América Latina en tiempos de Trump. Análisis del presente y proyección del futuro inminente -- Nacho Dueñas, cantautor e historiador

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1. Recursos, integración y rapiña
Abya Yala (nombre más apropiado para citar al subcontinente en cuanto que carece de matiz eurocéntrico alguno) tiene todos los recursos para, por una parte, acceder a un más que aceptable desarrollo económico y social y, por otra, ser objeto de
la codicia de potencias foráneas que pretendan apropiarse de sus ingentes recursos (verdadero móvil del secuestro de Maduro, y no la democracia ni los derechos humanos).

De esta manera, tiene suficiente litio (Bolivia) para los celulares de casi toda la humanidad, alimentos (el Chaco, la Pampa…) para alimentar a casi toda la humanidad, oxígeno (Amazonía) para la respiración de casi toda la humanidad, petróleo (Venezuela)
para la movilidad de casi toda la humanidad, agua (Amazonía) para dar de beber a casi toda la humanidad, y materiales raros (Venezuela) para los dispositivos de IA de buena parte de la humanidad.

A causa de esto, es vital la unidad que evite el expolio de tales
recursos, como han manifestado numerosos personajes del subcontinente, entre ellos Pepe Mujica, Hugo Chávez y Leonardo Boff.
Por ello, ya Simón Bolívar (de quien Rafael Correa sostiene que “pensaba en siglos y miraba en continentes”) trató de aplicar una integración que, a partir del concepto emocional de Patria Grande, abarcó lo que luego fueron Panamá, Colombia, Venezuela y Ecuador, en la efímera Gran Colombia (cuyo precedente fue el proyecto mirandino de Colombeia).

Este intento tuvo la finalidad de mantener la unidad latinoamericana contra el expansionismo norteño enunciado por la Doctrina Monroe (“América para los americanos”) en 1823. No obstante, los caudillismos criollos emergidos tras la guerra de independencia contra los realistas españoles, consistentes en que los numerosos
héroes de dicho proceso bélico querían ser los caudillos de un determinado territorio, fragmentaron el subcontinente.

Este, por tanto, a causa de tal fragmentación, puedo ser integrado, según el concepto de Sistema-Mundo de Wallerstein, en el esquema de la División Internacional del Trabajo, en el marco de las revoluciones industriales decimonónicas, mediante el
cual los países subdesarrollados exportaban materias primas (el cacao de Ecuador, el cobre de Chile, el caucho de Brasil, la carne de Argentina…) e importaban productos manufacturados, mediante un comercio asimétrico en el que las potencias que se estaban desarrollando (Gran Bretaña, Alemania, Francia, EEUU…) vendían caro y compraban barato, de modo que dicho comercio presentaba una balanza de pagos cada vez más deficitaria, causa de un subdesarrollo que continúa hasta nuestros días por un neocolonialismo comercial (ITT, El Teniente, General Motors, ExxonMobil…), financiero (FMI, BM, OMC, BID…), mediático (CNN, Fox, El País, BBC…), militar
(marines, IVª Flota), golpista (embajadas, CIA, USAID, NED, CINCO…) o digital (Meta, Google, Facebook, IA…).

2. La actualidad de América Latina tras la decadencia de la década chavista Durante la primera década del presente siglo, la izquierda ocupó casi todos los gobiernos y llevó a cabo un excelente desempeño, por lo que la esperanza de una revolución social cobró una actualidad que, en el presente, se viene abajo por
momentos. Ante la pregunta de, ¿cuál es el momentum de América Latina hoy día?, Rafael Correa responde que depende del elemento comparativo.

Si se le compara con la década ganada (la de la hegemonía chavista), estamos bastante peor. Pero se trató de un tiempo de excepcionalidad de difícil repetición. La izquierda ganó el 95% de las elecciones, se logró, gracias a las políticas sociales de sus gobiernos, un descenso inédito de la pobreza (según la CEPAL, 100 millones de
latinoamericanos salieron de la pobreza); se refundaron países por la vía, escrupulosamente democrática, de los procesos constituyentes (Venezuela, Ecuador, Bolivia), y se crearon excelentes mecanismos de integración (Celac, Unasur, Alba, Banco del Sur…). Eran tiempos de esperanza, gracias a una derecha en shock que tardó
en reaccionar para crecer y articularse, lo que ya ha logrado, como se advierte en los numerosos líderes de extrema derecha que han tomado el poder en varios países ya en la actualidad.

