Cico fotografías de la fe (III): La mujer que se desangraba -- Salvador Santos

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El caso de la mujer con flujos de sangre en Mc 5,24-34; Mt 9,20-22 y Lc 8,42-48 es el tercer episodio donde, según el Evangelio de Marcos, Jesús habla de la fe.
Los tres evangelistas concuerdan literalmente en esta afirmación de Jesús: “Hija, tu fe te ha salvado” (v.34).
¡La fe salva!

La salvación no se produce fuera de la historia, sino en la vida ordinaria.
La acción liberadora nada ha tenido que ver con una intervención divina o una iniciativa de Jesús. Únicamente la mujer ha logrado con su acción determinante (fe) salir del rincón inhumano a la que había estado relegada y conseguir una nueva vida.

Arriesgó para ganarla. Ella misma rompió con su situación marginal
para obtener la plena condición humana, la que le había sido arrebatada por el hecho de ser mujer.
“…llevaba doce (‘doce’ es símbolo de pueblo) años con un flujo de sangre…,
había sufrido mucho por obra de muchos médicos y se había gastado todo lo que tenía sin aprovecharle nada, sino más bien poniéndose peor…” (v.26)

Marcos grabó su lección: el impulso decidido de los marginados hacia la libertad les devuelve la esperanza y el futuro. La fe de la mujer (figura doblemente representativa: de las mujeres y del pueblo) conquista la auténtica relación humana, la que se establece desde planos de igualdad. Jesús la llama como al paralítico: “hija” (???????). La acoge como integrante de su Proyecto al mismo
nivel de los discípulos. Ella se jugó la vida para ocupar el lugar que le corresponde: el más alto. El Galileo se lo ha reconocido.

La valiente mujer tenía constancia sobrada de que no podía esperar una solución venida de fuera. Confiar en quienes tenían la responsabilidad de rehabilitarla solo le había acarreado desgracia tras desgracia. En esos vanos intentos llegó a despojarse de todo cuanto le pertenecía como mujer. Desengañada por el
interminable fraude de hombres e instituciones, decidió intervenir por su cuenta, convencida de que para alcanzar sus metas resultaba ineludible ponerse en camino y enfrentarse a todos los obstáculos.
¡La fe renuncia a esperar!

Al igual que los cuatro porteadores y el paralítico, la mujer tampoco habló. Se limitó a llevar su decisión hasta el límite. Marcos describe así su actuación:
“Acercándose entre la multitud, le tocó por detrás el manto” (v.27).
En este caso, la mujer afectada de impureza crónica infringía gravemente la Ley con el consiguiente riesgo para ella y para el tocado.

La Ley representaba un obstáculo para la fe. Ella, sin embargo, no se conformó y buscó la manera. Los del paralítico eligieron entrar por el tejado a base de golpes y destrozos. Ella optó por el único camino a su alcance: el disimulo y la entrada cautelosa por detrás.
Se acercó, pues, de tapadillo, aunque con arrojo, procurando que su acción no se notara.

¡Pero la fe se nota! Marcos registró su dinamismo paso a paso.
Al Galileo tampoco se le escapó la maniobra de la mujer a pesar de los apretones de la multitud.

Según este impresionante relato de Marcos, tener fe se identifica con:
– Superar el obstáculo de las masas y la Ley
– abrirse paso con inteligencia y astucia por la vía menos vistosa
– agarrarse al Galileo que pasa.

Los pasos dados por ella para conseguir una vida en condiciones no solo vencieron el impedimento que representaba la multitud, sino que, al darlos, ella consiguió saltar por encima de los preceptos. La opción elegida por esta atrevida mujer para liberarse de la Ley que la tenía marginada la condujo directamente a su salvación.
El Galileo llamó fe a los pasos que ella dio con arrojo de mujer.