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Los daños causados por las altas temperaturas debido al cambio climático en Europa han son múltiples. Durante el verano han fallecido 35.000 personas en Europa como
consecuencia de las olas de calor. El impacto sobre la productividad laboral, el rendimiento agrícola, la inflación de los precios o las pólizas de seguro aún se están estimando.
En un documentado e interesante artículo “Impactos socioeconómicos del
cambio climático en Europa y algunas propuestas” firmado por Jesús Jaén Urueña, y
publicado el 19 de septiembre de 2026 en la revista Viento Sur,
https://vientosur.info/impactos-socioeconomicos-del-cambio-climatico-en-
europa-y-algunas-propuestas/ se ofrece un panorama de los efectos del cambio
climático sobre Europa y algunas propuestas de solución.
“Este ha sido el peor verano de mi vida, nunca pasé tanto calor. Pero me han
dicho que será uno de los mejores que me quedan por vivir”.
(Frases parecidas que circulan por internet)
El verano del 2026 es el más cálido en la historia. La temperatura media
en la España peninsular se ha situado por encima de 2.5º sobre el promedio
1990/2020 acumulando 61 días bajo olas de calor.
En Europa, Copernicus, anunció que en el mes de agosto se alcanzó un
máximo de 16,96 ºC de media global (+1.65 ºC por encima de los valores
preindustriales).
Los daños causados por estas temperaturas son múltiples. Durante el
verano han fallecido 35.000 personas en Europa como consecuencia de las
olas de calor. El impacto sobre la productividad laboral, el rendimiento agrícola,
la inflación de los precios o las pólizas de seguro aún se están estimando.
En el caso de España, ya en el 2025 se habían alcanzado récords.
Las pérdidas por las consecuencias de las altas temperaturas se estiman en torno a
los 12 200 millones de euros. Con la previsión de que para el año 2029 serán
de unos 34 800 millones ( , 2025). Las inundaciones, las olas de calor, los
incendios forestales (380 000 hectáreas), se han intensificado en torno al 30 %
a consecuencia del cambio climático. Se calcula que la demanda de
electricidad (aires acondicionados) aumentará en torno al 40 % hasta el año
2030.
En este año, el calor extremo asfixió a Europa. Las imágenes de los
grandes ríos como el Rin, Danubio, Sena, Támesis, con caudales tan bajos que
apenas podían navegar barcos, han sido demoledoras. El Instituto Elcano ha
planteado que las altas temperaturas y la sequía prolongada tendrá una factura
de 180 000 millones de euros. Para los presupuestos europeos esto viene a
significar alrededor del 1% del PIB de la Unión Europea.
El cambio climático asfixia al mundo
No se trata solo de un tema europeo. Además de los países africanos,
del subcontinente indio o de Oriente Medio, en el estado de California, las
pérdidas económicas a causa del cambio climático fueron de 250 000 millones
de dólares (2025). Las compañías de seguros lo tenían previsto y por eso
cancelaron 90 000 pólizas, lo que impulsó un mercado especulativo (bonos
catástrofe).
Los gobiernos de la UE han dejado pasar el tiempo sin tomar medidas
eficaces para revertir las emisiones de CO2 o, como mínimo, minimizar las
consecuencias del cambio climático. Es decisivo también que, al frente de las
instituciones están afianzándose las fuerzas más conservadoras de la derecha
o la extrema derecha. Pero los problemas se van a seguir agravando tanto a
nivel económico como en el coste de vidas humanas.
La Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA) y la ONU han hecho
algunas estimaciones. Durante el período 1980 a 2024 las pérdidas
económicas de la UE relacionadas con fenómenos extremos fueron de unos
822 000 millones de euros. Pero lo más alarmante es que entre los años 2021
y 2024 se han acumulado el 25 % de estas pérdidas, es decir, 208 000 millones
de euros.
La lista de los países está encabezada por Alemania, Italia y Francia;
mientras España, figura en cuarto lugar debido a las olas de calor, sequías
prolongadas, incendios forestales e inundaciones en el Levante.