Si se le compara con los años 60’ y 70’, estamos infinitamente mayor. La miseria, la pobreza y el hambre eran mucho mayores, no solo en intensidad sino en alcance demográfico. Las tasas de pobreza se encontraban en torno al 65%, y la extrema pobreza sobre el 40%. Hoy las cifras son muy inferiores, como luego veremos. Además,
en el contexto de la Guerra Fría, hubo una serie de dictaduras funcionales a EEUU y al FMI altamente represivas, donde las torturas, los asesinatos, las violaciones y las
masacres crearon todo un estado de terror.

Si se le compara con los años 80’, y 90’, también estamos bastante mejor. Una vez que los militares hicieron su trabajo (desaparición de la dirigencia de izquierdas mediante la eliminación física, y la de sus bases mediante el terror), se retiraron a sus
cuarteles, y las elecciones recién convocadas las ganaron las derechas (¿cómo no, si habían exterminado a las izquierdas?). Estas derechas, en el contexto del neoliberalismo de la Comisión Trilateral, del Consenso de Washington y del efímero mundo unipolar
celebrado por Fukuyama y por Huntington, aplicaron las recetas neoliberales de Friedman y Von Hayek.

El resultado fue dantesco, como ha estudiado el economista
Joaquín Estefanía en su obra Aquí no puede ocurrir: en el marco de la crisis estructural del capitalismo planetario, en América Latina quebraron las economías de Brasil (“el efecto tango”), México (“el efecto tequila”), Ecuador (el feriado bancario), Venezuela
(el petróleo como “excremento del diablo”). Consecuencias: tasas de pobreza que puntualmente alcanzaron el 70%, destrucción de los sistemas bancarios (en Venezuela se arruinaron todos los bancos, en Ecuador todos menos uno).

La emigración, la desnutrición y la miseria se dispararon. Y el dolor por el terror militar se sustituyó por la angustia y desesperación por la nueva crisis, lo que ha analizado el teólogo José María Vigil.

2.1. Análisis del actual mapa geopolítico de América Latina

-Fin de la hegemonía de las izquierdas.
En la actualidad, los únicos gobiernos de izquierdas son, prácticamente, Uruguay, Brasil, México, Cuba, Venezuela (estos dos últimos agotados por un acoso inaudito) y Nicaragua. Los demás, de derechas, son principalmente Argentina, Chile, Paraguay,
Bolivia, Ecuador, Perú, Colombia, El Salvador, Honduras.

Este cambio se debe, principalmente, a la articulación de las oligarquías (el Nuevo Plan Cóndor, que ha cambiado la represión por estrategias más sutiles), la injerencia de EEUU y Europa, la mentalidad neoburguesa de buena parte de la población sacada de la
pobreza la década anterior (el Síndrome de Doña Florinda), el binomio lawfare-manipulación mediática (Ecuador, Brasil, Argentina), el golpismo y juego sucio electoral (Bolivia, Perú, Ecuador, Honduras, Brasil), y la ausencia de programas de formación política por parte de los partidos de izquierdas, que son meros engranajes
electorales.

-Auge de los gobernantes ultraderechistas.

Así, Bukele en El Salvador, Milei en Argentina, de la Espriega en Colombia, Noboa en Ecuador, Bolsonaro -hace cuatro años- en Brasil, Kast en Chile y Fujimori en Perú.

La explicación a este auge se debe a la figura y el apoyo de Trump, la labor paciente desde hace décadas de numerosos tanques de pensamiento (universidades privadas, fundaciones, editoriales, periódicos, cadenas de televisión…), así como a agresivas
campañas electorales y al hecho de que en tiempos de crisis epocales (cambio climático, riesgo de guerra nuclear, quiebra antropológica causada por el fetichismo tecnológico) los discursos simplistas, maniqueos y cargados de chivos expiatorios -rojos y pobres por
lo general- seducen a gente descontenta dispuesta al autoengaño de aceptar soluciones rápidas a problemas complejos.

-Centrismos acomodaticios de las izquierdas moderadas.
Debido a la presión de EEUU y de sus respectivas oligarquías y, sobre todo, al carecer del polo de atracción de las izquierdas más radicales, constituido por lo que fue el Alba (Cuba, Nicaragua, Venezuela, Bolivia y Ecuador, principalmente, hoy en estado
de desguace), estas izquierdas se muestran cada vez más moderadas.

