio de la paz, la cohesión social
y la democracia.

Traducción realizada con la versión gratuita del traductor DeepL.com