Manual para entender una política enloquecida -- Carmen Gómez Cotta

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

Fuente: Leandro Sequeiros
Creo que puede ser de interés para una reflexión interdisciplinar en ASINJA
El orden liberal internacional al que estábamos acostumbrados ha cambiado. Es una severación de analistas y politólogos que lelvan haciendo desde hace ya algunos años. Pero ¿Cuándo empezço esa transformación? ¿Qué la carateriza y hacia dónde nos conduce?
Repasamos las principales claves que nos ayudan a comprender estos timepos convulsos

Junio de 1944. Las tropas aliadas desembarcaron en Normandía para
comenzar la liberación de Europa de los nazis. La Operación Overlord,
una ofensiva militar sin precedentes, allanó el camino hasta el Día de la
Victoria, en mayo de 1945, cuando la Alemania de Hitler cayó. Pocas
veces el mundo ha estado tan cerca de ser tan distinto.

Con el objetivo de evitar guerras de semejante calibre, además de
promover la cooperación política y garantizar la estabilidad económica,
las potencias vencedoras diseñaron un orden internacional basado en
dos pilares fundamentales: uno financiero —con el Fondo Monetario
Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio—
y otro político —con las Naciones Unidas—.

Nacía así una nueva arquitectura que ha funcionado durante 70 años. O
mejor dicho: Occidente creyó que funcionaba. Porque hay otra parte del
mundo que no encaja en un sistema de normas que no se ajusta a su
realidad. «En ese orden de 1945 han aparecido países emergentes que no
han encontrado acomodo, porque les parecía un orden injusto que no los
representaba», explica José Ignacio Torreblanca, director de la oficina en

Madrid del European Council on Foreign Relations. Emergieron así India,
China, Rusia; potencias que comenzaron a participar económicamente
gracias a la globalización, que ahora reclaman su hueco y que, poco a
poco, «empiezan a erosionar la legitimidad de un sistema y unas
instituciones multilaterales que no se reforman y no les dan acceso».
Dentro de ese paulatino desplazamiento de las fichas tradicionales en el
tablero internacional, tres hechos han afianzado la percepción de que el
orden al que estamos acostumbrados está cambiando: la China de Xi
Jinping, la Rusia de Vladímir Putin y los Estados Unidos de Donald Trump.
JOSÉ MARÍA BENEYTO: «EL TEMA DE NUESTRO TIEMPO ES LA
EMERGENCIA DE CHINA EN EL PODER MUNDIAL»

El despertar del dragón
«El tema de nuestro tiempo es la emergencia de China, que ejerce un
poder y una influencia transformadora en el orden internacional»,
sostiene José María Beneyto, abogado y experto en relaciones
internacionales que lleva tiempo observando de cerca el crecimiento del
país asiático. Durante los primeros años de Xi Jinping, China no mostraba
de manera explícita su voluntad de influencia, «entre otras cosas, porque
estaban parapetados bajo ser un país en vías de desarrollo que
necesitaba a los demás», añade Beneyto.

Además, «creían en los
principios de cooperación internacional, en el libre comercio, atrajeron
inversión, se hicieron con el know-how occidental». Pero llegó un
momento en el que Estados Unidos se dio cuenta de que esa ascensión
trae consigo «una amenaza a la seguridad, no solo económica, sino
también al dominio de los mares». Así, de forma aparentemente sutil, Xi
Jinping ha realizado un cambio importante: trasladar ese poder
económico al poder político.

Un ejemplo de la influencia política de China en el tablero es su creciente
presencia en otras zonas del mundo, como África o América Latina.
«América Latina es un punto crucial, porque es Occidente y tiene unas
conexiones muy particulares con Europa», señala Beneyto. En las últimas
décadas, la región «ha pasado de ser el patio trasero de Estados Unidos a

ser el gran recurso de inversión y extracción de materias primas para
China», algo que inquieta a los occidentales.
«Desde comienzos de este siglo, la presencia de China en América Latina
ha sido exponencial», apunta Pamela Aróstica, directora de la Red China y
América Latina: Enfoques Multidisciplinarios (REDCAEM).