He ahí el ejemplo de un Chile que en tiempos de Bachelet ya era demasiado centrista y que con Boric ya constituyó casi todo un fraude ideológico; o el de Uruguay que por sus excelentes
indicadores socioeconómicos no necesita mayor radicalidad de gestión.

Otro caso es Brasil, que al carecer de hegemonía parlamentaria, siempre he sido muy moderada (si bien Lula en cada periodo hizo caer la pobreza ostensiblemente y sacar al país carioca del mapa del hambre). No ha tocado, por tanto, los privilegios de
las élites, ha pactado con políticos neoliberales y no ha realizado la reforma agraria.

Más lamentable ha sido la actitud de Lula con Venezuela: cuando mayor era la asfixia económica del país caribeño por el bloqueo criminal de EEUU (que según los economistas Mark Weisbrot y Jeffrey Satchs ha podido matar a 40.000 venezolanos,
pudiendo ser constitutivo de un delito a investigar por un tribunal penal internacional), se opuso a la entrada de Venezuela a los BRICS. Además, pidió la repetición de las elecciones en las que el delfín de Mª Corina Machado se autoproclamó presidente, a
despecho del informe técnico de la empresa norteamericana Nescout, donde se verifica que -con el silencio cómplice de la prensa libre e independiente- el sistema informático del Consejo Nacional Electoral sufrió un ciberataque que impidió la recepción de las
actas y su publicación. ¿Por qué Lula le hizo el juego a una oposición tramposa y sanguinaria contra un sistema electoral que, según el Centro Carter, es el mejor del mundo y donde hacer trampas es técnicamente imposible?

-Hostigamiento a las izquierdas más radicales hasta su actual desmantelamiento.
El disco duro de las izquierdas son los países del Alba, los cuales casualmente son los que mayor descenso de la pobreza han logrado, y las reformas políticas han sido las más democráticas. Sin embargo, todas han padecido el golpismo y la manipulación mediática. Sin nacionalizar la banca ni las grandes empresas, sus medidas en rigor son más keynesianas que socialistas (salvo Cuba): aumento de la tasa impositiva y de la progresividad fiscal de cara a la inversión social, y nacionalización vía justiprecio de algunas empresas estratégicas.

Ecuador cayó por la traición de Lenín Moreno y por el juego sucio y represivo de los posteriores gobiernos, Bolivia por la división del MAS y por el hostigamiento de las oligarquías, Nicaragua venció un terrible intento de Golpe de Estado en 2018, disfrazado de levantamiento popular y protagonizado por gente manipulada por la
oligarquía nicaragüense y el gobierno de EEUU; Venezuela sufrió el secuestro de Maduro, de modo que Delcy parece estar realizando las concesiones necesarias para evitar la caída, mantenerse y ganar tiempo (a semejanza del Tratado de Brest-Litovsk en el que Lenin entregó grandes territorios para no caer), pero no sabemos si luego tendrá capacidad de recuperar lo cedido y enrumbarse de nuevo hacia la redistribución de la riqueza.

Cuba está a punto de sufrir un ataque parecido al de Venezuela, de modo que sus días pueden estar contados.

2.2. Interpretación general de la actual coyuntura
Se ha pasado del mapa de una izquierda hegemónica con una ramificación radical, frente a unas derechas minoritarias y a la defensiva, en solo década y media al mapa de unas izquierdas centristas e inocuas sin izquierda radical a su izquierda, y con un frente de hasta siete presidentes de ultraderecha. Esto no es ni buen indicio ni buena causa de nada.

Sin embargo, según datos de la CEPAL, la pobreza en América Latina ha registrado en 2025 las tasas más bajas de toda su historia, en torno al 24%. Ello se debe a dos factores. El primero es que los mayores descensos se han producido en Brasil, México y
Colombia, países con gobiernos de izquierda y de gran población (solo Brasil tiene unos 220 millones frente a los 660 de América Latina).

El otro es la inversión china, la segunda en la región tras EEUU. La inversión china, a diferencia de la anglosajona, no
solo es menos asimétrica (ni vende tan caro ni compra tan barato) sino que a su paso deja desarrollo social, a diferencia de la norteamericana, que solo genera deuda y balanza de pagos cada vez más deficitaria.

