Los otros eclipses que los humanos no hemos querido ver -- Leandro Sequeiros, presidente de ASINJA (Asociación Interdisciplinar José de Acosta)

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

Vivimos en un mundo en el que el eclipse de los derechos y de la dignidad humana parecen herir nuestros ojos y no los queremos ver
Al atardecer del miércoles 12 de agosto de 2026, millones de habitantes humanos del planeta Tierra, se han lanzado compulsivamente (a veces recorriendo miles de kilómetros) hacia los escasos puntos de observación mundial desde los que (con la protección de gafas homologadas) se podía contemplar un fenómeno astronómico que no suele ser frecuente: un eclipse total del astro rey, el Sol.

Durante unos minutos, nuestro satélite, la Luna, se interpuso delante del Sol para proyectar un cono de sombra que recorrió parte de la superficie de la Tierra. Y a España le ha tocado una banda privilegiada.

Los astrónomos expertos en eclipses nos han recordado que en España en 120 años (entre 1905 y 2026) se han podido observar eclipses solares. Desde el de Burgos de 1905 hasta el del 12 de agosto de 2026.
Uno de los eclipses más importantes en la historia de la ciencia en España fue del eclipse de Burgos, el 30 de agosto de 1905. La franja de totalidad cruzó desde Galicia hasta Aragón, con Burgos en el centro. La visión duró más de 3 minutos y atrajo a astrónomos de toda Europa. Se montaron observatorios temporales y la prensa cubrió el evento como un acontecimiento nacional.

Unos años más tarde, el 17 de abril de 1912, se pudo observar desde el sur de la península un eclipse anular (un anillo de luz en un fondo oscuro). Fue menos mediático y fue estudiado a fondo por el Observatorio de los jesuitas en Cartuja (Granada).

El tercer eclipse reseñable fue el eclipse total observado en Canarias el 2 de octubre de 1959. Se considera como el primer eclipse que tuvo una cobertura mediática significativa en España. Fue difundido por las cámaras de televisión y hubo gran presencia de prensa internacional en las Islas. Las Canarias se llenaron de científicos y curiosos.

El 11 de agosto de 1999 fue visible en España el cuarto eclipse reseñable. El cono de sombra cruzó Europa central (Francia, Alemania, Rumanía) produciendo eclipse total de Sol. Desde el norte de España se pudo contemplar como eclipse parcial muy profundo (90-97 %). Fue el primer eclipse que – según parece – generó masivas ventas de gafas y radiografías oscuras en España. Muchos españoles viajaron al sur de Francia para poder ver y fotografiar la totalidad.

El quinto eclipse reseñable fue solo anular y visible en Madrid y Valencia el 3 de octubre de 2005. La banda de anularidad cruzó sobre Madrid, Cuenca, Valencia y Alicante. Según los testigos, se observó como un “anillo de fuego” durante más de 4 minutos. Se considera como el último gran evento de eclipse visible desde ciudades españolas importantes.

El 20 de marzo de 2015, tuvo lugar un eclipse parcial de Sol visible desde toda la península, con una cobertura del 60 al 80 % según la zona geográfica, pero este sexto eclipse fue más visible en Galicia y el norte de España.

El eclipse total del 12 de agosto de 2026
El séptimo gran eclipse observable desde España es el que acabamos de vivir el 12 de agosto de 2026. En torno al mismo se ha creado una gran expectación mediática por las repercusiones económicas para la España vaciada. Ha sido el primer eclipse visible desde la España peninsular desde el de 1905. La franja en que el cono de sombra ha provocado un eclipse total cruzó de noroeste a suroeste: Galicia, Asturias, Castilla y León, Aragón y la Comunidad Valenciana y Baleares. La visión, a final de la tarde, duró hasta 2 minutos según el punto de observación.

Los eclipses que no queremos ver
El hecho de que este eclipse total haya tenido lugar en el mes de agosto, que se considera de más densidad vacacional y turística, ha hecho que millones de personas se desplacen hacia aquellos puntos en los que podría verse (con protección ocular) y fotografiarse este evento astronómico extraordinario que no es sino una curiosidad de la naturaleza, aunque algunos grupos sociales influenciables, conspiranoicos o milenaristas le atribuyen ciertas propiedades mágicas.

Pero desde una sociedad civil crítica y adulta, podría ser una ocasión para alertar de que un eclipse puede ser una excusa para no querer ver otros eclipses de mucha mayor cobertura planetaria y de grave incidencia sobre la sociedad global.

Hace ya medio siglo, el sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman (nacionalizado británico) denunciaba que los poderes económicos mundiales estaban construyendo a través de los medios de comunicación (y ahora de las redes sociales) de una sociedad líquida, en la que la banalidad, el consumismo desenfrenado y el dinero gobernaban la sociedad.

