Ella y él -- Salvador Santos

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

Ella y él, dos personajes de mucho cuidado, son tal para cual. Convencidos de poseer capacidades complementaria y seguros de que, aliándose obtendrían el fruto apetecido por ambos, resolvieron hace unos años conformar una unidad de acción ¡con torcidos procedimientos y pretensiones engañosas! Se han empeñado en una tarea desorientadora cara a enrejar a la gente en la ignorancia a base de desinformación.

Él trabaja a jornada completa para ella. Aporta a la asociación su reputada mente elucubradora. Ella solo necesita poner la boca para dar la nota. A él le va la intriga; no para de maquinar para el lucimiento de ella. Lo de ella, como efecto de los tejemanejes de él, es la pose y un decir a tontas y a locas. De no actuar a dúo e ir cada uno por su lado, ella y él se quedarían en nada. Su mutua y organizada dependencia les resulta obligada para alcanzar los objetivos donde han puesto sus ambiciosas miras.

Él lo hace todo para que ella sobresalga. Ella, por eso, no hace nada sin él. Se mueve al compás de sus intrigas. Él maniobra en lo oculto urdiendo planes y mensajes a transmitir por ella. La ha convencido de poder llegar a lo más alto. Y ella, con aires de altos vuelos, se apasiona envanecida creyéndolo a pie juntillas. Y le paga a él por ello. Él vive, por tanto, bien protegido y a cuerpo de rey. Ella le obedece como si fuera su súbdita. Le parece más que un ángel; y no por sus mensajes, sino por la eficacia que estos demuestran. Ella le tiene por un dios; él es su juramento.

Él dedica horas y horas a darle al coco en busca de una frase, una afirmación o un dicho popular en forma de exabrupto o configuración ofensiva. Unas veces ella lo larga con una salida de tono, vengan o no al caso. En otras ocasiones, la mayoría, convierte lo ideado por él en un discurso improcedente, absurdo y a destiempo. A ella y a él eso les da igual. Lo importante es que ella salga, hable y las cámaras la recojan pronunciando el texto escrito por él. Es que no hacen otra cosa.

Es lo suyo, lo que da sentido a su unión. Esa técnica les va como anillo al dedo. Él cavila y escribe; ella vocea de sopetón el texto. A los dos les trae sin cuidado que escasee la lógica en dichas palabras o que venga o no vengan a cuento, sino que ella las suelte a los medios a bombo y platillo. Por eso, él transcribirá su alocada alocución sin escrúpulos; ella la lanzará al vuelo exhibiéndose irrespetuosa, descarada y engreída.

En la cara de ella se observa que él la tiene encandilada. Es algo en lo que él tiene experiencia. Ya entusiasmó en su día a un tipo, corto de porte y de mollera. Aquel enclenque, empecinado en querer parecer lo que no era, acató con obediencia ciega sus instrucciones. Y, a base de ser fiel a trucos y desmanes, simulando inteligencia, fue elevado por un pueblo engañado a la cota más alta. Y llegado arriba, al insensato le dio por imaginarse único y excepcional. Tan lejos llegó en sus sueños de grandeza, que aún hoy, lejos ya de aquel disparate, continúa con su hablar solemne y sentencioso destilando majaderías que no hay por donde cogerlas.

Y lo peor es que él se las cree. Y sigue y sigue, ceremonioso, tieso y seco, encallado en su terquedad, lanzando discursos y haciendo declaraciones. Suele acompañar cada afirmación luciendo su dedo índice en movimientos arriba y abajo. Y, enseñoreado al pronunciarlas, mira circunspecto al vacío en espera de dejar boquiabiertos a sus adictos. Es de lástima…, pero da risa. Tal vez alguno puede pensar con lógica que este creído personaje fue el impulsor de la nueva relación entre la que habla y quien ha inventado el guion: Ella y él.

Pero todo hay que decirlo: estos dos, ella y él no son pareja. Ella ha estado comprometida con otro, un particular que ha ido recogiendo sus amores y beneficios por diferentes vías abiertas por ella para facilitarle a él la llegada a los sitios. Se trata de rutas como bulevares prolongados hasta las mismas puertas de entidades engrandecidas y enriquecidas por decisión de ella. De allí ha sacado buena tajada la pareja. Dadores y receptores se han beneficiado por lo bajini yendo y viniendo con ese trote.

