Comentarios sobre el sacerdote Rafael Vez Palomino -- Fani García.

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

Fuente: Redes sociales
He escuchado algunos comentarios relacionados con el sacerdote Rafael Vez Palomino. Críticas sobre su decisión de no aceptar la propuesta realizada por el Administrador Apostólico y diatribas sobre los intereses que le han movido a rechazarla. Borrón y cuenta nueva es la propuesta, eso dicen, y se preguntan

¿Cómo es posible que rechace una bicoca tan generosa? ¿Es que no desea volver al ministerio? Lo tildan de soberbio, de orgulloso, y el colmo de los observaciones, de interesado únicamente en el resarcimiento económico.

Curiosamente esas críticas proceden de personas que nunca han descolgado el teléfono para llamarle y saber de él. Personas que no le conocen y que además desconocen los datos relevantes de un proceso, largo, tedioso, sórdido, pesado, que juega al desgaste, a la desesperación y que pesa cada día más precisamente porque parte de la maniobra consiste en convertir en culpable al que lucha contra la injusticia.

Un proceso con desigualdad de contrincantes, como lo fue aquel David delante del enorme Goliat, pero en aquel pasaje todos nos posicionamos junto al frágil e ingenuo pastorcito que confiaba en Dios y que ganó limpiamente al opresor con su determinación y valor. Significativo es que ahora la mayoría ve a Goliat como un buen samaritano. No tenemos memoria, o simplemente no queremos tenerla.

Y me he dado cuenta de que la gente no habla de aquello que ha sucedido, no habla porque no quiere recordar lo que ha generado la suspensión cautelar que desde hace 6 años lleva padeciendo Rafael Vez. Es mejor no remover la porquería, seguir hacia adelante, cada uno con su vida y dejar en la cuneta a los que quedaron allí no sea que nos pase como a la esposa de Lot.

La gente reduce una trayectoria entera a un único punto para emitir un juicio que es, en sí mismo, un prejuicio, sofisticado y peligroso, en tanto en cuanto coarta nuestra propia libertad, presente y futura, para luchar contra lo injusto, y nos señala más que define a la persona señalada. Crean una identidad a partir de un gesto que no comprenden porque no conocen la totalidad de la historia.

Un artículo, una publicación en redes, ha sido suficiente para convertir en severos acusadores a personas que prefieren criticar una postura, una lucha que, paradójicamente, también fue su lucha, pero que entienden que ahora, muerto el perro ya no tiene mucho sentido combatir contra la rabia, aunque esa rabia haya dejado a muchos sin trabajo, sin hogar, apartados de la fe, expulsados de las parroquias, alejados de las catequesis, exiliados a otras diócesis, marginados en el camino de los señalados… ¡qué poca memoria tenemos! Preferimos rezar al Dios de las alturas a mirar al Jesús de las trincheras.

Aceptar la propuesta es admitir que todo lo que denunció Vez no era cierto. Aceptar la propuesta es señalarse como mentiroso.

Aceptar la propuesta es confirmar que el obispo al que señala tenía todo el derecho a ejecutar todas y cada una de las acciones que llevó a cabo durante su episcopado, en la forma y en el fondo, y que cuestionarlas fue un error por su parte. Aceptar la propuesta es ser incongruente con su fe.

Aceptar la propuesta es señalarse como un hipócrita que habla de cuidar al marginado pero que calla y se desdice de lo denunciado.

Aceptar la propuesta es renunciar a la defensa del oprimido. Aceptar es negar que la verdad nos hace libres. Aceptar es tapar, mirar a otro lado, encubrir, ocultar, silenciar, esconder, tergiversar,… Aceptar la propuesta es transformarse en lo mismo que denuncia.

Realmente la tibieza es uno de los pecados más descarnados que existen. Nos diluye en la apatía más absoluta, lenta y silenciosamente. Paraliza nuestras creencias y nos transforma en católicos laxos, de oraciones elevadas, lengua rápida y manos estáticas.

Criticar la decisión de Rafael Vez sin ni tan siquiera indagar un poco, no digo en profundidad, todo lo que este proceso arrastra, todo los entresijos que lo conforman, la gran maraña que esconde y que realmente es tan difícil de esclarecer como de entender, es a mi modo de ver, una gran osadía.