La Salvación en el bolsillo (II) -- Salvador Santos

0
99

Enviado a la página web de Redes Cristianas

Un nuevo personaje aparece en Lucas inquieto por el más allá y preguntando a Jesús por la manera de conseguir esa vida sin límites.
2. Segundo personaje: Un político de alto rango
El segundo personaje (Lc18,18ss.) es un magistrado. Le distingue su alto cargo político. Él está seguro de tener su vida resuelta. Pero le preocupa la otra, el más allá. Quiere asegurarse esa vida inacabable. Reconoce la autoridad del Galileo.

Su opinión le ofrece garantías de autenticidad. Plantea su pregunta exactamente igual a la del jurista. Sabe, como aquél, que no se trata de creer, sino de hacer:
“¿Qué tengo que hacer para heredar vida definitiva?”
Como en el relato anterior, el Galileo también le remite a la Ley, aunque en este otro caso es él quien la cita. Lo hace de un modo muy singular.

Siguiendo su manera de ver las cosas, un estilo libre, desajustado de cualquier ley divina. Le ofrece su respuesta haciendo uso del texto como nunca lo habría hecho un buen judío. Probablemente, dejó al magistrado descolocado y boquiabierto:
“Ya sabes los mandamientos: No cometas adulterio, no mates, no robes, no des falso testimonio, sustenta a tu padre y a tu madre” (v.20).

El magistrado es un experto en la Ley. El Galileo no lo pone en duda (“Ya SABES los mandamientos”). Pero nada le importó que los supiera. De los diez establecidos como divinos, él solo le mencionó ¡la mitad: cinco! No es que no recordara los otros. Los redujo a conciencia. De los referidos a Dios, los cuatro
primeros, no citó ni uno. Los calló todos. Únicamente hizo mención de los de corte horizontal, los preceptos sociales.

Y, además, trasladó al último lugar el primero de ellos, el relacionado con la familia. Según su respuesta, para alcanzar
la vida del más allá no es preciso ser religioso. ¡Ni siquiera él es necesario para lograr hacerse con ella!
El magistrado no se atrevió a protestar contra la respuesta dada por Jesús. Y como reclamaba mayor seguridad al estimar que esos preceptos sociales lo cumplía (“Todo eso lo he cumplido desde joven; v. 21), el Galileo le ofrece otra alternativa:
“Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes y repártelo a los pobres, que tendrás en Dios tu riqueza; y, anda, sígueme a mí” (v.22).

La opción que Jesús le planteaba, sentir YA la dicha de la Salvación, coincide con la primera bienaventuranza de Mateo y la de Lucas:
“Dichosos los que eligen ser pobres, porque esos tienen a Dios por rey” (Mt 5,3).
“Jesús, dirigiendo la mirada a sus discípulos, dijo:
– Dichosos vosotros los pobres porque tenéis a Dios por rey” (Lc 6,20).

Pero por ahí no pasó el magistrado. Y es que estaba forrado (“se puso muy triste, porque era riquísimo” v. 23). Rechazó, pues, la alegría de vivir y se quedó con la desazón y la tristeza en espera del más allá. La reacción del Galileo no tiene desperdicio. Da que pensar:
“Viéndolo tan triste dijo Jesús:
– ¡Con qué dificultad entran en el reino de Dios los que tienen el
dinero!” (v.24).

Resulta evidente: Una cosa es la vida en el más allá y otra es la que comienza aquí con el reinado de Dios, la sociedad alternativa propuesta por el Galileo. Una gran dificultad para acceder a ella está en el bolsillo.
Pero, entonces, cabe preguntarse: ¿Qué es la Salvación? ¿Cuándo comienza?
¿Y cómo conseguirla? El relato de Lucas referido al tercero de los inquietos personajes dará respuesta a estas cuestiones.