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El tono general de la encíclica Magnifica Humanitas del papa León XIV es, en términos generales, positivo. Lle-ga incluso a considerar la inteligencia artificial como un instrumento al servicio del acto creador de Dios.Sin embargo, también advierte los riesgos y amenazas que puede representar.
A lo largo de toda su exposición plantea una pregunta fundamental: ¿qué imagen del ser humano presupone y promueve la IA? ¿Qué tipo de so-ciedad pretende construir?No se trata únicamente de verificar si sus efectos son beneficiosos o perjudiciales. Se trata de identificar y someter a crítica sus presupuestos antropológicos y so-ciales, preguntándose si mejoran o no la condición hu-mana y si favorecen una mayor justicia social a escala planetaria.
1. La centralidad de la razón como voluntad de po-der y de control
Diría que la inteligencia artificial constituye la expresión más elevada del paradigma de la modernidad. Sus pa-dres fundadores —Descartes, Newton, Copérnico,Francis Bacon y otros— colocaron a la razón como va-lor central.Pero no se trataba de cualquier razón, sino de una ra-zón al servicio del poder entendido como dominación de personas, clases sociales, países (colonialismo) y,principalmente, de la naturaleza. Es célebre la frase atribuida a Francis Bacon, fundador del método científi-co: «Debemos torturar a la naturaleza como un verdugo tortura a su víctima, hasta arrancarle todos sus secre-tos».
La razón se tradujo rápidamente en una práctica y dio origen a la tecnociencia, que domina nuestra historia hasta el día de hoy, encontrando en la inteligencia arti-ficial su máximo punto de honor.Esta centralidad de la razón (ratio y logos) se apoyó especialmente en la física y en la matemática, catego-rías válidas, pero incapaces de captar adecuadamente la naturaleza de los seres vivos.
Este paradigma difícil-mente integró otras dimensiones humanas, como las del corazón (eros y pathos), que representan el mundo de las excelencias, del amor, de la amistad, de la com-pasión, de la ética y de la espiritualidad.Llevada a su extremo, esta visión produjo seres huma-nos afectados por una especie de lobotomía: se volvie-ron insensibles a los valores intangibles, especialmente a la compasión hacia quienes sufren, al respeto de los derechos humanos y al cuidado de la naturaleza.
Para estos pensadores fundadores, el mundo natural no posee sentido en sí mismo, salvo cuando está pues-to al servicio de los seres humanos.Lo mismo ocurrió con la Tierra, que en las tradiciones de los pueblos siempre fue considerada la Gran Madre,generadora de toda vida, la Pachamama de los pueblos andinos y la Gaia de los modernos.
Ellos la redujeron a una res extensa, una realidad ex-tensa y un simple depósito de recursos a partir del cual generar y acumular riqueza.Esta cosmología subyace a la inteli-gencia artificial. Ella representa una razón desencarna-da y separada del cuerpo; por eso es artificial.También está desvinculada de los sentimientos reales,y no solo de los virtuales; de las situaciones existencia-les propias de la condición humana, como la alegría, la tristeza, la decepción, el sufrimiento y el amor, que exi-ge presencia real, caricias y afecto sensible, y no úni-camente virtual.
En ello reside la limitación de todas las plataformas de inteligencia artificial. Pueden hablar del amor e incluso despertar sentimientos amorosos en quien las utiliza,pero no son ellas quienes secan las lágrimas, garanti-zan la fidelidad o sostienen la lealtad propia del amor verdadero.Existen diversos tipos de inteligencia artificial, cada uno orientado a determinados fines.
El Papa se refiere a las amenazas que pueden representar, prácticamente to-das ellas bajo dominio privado, al menos en Occidente.Neurólogos como Miguel Nicolelis han observado que las neuronas cerebrales están siendo afectadas negati-vamente por la excesiva exposición a las ondas elec-tromagnéticas. Steven D. Shaw acuñó una expresión que fue asumida por la comunidad científica: la rendi-ción cognitiva.