El desarrollo capitalista choca con los límites biofísicos del planeta
Debemos tener en cuenta que Europa se está calentando a una
velocidad superior a la media mundial (el doble); es decir, una media de 0,56
ºC por década (frente al 0,28 ºC). Esto es así porque interactúan una serie de
fenómenos como el deshielo del océano Ártico y Groenlandia, los anticiclones
de bloqueo, la pérdida de humedad del suelo y paradójicamente, una atmósfera
más limpia liberada de aerosoles y sulfatos.
El calentamiento del Ártico es cuatro veces más rápido que la media
global por la pérdida de albedo respecto a la radiación solar. Esto está
provocando que el Ártico se transforme en una especie de motor del
calentamiento europeo (ampliación Ártica), ya que se está modificando un
patrón climático de miles de años: la corriente del chorro (jet stream) que se
vuelve más ondulante permitiendo la entrada de aire caliente sahariano que,
por ejemplo, este verano invadió el continente creando domos de calor. A la
vez, también está sucediendo un deshielo en Groenlandia que está mandando
masas ingentes de agua dulce hacia el mar, enfriando y ralentizando las
corrientes oceánicas como AMOC que regula, en gran medida, las
temperaturas del continente europeo.
Los estudios del Grupo Internacional de expertos en cambio climático
Partiendo de estos condicionantes particulares, nos situaremos
directamente en los estudios del IPCC AR6 (Grupo Intergubernamental de
expertos sobre el cambio climático) que han presentado durante los años
2021/2022/2023. Se trata de trabajos elaborados a través de diferentes
modelos en donde toman en cuenta las emisiones de GEI (gases de efecto
invernadero) y su impacto sobre el clima, las poblaciones, la producción de
alimentos, consumo energético…. Así mismo, también analizan la importancia
de la intervención de las instituciones y el papel que puedan llegar a jugar las
distintas tecnologías tanto en la mitigación como adaptación al cambio
climático.
El IPCC definió cinco posibles escenarios llamados “Trayectorias
Socioeconómicas Compartidas” (SSP siglas en inglés) y los puntuó en una
escala de riesgos bajo, medio y alto, para conseguir una adaptación de los
humanos al clima cambiante. SSP1:desarrollo sostenible (bajo). SSP2: desafío
medio. SSP3 y SSP4: desafío alto y graves problemas de supervivencia para
regiones enteras de la población mundial. SSP5: se mezcla una explotación
intensiva de combustibles fósiles pero con una gestión buena. Todos estos
diferentes escenarios nos llevan al año 2100 con un abanico de +1,5 ºC
centígrados (que es lo que ya tenemos desde hace dos años) o 4,5 ºC en el
peor de todos. Sin embargo, también hay que decir que el IPCC este año
rebajó un escenario de 5,7 ºC basándose en un argumento bastante dudoso
como el mayor desarrollo de las energías renovables.
El problema es que estos cálculos del IPCC para una parte muy
importante de la comunidad científica (entre ellos James Hansen conocido
como el “padre del cambio climático”), se han quedado cortos a la luz de lo que
se está viendo en los últimos años. Hemos pasado de una gran aceleración (en
la quema de combustibles fósiles y del ascenso de las temperaturas) a partir de
los años setenta del siglo pasado; a una doble aceleración de la temperatura
media en los últimos once años según el estudio del Instituto de Potsdam
(Geophysical Research Letters, 2026).
En la última década la temperatura no asciende ya a 0,28 ºC sino a 0,35
ºC. Unas décimas que se podrían seguir incrementando posiblemente porque
hemos entrado en lo que la comunidad científica ha denominado los puntos de
no retorno (Tipping Point) al haber rebasado ya siete de los nueve límites
biofísicos del planeta ( Stockholm Resilience Centre, 2007).
Impactos sobre la economía y la población a corto y medio plazo en Europa
En el citado informe del IPCC (AR6) se sitúan variables de aumento de
la temperatura media global +1,5 ºC centígrados a 2 ºC alcanzándose esta
temperatura (+2 ºC) posiblemente en la próxima década. La diferencia de
medio grado a nivel global es cualitativa en cuanto a las consecuencias y
retroalimentaciones. Esto es lo que está pasando ya con las inundaciones en el
Levante en donde se está mezclando un Mediterraneo a 30 º emitiendo
humedad y vapor de agua muy caliente con frentes de aire frío a niveles altos
(9000 o 12 000 metros).