A nivel planetario, podemos cometer el error de analizar la gestión de Trump basándonos en sus obvias carencias éticas o en sus salidas de tono. Pero detrás hay toda una estrategia de poderes ocultos que ignoramos (según Alfredo Jalife, el establishment
estadounidense se divide entre los globalistas de Soros y los aislacionistas petroleros de Rockefeller quien, según Jalife, subvenciona a Marcos Rubio). Es decir, la política de
EEUU utiliza a la persona de Trump y su histrionismo para tapar una serie de intenciones muy racionales en un contexto de decadencia no asumida.

Así, las bravatas de las sanciones a medio mundo y las declaraciones anexionistas son torpes estrategias a la desesperada para evitar que numerosos países (otros ya lo hicieron antes) se vayan a la órbita comercial china. Los países emergentes de los BRICS ya ocupan el 40% de la demografía, el comercio y el petróleo mundiales, y su
referente es China, no EEUU. Además, y esto es muy significativo, el comercio ruso-chino ya prescinde del dólar en sus transacciones (se comenta que el trasfondo de la caída de Hussein y la de Gadafi fue que estos ya lo intentaron).

En este marco de pérdida de hegemonía, EEUU ha llevado a cabo dos movimientos enunciados en la Estrategia de Seguridad Nacional. Este documento oficial referente a la política internacional proclama, primero, que el país anglosajón renuncia a toda
influencia salvo la más cercana (América Latina). Esto es bueno porque desactivaría esa bomba de relojería que es Taiwán, pero ya dicha estrategia ha sido violada por su propio
firmante al atacar (innecesaria y torpemente) a Irán. En segundo lugar, en Suramérica ha reactivado e intensificado la Doctrina Monroe, ante el auge imparable de la inversión china y la pérdida de socios comerciales y de influencia económica y geoestratégica.

Así se comprende el secuestro de Maduro para robar el petróleo venezolano, lo cual venía sucediendo hasta que Hugo Chávez nacionalizó de facto la industria petrolera,
como analiza Michael Collon.

Y la inminente intervención quirúrgica en Cuba. Tras estos, y caídos previamente Ecuador y Bolivia, solo quedará Nicaragua. Contra esta, la USAID y la NED seguirán invirtiendo en desestabilización y volverán a intentar ganar
las elecciones o dar otro golpe suave, modelo Gene Sharp, donde no se reprime a la gente, sino que se la manipula para, mediante la creación de un shock emocional de masas inducido por las redes sociales, creer levantarse por la justicia cuando en realidad
lo hacen contra la oligarquía que les manipula.

3. El inminente e hipotético mapa geopolítico
Desaparecida la izquierda radical, o reducida a dimensiones anecdóticas, quedará una izquierda no transformadora (como las terceras vías de Toni Blair, Bill Clinton y
Felipe González en los noventa) y una suerte de gobiernos derechistas y ultraderechistas, lo cual impedirá la creación de medidas sociales redistributivas en un contexto neoliberal.

Sin embargo, pese al juego sucio de EEUU para expulsar a China como
competencia inversora en la región (amenazas a México y Panamá, asfixia a la economía de Cuba, expolio del petróleo de Venezuela…), no creemos que vaya a ser tan fácil eliminar al país asiático cuya inversión sí genera desarrollo y bienestar social.

Ahora bien, la evolución del subcontinente depende de numerosas variables:
-Que las derechas dejen de ganar las elecciones y las izquierdas vuelvan a ganarlas.
-Que la gestión de las derechas sea catastrófica como lo viene siendo en el caso de Bolsonaro y Noboa.
-Que la inversión china no sea expulsada del área (no creemos que sea tan fácil).
-Que, como diría Álvaro García Linera, esto solo sea un reflujo temporal, y surja otro ciclo revolucionario, en cuanto al surgimiento de otra generación de líderes y de bases.

-Que la izquierda se organice y haga de sus partidos, hoy meros engranajes electorales, masas en constante movilización y formación, como sugiere Juan Carlos Monedero.
-Que EEUU asuma dignamente su nuevo papel de segundón ante el inevitable auge de China y los BRICS (a semejanza de lo que hizo la Europa de entreguerras frente al inevitable auge de EEUU y Japón), lo cual le permitiría mantener su nivel de vida,
evitaría conflictos innecesarios y compartiría con China el comercio con el subcontinente latinoamericano.