Pero a diferencia de los provechosos vínculos íntimos tenidos entre ella y el particular, el arreglo de ella con el de las cavilaciones circula por vías públicas bien a la vista, aunque ya se esmeran ambos en esconder sigilosos sus calculados y codiciosos fines. Camuflaje aparte, su relación se ve a las claras. Se ve de lejos a diario, una vez ella sale, no importa a qué foro, a pregonar con frescura lo ideado por el opaco elucubrador en horas previas. A ella le da igual su contenido, dónde y cómo lo airee. Sin embargo, ella tiene querencia por sus apegos, antojos y extravagancias. Sus repetidas exhibiciones revelan sus gustos. Estas son algunos:

1. Interviene a menudo caminando con un andar cansino y lentísimo como si estuviera dando un paseo hacia ningún sitio. Y es que no va a parte alguna. Solo es una técnica de avanzar como el perezoso, usada exclusivamente para decir lo que quiere decir. Y, al hacerlo, se cimbrea con calma chicha frente a la cámara de televisión que siempre la acompaña. Ella se sitúa a la cabeza de un grupo de acompañantes que siguen su andar parsimonioso. Todo para dar imagen del líder.

2. Aparece en algún acto protocolario ante micrófono y atril con papel en mano donde lleva escrito un breve discurso que lee con arrogancia meneando a veces la cabeza y girando aquí y allá los ojos. Aprovecha esos movimientos para acompasar desplantes, desconsideraciones y desprecios hacia quien ocupa la posición de líder deseada por ella.

3. Busca un espacio apropiado y discreto de la vía pública para rodearse de una concurrencia de personas deseosas de aparecer en noticieros de televisión junto a algún personaje de renombre. La cámara está allí, claro, esperando a enfocar una vez los llegados pongan cara de admiradores y se hayan situado en posición tangente a ella. Ella soltará entonces su lengua en tono y estilo secante, a base de improperios e insultos hacia esa figura tan odiada y envidiada.

4. Aprovecha cualquier inauguración, sea una rotonda con tres arbolitos o una fábrica de cacerolas. Cualquier coyuntura les vale. Solo necesitan alguna afluencia de personas de sonrisa fácil, una cámara que la enfoque y un micrófono que recoja la parida que toca.

Sea donde sea, cuanto más destaque la necedad que elle profiera, mayor gracia hará al tropel de acompañantes. Y, desde luego, a él, esmerado consejero, diseñador e impulsor de su estrategia, se le caerá la baba de satisfacción. Y cuanto más veces repita lo mismo, mejor. Lo repetido cientos de veces adquiere condición de verdad para los ignorantes.

Actuando ella con esa técnica barriobajera y utilizando la charlatanería de patio de vecinos, tiene garantizada su presencia en los programas televisivos que al día siguiente recogen tan desconcertante e insólita actualidad. Ella figurará como protagonista en todas las tertulias. Su imagen inundará infinidad de viviendas. Él sabe y lo pretende que la aparición constante de ella en las pantallas permite que la gente la considere como una más de la familia, cosa fundamental a la hora de emitir el voto al llegar las elecciones.

Y, por si fuera poco, la imagen de ella y sus palabras recorrerán las redes sociales, azuzadas por multitudes de captados incautos que han sido instruidos a través de sus teléfonos móviles. Dicho instrumento fue extendido por todo el planeta no solo por razón del negocio que representa su adquisición y su uso, sino porque a través de él se expande el engaño y el enorme cultivo de la ignorancia. Dicha plantación se halla en manos de los poderosos acaudalados; les sirve para controlar y manejar a la gran masa de ingenuos e incultos con el fin de hacerles fieles votantes de la insensatez.