Europa en un escenario como el que ya estamos (1,5 ºC) empieza a
tener problemas de abastecimiento de agua. El IPCC calcula una reducción
anual del 9 %. Y del 17 % cuando la temperatura media global sea de +2 ºC
con relación a la era preindustrial. Se calcula que en ese escenario las lluvias
en Europa del sur bajarán en torno al 20 %.
En cuanto a la producción de alimentos habrá una caída paulatina (6 %
del trigo y 7 % del maíz en toda Europa). En relación con la Península Ibérica
con una temperatura como la actual, la cosecha de trigo bajará de un 10 a un
20 %; mientras que con +2 ºC rondará en torno al 20 y 30 %. Los viñedos se
desplazarán unos 300 km al norte. Aclaración: por encima de 3 ºC centígrados
no hay adaptación eficiente, porque gran parte de las infraestructuras críticas
estarían en unos niveles de estrés máximos (servicios sanitarios, redes de
comunicación, transporte público, suministros de agua y electricidad, sistemas
financieros e incluso la adaptación de nuestros propios cuerpos).
El problema energético
En el capítulo de la energía bien es cierto que Europa ha sido, durante
un tiempo, el continente que hizo mayor inversión en la energía solar y eólica
(en estos momentos China está a la cabeza), pero será insuficiente porque la
industria y la mayor parte del comercio o del turismo se sostienen con los
combustibles fósiles y sus derivados.
Como nos recordaba Vaclav Smil (2050 “Por qué un mundo sin
emisiones es casi imposible”), no hay ninguna posibilidad de cumplir los
objetivos de descarbonización propuestos en la agenda 2050.
Un verano con +2 ºC de media global (por encima de las temperaturas
preindustriales) significa en la Península Ibérica que aumenta el consumo de
energía un 30 %. En el verano de 2026 aumentó un 6,9 % (Red eléctrica,
3/08/26). Sin hablar de precios ni de sobrecapacidad en la red instalada que
llevaría a apagones como los que ya tuvimos (abril, 2025).
Hay quienes consideran que una transformación energética en Europa
basada en la electrificación producida por energía solar y eólica solucionará
todos los problemas. Sin embargo, no es tan sencillo.
La electrificación como adaptación al cambio climático presenta
limitaciones estructurales en contextos de estrés hídrico. Requiere grandes
volúmenes de agua para generación de hidroeléctricas y para la refrigeración
de las centrales térmicas y nucleares. Su sustitución por solar fotovoltáica y
eólica resuelve la dependencia hídrica, pero introduce dependencia
meteorológica y variabilidad diaria y estacional. Además, la electrificación
directa mediante baterías es termodinámicamente inviable para industria
pesada >400 ºC. Los aviones, grandes barcos contenedores y la gran industria
requieren combustibles de alta densidad energética cuyo vector (hidrógeno
verde) vuelve a demandar agua (Vaclav Smil, “Cómo funciona el mundo”,
2023).
Recapitulando
En resumen, sin agua, solo con solar+eólica pueden cubrir el consumo
eléctrico actual en zonas de la Península Ibérica a unos determinados niveles
pero, al menos por el momento, no pueden garantizar una solución viable para
toda Europa y mucho menos para sectores claves de la economía (25 %). Se
necesitan muchas más cosas que no hemos venido haciendo y a las que
estamos llegando tarde.
Junto a estos impactos económicos, en los próximos años nos vamos a
ir encontrando con dificultades crecientes en sectores estratégicos que afectan
a la totalidad de la población pero muy concretamente a sus sectores más
vulnerables: personas mayores, niñas y niños en la edad escolar, familias con
ingresos bajos o muy bajos e incluso sectores de las clases medias urbanas
donde está concentrada la inmensa mayoría de la población europea (75 %).
Hace falta una mayor inversión y planificación en los servicios públicos
esenciales (sanidad, educación, transporte público, infraestructuras,
vivienda…).