Esta sociedad líquida lleva dentro una ausencia de valores solidarios y empáticos que impiden percibir que en nuestro mundo existen “otros eclipses” que muchos no quieren ver. Nuestros ojos se niegan a ver “las angustias y sufrimientos de gran parte de la humanidad” y la incidencia sobre el dolor de la biosfera y el deterioro de la realidad natural.

El mundo del siglo XXI, el siglo de las comunicaciones, parece ciego a la percepción de la insolidaridad, Lo que el sociólogo Rafael Díaz Salazar llamaba hace años “la sociedad del olvido y la ceguera”. Olvido del terrible dolor y crueldad de las guerras del siglo XX, y la ceguera para percibir la realidad actual y las perspectivas de futuro1.

Grandes problemas mundiales que no queremos ver
Un problema mundial es un asunto de interés público en todo el planeta y de posibles consecuencias negativas generalizadas. Esta lista de problemas mundiales contiene fenómenos que afectan a personas de todo el mundo, incluidos, entre otros, problemas sociales, problemas económicos y problemas ambientales.

Las organizaciones que mantienen o han publicado una lista oficial de problemas mundiales (en inglés, global issues) incluyen las Naciones Unidas y el Foro Económico Mundial.

Riesgos catastróficos mundiales
Pérdida de biodiversidad
Cambio climático
Inteligencia artificial destructiva
Desastre ambiental
Holocausto nuclear
Pandemia
Riesgo biotecnológico
Nanotecnología molecular

Colapso social
La mayoría de estos riesgos son el resultado de la actividad humana. Hay que diferenciar entre «problema» y «riesgo».

Cuando se habla de «problema mundial» se refiere a un fenómeno que está ocurriendo en un área significativa del planeta y frente al que se pueden tomar medidas que lo palíen e incluso eliminen. El agujero de la capa de ozono fue un problema mundial aproximadamente de 1980 a 2000, pero los compuestos que lo causaban se redujeron drásticamente y el grosor del ozono se está recuperando.

Existen otros riesgos (de baja probabilidad; ver Riesgos catastróficos globales#Fuentes potenciales de riesgo)? caída de un gran asteroide, una gran erupción volcánica, la explosión de una supernova cerca de la Tierra… Tienen en común que no están ocurriendo, que la probabilidad de que ocurran es reducida y que si, pese a todo, ocurrieran, no se podría hacer gran cosa al respecto.

Lista de las Naciones Unidas
En 2015 la ONU enumeró los problemas que consideraba más urgentes:[2]
Como parte de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU (2000-2015) fueron reemplazados por los Objetivos de Desarrollo Sostenible (2016-2030), también conocidos como los Objetivos Globales. Cada uno de los objetivos lleva asociados indicadores y metas para controlar su cumplimiento.

Lista del Foro Económico Mundial

De acuerdo con su visión centrada en la economía, el Foro Económico Mundial elaboró una lista de los 10 problemas más acuciantes en 2016:[4]
1. Seguridad alimentaria
2. Crecimiento inclusivo
3. Futuro del trabajo/ desempleo
4. Cambio climático
5. Crisis financiera de 2007-2008
6. Futuro de internet / Cuarta Revolución Industrial
7. Igualdad de género
8. Marcos reglamentarios del comercio y la inversión mundiales
9. Inversión a largo plazo / Estrategia de inversión
10. Asistencia sanitaria del futuro

Problemas ambientales mundiales
Ningún problema puede ser analizado o tratado aisladamente de los que están relacionados con él. Por ejemplo, la destrucción de hábitats y el cambio climático afectan negativamente a la biodiversidad. La deforestación y la contaminación son consecuencias directas —aunque evitables— de la superpoblación y ambas, a su vez, afectan la biodiversidad.

Si bien la superpoblación conduce localmente al éxodo rural (tiene también otras causas, y se produce en zonas rurales no superpobladas, que quedan despobladas), esto se ve más que compensado por la aceleración de la urbanización y la expansión de las ciudades.

Teorías como la del sistema-mundo y la hipótesis Gaia se centran en el aspecto de interdependencia de las cuestiones ambientales y económicas. Entre los problemas ambientales más evidentes se encuentran:[5][6][7][8]

Sobreconsumo: situación en la que el consumo de los recursos ha superado la capacidad del ecosistema para renovarlos sosteniblemente
Superpoblación: demasiadas personas para que el planeta las sostenga
Pérdida de biodiversidad
Deforestación
Desertificación
Cambio climático
Destrucción de hábitats
Extinción masiva del Holoceno
Acidificación del océano
Contaminación
residuos y gestión de residuos
contaminación hídrica
Agotamiento de los recursos
Dispersión urbana

De alguna manera, todo esto forma parte de ese gran eclipse de dignidad, derechos, armonía con la naturaleza, justicia, empatía y solidaridad que no queremos ver porque no queremos usar las gafas de la amorización del mundo.