Mediante estas técnicas publicitarias de los bajos fondos utilizadas por él, ella ya había conseguido situarse en un puesto de alto nivel político. Logró escalar a tal altura, aun sin saber ni jota de gestión. Y con tamaña insuficiencia, se pasea despreocupada de los asuntos sociales sin entender que la política se debe a dar soluciones a los problemas de la ciudadanía. Ella se escaquea de su obligación de adoptar las medidas necesarias para remediar las necesidades de la población cuyos recursos ella administra. Estas tareas le resbalan. Como consecuencia, mientras los sectores públicos se deterioran, los privados se robustecen.

Es la finalidad de los acaudalados poderosos, avalistas y animadores de estos manejos publicitarios de ella y él. Al poder económico, al capital, le interesa que insensatos e inútiles estén al frente de la administración pública. Para ello, alimentan la ignorancia de los votantes a base de bulos, engaños y lemas fáciles de retener. Una propaganda barata fluyendo por las redes sociales atrapa a cándidos y crédulos convirtiéndolos en incondicionales de la idiotez.

Ella y él son simples representantes de una gran farsa. Salen a flote como dos piezas útiles de una estructura más amplia al frente de la cual un insensato de mayor calibre anda desde la mañana a la noche siguiendo el plan publicitario constituido a nivel supranacional por tres ejes:

1º.- El desprestigio de la administración que trabaja incansable por un desarrollo y progreso social que no deja atrás a los más vulnerables. Para conseguirlo utilizan el engaño trastocando la realidad y haciendo creer que el bien es el mal y el mal, algo bueno; convenciendo de que lo justo es deshonesto y lo corrupto, lo normal; y asegurando que la verdad es engañosa y lo falso, lo real. Llegan incluso a jurar que la luz es lo oscuro y las sombras, claridad.

2º.- La cría, nutrición y engorde de ignorantes para nublarles el pensamiento, anularles su libertad y convertirlos en dóciles irreflexivos adictos a su fraude. Estos serán los fieles electores de ineptos, a cuyo frente estará situado el incompetente mayor, un tipo propenso a repetir sin parar las farsantes consignas ideadas la noche anterior por sus asesores publicitarios, que no…, …políticos.

Y su codiciosa corte de apegados estará obligada a reiterar idénticos lemas; todos tienen el convencimiento de que repitiendo muchas veces el engaño, los ignorantes lo aceptan como indiscutible verdad. Todo un sinuoso y truculento plan urdido para hacerse con el sillón desde donde sueñan con ejercer el dominio a su antojo. El aspirante a jefe, dedicado a hacer declaraciones un día sí y el otro también, las concluirá alzando su mano abierta y hacer con ella un movimiento oscilante y parsimonioso para saludar a nadie al estilo de un nuevo caudillo de tres al cuarto. Él sabe que cada uno de los allí presentes pensará que el saludo va por él.

3º.- La insistencia en garantizar que, una vez obtenido el poder, el pueblo se beneficiará de una paz y una libertad nunca antes conocida. Lo repetirá el aspirante a jefe una vez y otra. Y lo reiterarán por prescripción los palmeros sumados a la idiotez, buscando ser, así, merecedores de puestos de privilegio. La paz y la libertad que prometen será lo contrario de lo que hagan. La paz consistirá en inmovilización de toda iniciativa de progreso; la libertad, la que permita a los acaudalados manejar el negocio con el que arramblan con todo y consiguen adueñarse de la tierra.

Estas explicaciones salieron de la observación y reflexión de un experto de la mar, un antiguo pescador, experimentado conocedor del uso y eficacia de todo tipo de redes, incluidas las sociales. Este personaje está igualmente bien informado de los planes e intereses económicos de los armadores, los dueños de los barcos y las redes que recogen las capturas.

A este avezado pescador no le ha pasado desapercibida la estrategia publicitaria acogida y mantenida de continuo por ella y él. Conoce bien el percal y los ha calado a los dos. Sabe de sus importantes apoyos, de estar amparados por una estructura internacional decidida a hacerse con el control de las naciones más ricas e influyentes. Los tentáculos de dicha estructura mueven los hilos de sus innumerables marionetas. Ella y él son dos de ellas. Y bailan al ritmo de esa marcha internacional. Viéndolos danzar, al antiguo pescador no se le escapa de qué pie cojea cada uno de ellos. Él no baila al son que le tocan.