Hace falta otra política respecto a la emigración a nivel europeo y
español. El drama humanitario y la negativa de los gobiernos en el asunto de
Ceuta ha sido la gota que ha colmado el vaso. Sin embargo, los vientos
políticos soplan en un sentido opuesto. Este es el primer problema que
debemos abordar: la propuesta económica, social y política deben ir unidas.
(Decrecimiento+Derechos+Democracia): un programa mínimo a desarrollar contra el
cambio climáticos
Utilizaré esta expresión algebráica (muy del gusto de la economía
política) para sintetizar lo que considero un pack económico, social y político
indivisible.
El decrecimiento en lo económico, los derechos en lo social y la
democracia en lo político no se deben separar. Hablar solamente de
decrecimiento por más que expliquemos su significado y a quiénes afecta y a
quiénes no, se quedará como una propuesta básicamente de austeridad. Pero
si el decrecimiento va unido a la defensa de los derechos sociales de las clases
trabajadoras y de las poblaciones más pobres de Europa, le estaremos dando
una orientación más justa.
Esto es así, porque incluso hay grupos ecofascistas que defienden un
decrecimiento basado en la población sobrante o desechable (inmigrantes).
Las teorías nacionalistas y fascistas (el bote salvavidas) de Garrett Hardin
basadas en un maltusianismo radical y xenófobo.
La tercera D de la expresión algebráica, la democracia, es la propuesta
política mínima en un mundo acosado por el ascenso de los nuevos fascismos
(trumpismos, lepenismos, mileirismos y todo tipo de ismos basados en el
supremacismo racial y el establecimiento de un nuevo orden político impuesto
a través de una violencia sistémica). Su mayor expresión y símbolo del
proyecto fascista distópico es el genocidio de Gaza a manos del sionismo.
D+D+D debería ser un punto de unión de las izquierdas, los sindicatos y
los movimientos sociales de todo tipo, al margen de nuestras diferencias
políticas. No se trata de diluir sino de unir. Los orcos de Mordor están más
unidos que nunca, nosotras y nosotros (…). De momento no.
Hay decenas de libros y cientos de artículos dedicados al decrecimiento,
no es mi intención desarrollar aquí lo que yo entiendo y, mucho menos,
polemizar con personas que no están de acuerdo o que no ven la importancia
del mismo. Para mí, el decrecimiento, es la alternativa a corto, medio y largo
plazo. Creo que focalizar los debates en torno a la descarbonización de las
economías es necesario pero insuficiente si no avanzamos en propuestas que
lleven a rebajar la producción y el consumo de los países ricos (G7 y algunos
más).
Hay que empezar por los gastos en armamento; el despilfarro en la
producción de alimentos (30% a nivel mundial); inversiones improductivas
(publicidad); el turismo como industria, la regulación del comercio internacional
a una escala menor; el mercado financiero puramente especulativo (…) No se
trata de acabar con el capitalismo de un día para otro (ya nos gustaría), sino de
echar el freno al desarrollo de unas fuerzas de productivas (y destructivas) que
en los últimos ochenta años han provocado que los recursos del planeta (que
no son ilimitados) se encuentren, en algunos casos, en situación crítica. Hoy en
día la humanidad consume recursos a un ritmo tal que necesitamos 1.7
planetas Tierra para regenerar lo que consumimos en un año (Global Footprint
Network).
Pero todo esto es papel mojado si los nuevos fascismos siguen en
ascenso, si los republicanos de los EEUU vuelven a ganar las elecciones de
noviembre (midterms 2026), si AfD en Alemania, Le Pen en Francia y la
ultraderecha alemana, portuguesa o española, se encaraman en el poder o
consiguen una capacidad de influencia que acelere todos los procesos como el
cambio climático, el endurecimiento de las leyes antiinmigración, retrocedamos
en los derechos de la mujer o los homoxesuales, en los derechos de las
trabajadoras y trabajadores, en las libertades de expresión o, incluso, en la
posibilidad de votar libremente cada cuatro años.
En ese sentido, estoy absolutamente convencido, que la lucha contra el
cambio climático es política y social. Es una lucha como la que sostuvieron
nuestras madres y padres contra el viejo fascismo pero, muy probablemente,
hoy nos enfrentemos a un enemigo más fuerte.

