Religión Digital
«Como madre, mi dolor es doble. Mi hija fue abusada por este sacerdote que, usando de manera perversa el nombre de Dios, la amenazaba con castigos divinos, si no cedía a sus pretensiones. Y el dolor se vuelve insoportable, al ver que la comunidad que nos acogió, en lugar de ser un refugio de misericordia, se ha convertido en una guarida que protege al agresor y pisotea a la víctima» Ver noticia original en …

