Infiltración en la política -- Julio Lázaro Torma (Brasil)

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

«Detrás de cada gran fortuna se esconde un crimen.»(Honoré de Balzac) El viernes pasado, fuimos testigos de una operación conjunta de la MPRS (Fiscalía Pública de Rio Grande do Sul), GAECO (Grupo de Acción Especial para Combatir el Crimen Organizado) y la Policía Militar contra un grupo de 33 personas, entre ellas tres concejales de la oposición al gobierno de izquierda de Pelotas (RS), conocidos por su mala reputación.

La operación se llevó a cabo en el salón de plenos del ayuntamiento tras una amplia, intensa y confidencial investigación llevada a cabo por la Fiscalía sobre la infiltración de elementos del crimen organizado y miembros de bandas criminales en el órgano legislativo, o sobre sus relaciones con los parlamentarios.

Esto hace que dichas relaciones sean extremadamente serias. Asimismo, observamos la presencia de casi R$100.000 en efectivo, sin ningún registro de su origen. Esto es típico del esquema de la «rachadinha», tan arraigado en el clan familiar Bolsonaro.
Algo impensable hasta entonces: la influencia de las facciones en la política local. Para nosotros, esto sonaba muy lejano, viniendo del sur y del extremo sur de Brasil.

Incluso conociendo el apoyo de ciertas personas a candidatos específicos y partidos políticos locales. Hace treinta años se observaba, pero nadie imaginaba la magnitud que alcanzaríamos.
En la época en que el crimen organizado se limitaba al eje Río de Janeiro-São Paulo, nosotros, los que veníamos de las zonas rurales de Brasil, estábamos muy alejados de este fenómeno.

Lo cual vimos en clásicos como «El Padrino» de Mario Puzo (1960). En Sicilia y el sur de Italia, Estados Unidos, Colombia, Ecuador, Perú y México.

Un fenómeno que podríamos llamar narcopolítica.
Ha erosionado la democracia y las instituciones democráticas y republicanas, con la infiltración del crimen organizado en los poderes públicos, principalmente en el legislativo, donde diputados y concejales federales y estatales tienen acceso a fondos públicos mediante asignaciones obligatorias destinadas a regiones afines al parlamentario.

A cambio de apoyo político, colocan a individuos designados por líderes de pandillas o milicias, cárteles. Se trata de personas de su confianza, muchas de las cuales terminan en el sistema penitenciario. Asimismo, estos fondos a menudo no llegan a las arcas públicas para ser distribuidos a las comunidades.

Esto, además de ser sumamente grave, significa que estos recursos se están utilizando para fortalecer a grupos criminales. Estos grupos ya se han dado cuenta de que la mayor fuente de ingresos reside en ocupar espacios políticos, elegir a sus propios candidatos e impulsar su agenda disfrazada de defensa de la seguridad, la patria, la familia, Dios y la libertad.

Acceso a procesos de licitación, nombramientos para sus compinches y la posibilidad de blanquear legalmente sus negocios ilícitos.
Nada justifica los casi R$100.000 encontrados en las oficinas del ayuntamiento. Este dinero debería estar al servicio de la comunidad, del pueblo, durante esta época de crisis que atraviesa nuestro municipio.

Como escribió Honoré de Balzac (1799-1850): «Detrás de toda gran fortuna se esconde un crimen». Y como afirmó José Mujica (1935-2023): «Mezclar la ambición financiera con el poder político genera corrupción y desvirtúa el propósito de servir al pueblo».
Si no tenemos cuidado, seremos gobernados por elementos del crimen organizado. Las facciones se convertirán en partidos políticos.

En algunos lugares, decidirán por quién debe votar la gente y por quién no. Por eso quieren el voto electrónico con complementos, para saber por quién vota la gente. Si los candidatos que ellos señalan fueron elegidos para dominar los territorios.