Consideramos extinguida la marea rosa o década ganada (la de Chávez), y creemos que llegará otro ciclo de izquierdas, contando con el precedente del chavismo, de excelente desempeño, como sabe cualquiera que analice con un mínimo de honestidad
intelectual los informes de los organismos internacionales (CEPAL, PNED, FAO, FMI, Unesco…) y coteje la prensa comercial. Para ello, se requiere tener en cuenta los siguientes factores:

-Deben multiplicarse los medios contrahegemónicos de comunicación (Fidel Castro ya sostuvo que el campo de batalla de nuestros días es el de la opinión pública), para contrarrestar toda una labor de verdadera “lobotomía intelectual”, como diría el sociólogo Carlos Elías Pérez.

-Hay que seguir generando un pensamiento emancipatorio, en la línea de la teología de la liberación (Boff), la filosofía de la liberación (Dussel), la decolonialidad (Mignolo), las epistemologías del sur (de Souza Santos) o el indigenismo (Estermann).
-Mantener una actitud militante integral que contemple la espiritualidad, el pensamiento crítico, la formación (no meramente academicista), la cultura y la creatividad, el activismo inteligente (integrando no solo la movilización y el voto, sino otros elementos como el boicot y el consumo alternativo como arma política), y una
organización flexible, horizontal, asamblearia y no autoritaria; y llenarla de valores feministas, indigenistas, ecologistas y contraculturales.

-Recordar que los restos de cada ciclo son la base del siguiente: Fidel viene de las luchas sesenteras y se integró a la marea rosa. Esta será el precedente del próximo ciclo, cuyos líderes hoy están ingresando a la universidad o al sindicato, como hace décadas
Chávez ingresó a la academia militar, Lugo a la sede episcopal o Correa a la facultad de economía.

-No sabemos cuándo será, pero sabemos que será, y hay que estar en constante preparación. Será cuando menos lo esperemos. Al comenzar el presente siglo, con la hegemonía epistémica, geopolítica y electoral de las derechas, y con el trauma de la
represión de los 70, surgió toda una nómina de líderes capaces (Chávez, Evo, Lula, Correa, Ortega, Mujica…) y toda una masa de votantes, de debajo de las piedras.

De cara a dicho emerger, América Latina tiene numerosos elementos a favor:
-El peso de una teología de la liberación, mediante la cual Dios cambia de bando, lo cual encauza las energías espirituales (algo que el cientificismo marxista no pudo ver) a favor de la revolución, toda vez que la religión que no siempre es el opio del pueblo ni
tenemos por qué entregársela a las fuerzas oligárquicas.

-El peso de todo un pensamiento autóctono en el marco de la transmodernidad y la decolonialidad, que permita analizar América Latina con mirada latinoamericana, como paso previo a la transformación social (Stedile dice que a la vez que la liberación de la tierra se debe llevar a cabo la liberación de las mentes).

-El peso de la sabiduría espiritual, filosófica, antropológica y social de los indígenas, como ha estudiado el teólogo suizo Josep Stermann, quien sugiere en su obra Filosofía andina que esta no es menor que la europea.

-El peso de toda una tradición de revolucionarios a analizar y aplicar, tales como Tupac-Amaru, Hidalgo, Morelos, Martí, Cárdenas, Fidel, Chávez o Correa.
-El peso de un feminismo sin el cual no se puede llevar a cabo revolución alguna, y cuyo peso crece irreversiblemente a marchas forzadas.

-La necesidad de una integración real para defender el agua, el petróleo, el litio, el oxígeno, el alimento, los materiales raros. O nos unimos o nos expolian.

Conclusión
“Donde te encontré ha pasado algo /donde no soñé que fuera posible”, reza una canción de Silvio Rodríguez y de Pablo Milanés que bien podría representar la irrupción inesperada de la década ganada y del próximo ciclo revolucionario que ya hay que ir construyendo. Con los restos de la quema. Venezuela, Cuba y Nicaragua no han caído, y
pueden volver a erguirse con su lucha y nuestra solidaridad. ¡Sí se puede!

Los milagros existen, y eso fue lo que pasó hace 20 años en Venezuela, 50 en Nicaragua, 70 en Cuba…pero el sistema tuvo que luchar contra ello. Y es que, como escribió Juan Ramón Jiménez, “si veis una rosa distinta, cortadla”. La prensa del sistema se encargará del resto. Pero la energía ni se crea ni se destruye, solamente se transforma. “La esperanza no muere, y si muere resucita”, decía Rodolfo Izal, cura navarro que acompañaba al pueblo chiapaneco en su lucha de liberación.

“Los milagros existen, y los hace el pueblo”, dijo Fidel. Y Pedro Casaldáliga que “somos soldados derrotados…de una causa invencible”.