Esta rendición significa que cada vez más personas re-nuncian a pensar por sí mismas y delegan en la inteli-gencia artificial su propio pensamiento, convirtiéndose en seguidoras de sus instrucciones. La inteligencia na-tural, en cambio, es reflexiva: incorpora la duda, la in-certidumbre, la búsqueda y el encuentro con una reali-dad que ofrece resistencia y que cambia continuamen-te.
Desde el punto de vista político, esta delegación puede facilitar que los extremismos se apoderen de la socie-dad. En palabras del brillante intelectual francés Jac-ques Attali: «La barbarie puede llegar a ser probable; el político —afirma— es como un corcho flotando a la de-riva en la tormenta de las pasiones».
2. Los riesgos de la IA autónoma
Un riesgo extremo lo representa la inteligencia artificial autónoma con sus miles de millones de algoritmos. Se le han delegado decisiones que escapan al control hu-mano. ¿Podemos delegar nuestro destino sin renunciara la libertad de construir nuestro propio camino?Esta es una cuestión filosófica y antropológica de la mayor gravedad.
Los seres humanos terminan renun-ciando a aquello que constituye el núcleo de su huma-nidad: la libertad de hacer su propia historia.La IA puede tomar decisiones internas que perjudiquen a sectores enteros de la humanidad. En el límite, podría llegar a considerar que la humanidad, o una gran parte de ella, constituye un obstáculo para su propia repro-ducción y desarrollo, y decidir eliminarla.
Una vez crea-da, difícilmente puede ser sometida a control. Puede incluso detectar esa intención y anticiparse organizando sus propias defensas.Mención especial merece la inteligencia artificial Palan-tir, que debe ser citada y también denunciada.
A dife-rencia de Anthropic, fundada por Dario Amodei, una delas mayores plataformas, que mantenía ciertos paráme-tros éticos hasta el punto de rechazar dos solicitudes formuladas por la administración de Trump que la había contratado: de controlar lo más posible a la población estadounidense y desarrollar aplicaciones bélicas—,Palantir aceptó ocupar inmediatamente ese lugar.
Palantir es, probablemente, la plataforma más perversa,pues su objetivo no es tanto económico como de poder:controlar en la mayor medida posible poblaciones ente-ras y facilitar el uso militar de la inteligencia artificial.
Esto se habría aplicado con precisión en la Franja de Gaza por parte del ejército israelí y también en la gue-rra de Estados Unidos contra Irán.Este simple ejemplo permite comprender hasta dónde puede conducir la exacerbación de la razón humana cuando se separa de la totalidad compleja y multifacéti-ca de lo humano, poniendo en riesgo la civilización y la propia vida.
Sin embargo, seguimos creyendo en la racionalidad de la razón cuando esta se somete a una instancia supe-rior: la sabiduría existencial. Ella puede impedir que la razón se vuelva completamente irracional y construya los medios para la autodestrucción.La vida siempre se ha mostrado más fuerte que todos los ataques sufridos a lo largo del proceso evolutivo e histórico.
Por eso la esperanza nunca puede ser aban-donada. La alternativa sería el suicidio colectivo, que jamás debería tener la última palabra.Vale aquí el «esperanzar» de Paulo Freire: crear las condiciones y los medios para que la esperanza se vuelva viable y triunfante.
Todas las plataformas de in-teligencia artificial deberían estar al servicio de la vida y de su expansión.*
Leonardo Boff es ecoteólogo y filósofo. Escribe para larevista LIBERTA del ICL(https://www.revistaliberta.com.br)Fue durante muchosaños profesor de Teología Sistemática y de Filosofía dela Ética y de la Religión, miembro de la Iniciativa Inter-nacional de la Carta de la Tierra y autor de numerosasobras. (https://www.leonardoboff.org).(amerindiaenlared.org)

