Las cuentas de un administrador (II) -- Salvador Santos

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3. Las peripecias del administrador
El puesto de trabajo de administrador llamaba la atención. Era muy goloso. Gratificaba con una reconocida posición social y una envidiable situación económica. De ahí que el terrateniente recibiera no pocas denuncias fundadas o infundadas sobre la lealtad y el quehacer de estos trabajadores de alta cualificación.

Acusaciones que solo buscaban desacreditarle y sustituirle. La parábola, asentada en la realidad, incorpora estas habladurías y los hechos que desencadenan:
“y le fueron con el cuento de que este derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo:
¿Qué es eso que oigo decir de ti? Dame cuenta de tu gestión, porque no podrás seguir de administrador” (vv. 1c-2).

La parábola no se detiene en discusiones entre los dos personajes ni en datos aportados por el dueño de la finca ni en la oposición del administrador a la denuncia ni en razones, argumentos o conversación que pudiera sacar a la luz alguna pizca de verdad. La narración obvia detalles inservibles para el objetivo pedagógico que pretende. Se va derecha a la actuación del administrador ante un hecho inminente e irreversible y un futuro que se le presenta como desesperado.

Abocado al despido, el administrador elabora un balance de situación y hace sus cálculos. A su edad se le viene encima entrar a formar parte de los parados de larga duración. Los trabajos algo más solicitados son los de mayor dureza y le están vedados por debilidad física. El último recurso para él es la mendicidad, pero ni eso es capaz de hacer por la vergüenza de verse pasar de un extremo a otro en la escala social.

Así que opta por la decisión más sabia: Renunciaría a sus comisiones y eliminaría de los recibos los intereses aplicados a las ventas a crédito. De ese modo se granjearía las simpatías y la amistad de los deudores, que saldrían muy beneficiados al ver reducidas notablemente sus facturas de compra.

Actuó a la inversa del terrateniente. Este dedicaba la vida a obtener dinero; el administrador dedicó su dinero a conseguir vida. Y no vaciló ni un momento. No había tiempo que perder. Intervendría con rapidez. Lucas describe al detalle la forma en que, tras ECHAR CUENTAS, realizó los descuentos:

“Fue llamando uno por uno a los deudores de su señor… …y preguntó al primero…
…Toma tu recibo; date prisa, siéntate y escribe ‘cincuenta’.
Luego preguntó a otro…
…Toma tu recibo y escribe ‘ochenta’…” (vv.5-7).

4. Talento, no desfalco
Generalmente se ha entendido erróneamente como un desfalco la fórmula empleada por el administrador de retocar los recibos. No hubo estafa, sino talento. Que el administrador obró con excepcional inteligencia lo reconoció hasta el propio amo de la finca al felicitarle por la decisión que había tomado:
“El señor elogió a aquel administrador DE LO INJUSTO por la sagacidad con que había procedido” (v.8a).

Con esa información clave se da fin al ejemplo. Pero aún se añade una coletilla aleccionadora que pretende animar al colectivo de discípulos a seguir el ejemplo del administrador. Con una diferencia, eso sí; este, el administrador, trabaja y pertenece al orden injusto, al mundo oscuro donde reina el capital. El grupo de seguidores debe comportarse imitando la sagacidad del administrador, pero siendo alternativa a ese negro mundo.

Ellos son los administradores de la nueva sociedad, la que, por oposición al orden económico que mata, ofrece vida, la luz anhelada por el ser humano:
“…pues los que pertenecen a este mundo son más sagaces con su gente que los que pertenecen a la luz” (v. 8b).

5. Sistemas opuestos: lo justo y el dinero
Los valores de esos opuestos mundos también se contraponen. Invertirlos intencionadamente con el fin de engañar a la gente es habitual y especialmente grave. De eso también Isaías estaba al tanto:

“¡Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas!” (Is 5,20).
Tras la parábola, Lucas abre una intervención del Galileo para aleccionar a los seguidores en el sentido del ejemplo. Hay que dejar las cosas claras. No hablará de que el administrador sea o no injusto. Lo realmente injusto es aquello que él maneja: el dinero.

Lo que distingue al administrador es su inteligencia. La senda abierta por él lo demuestra. Inteligencia y senda se presentan en la parábola como acicate para el grupo de discípulos. En la nueva sociedad no cabe la injusticia. Prevalece la amistad, fruto y demostración de su talento:
“Haceos amigos con el injusto dinero” (v. 9).

El injusto dinero es minucia. Esclaviza. El dinero genera infidelidad y vida ilusoria. La vida auténtica se halla en el entorno donde reina la libertad y la justicia. Quien no renuncia al dinero y queda atrapado en sus garras de injusticia tiene vedado acceder a lo que sí tiene valor:

“Quien es de fiar en lo de nada, también es de fiar en lo importante; quien no es honrado en lo de nada, tampoco es honrado en lo importante. Por eso, si no habéis sido de fiar con el injusto dinero, ¿quién os va a confiar lo que vale de veras? (vv. 10-11)

El injusto dinero es lo ajeno al colectivo de seguidores. Lo propio de ellos, lo que les caracteriza es su unión leal en una sociedad donde brilla la luz de la justicia, la igualdad y la libertad. Los discípulos son los administradores de esa extraordinaria finca:
“Si no habéis sido de fiar en lo ajeno, lo vuestro, ¿quién os lo va a entregar?” (12).

Dios y el dinero son contrapuestos. Resulta obligado elegir. Jesús, el Galileo, dejó las cosas muy claritas. No valen componendas, subterfugios ni justificaciones por muy espirituales que sean. ¡Se acabó la neutralidad!:

“Ningún criado puede estar al servicio de dos amos: porque aborrecerá a uno y querrá al otro, o bien se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero” (v.13).
La parábola invita a los integrantes del grupo de seguidores a hacer un alto. Se exige pensar. No valen escapatorias.

Nada hay que decidir respecto a creencias estériles, burladeros místicos, dogmas almidonados o palabrería inoperante. Solo se necesita considerar la tarea como administradores del Proyecto del Galileo y sopesar por quién optar, a quién servir. Y luego… ECHAR CUENTAS.