Una presencia
que «ha generado oportunidades de desarrollo y diversificación de
socios», pero también ha establecido relaciones asimétricas «que
plantean riesgos como la dependencia económica y política, impactos en
industrias locales y efectos ambientales y sociales, así como
vulnerabilidad vinculada al control de datos y a infraestructura crítica».
A pesar de esto, la presencia china en la región pone de manifiesto que
«América Latina ocupa una posición clave en la pugna entre Estados
Unidos, como superpotencia, y China, que aspira a consolidarse como
tal», opina Aróstica.

Así, la acción de Estados Unidos en Venezuela a
comienzos de este año marcó un punto de inflexión a nivel regional:
«China tiene, por una parte, una política exterior de no intervención y,
por otra, prioriza la protección de sus intereses económicos».
Precisamente, «este enfoque pragmático le permite conservar su
presencia regional y su papel como socio alternativo».

JOSÉ IGNACIO TORREBLANCA: «PAÍSES EMERGENTES EMPIEZAN A
EROSIONAR LA LEGITIMIDAD DE UN SISTEMA Y UNAS INSTITUCIONES
MULTILATERALES QUE NO LES DAN ACCESO»

Anhelos imperiales
El papel de socio alternativo lo aplica China a distintos actores a lo largo y ancho del globo, en función de sus intereses en la zona. Con Rusia
también ha estrechado lazos. «La alianza sino-rusa existe», afirma
Beneyto, quien añade que «no hay que olvidar que, una semana antes del
lanzamiento de la ‘operación militar especial sobre Ucrania’ —utilizando la
terminología de Putin—, este y Xi Jinping se reunieron en Sochi e hicieron
la declaración conjunta de una amistad sin límites y de un nuevo orden
internacional». La reunión selló una relación que incluye «una
cooperación en materia económica, energética, militar y, sobre todo, de
oposición al gran enemigo: Estados Unidos».

La invasión de Ucrania es el otro gran elemento que ha supuesto un
aldabonazo sobre el tablero internacional. Esto, porque Rusia es miembro
permanente con derecho de veto en el Consejo de Seguridad de Naciones
Unidas. La cuestión empezó en 2004, con la anexión de Crimea, y
adquirió dimensiones globales en 2022, cuando comenzó la guerra y
Putin logró que China —otro miembro permanente del Consejo— le
apoyase. La seguridad de Europa se vio entonces seriamente
comprometida.

Asegurar las fronteras europeas es uno de los motivos por los que la
Unión Europea sigue necesitando el paraguas de defensa
estadounidense. Bajo la Administración de Joe Biden, esta ayuda estuvo
garantizada; ahora, con Trump en la Casa Blanca, corre peligro.
«Europa todavía no ha logrado dotar a Ucrania de la capacidad de
defenderse por sí sola», reconoce Torreblanca. De ahí la necesidad de
«promover una industria europea, como señala el Informe Draghi», con la
que desarrollar una «seguridad económica y defensa militar» que permita
cierta independencia de Estados Unidos. La clave, según afirma este
experto, es la «interdependencia estratégica: diversificar y hacerlo con
aliados sólidos y fiables».

CARLOTA GARCÍA ENCINA: «ENTRE ESTADOS UNIDOS Y EUROPA HAY
UNA INTERDEPENDENCIA A NIVEL ECONÓMICO, INDUSTRIAL Y DE
DEFENSA»

El torbellino MAGA
Pero sobre todo hay que hacerlo rápido. «Somos una potencia en
retroceso y, comparado con China y Estados Unidos, nos quedamos atrás
en temas de PIB, de habitantes, de gasto de defensa», subraya Carlota
García Encina, investigadora del Real Instituto Elcano especializada en
Estados Unidos y relaciones trasatlánticas. Para esto no hace falta
renunciar a la esencia europea, como insinuó Ursula von der Leyen,
presidenta de la Comisión Europea, al instar a los socios a aumentar el
gasto militar. «Europa ya no puede ser la guardiana del viejo orden
mundial», dijo, para luego retractarse. De acuerdo con García Encina,
«Europa tiene que encontrar un equilibrio entre valores y pragmatismo»,

definir un «espacio para mantener una serie de principios y, al mismo
tiempo, adaptarse a un orden que es diferente».
Y jugar bien sus cartas. Porque Estados Unidos también depende de la
Unión Europea. Valga como ejemplo, en palabras de García Encina, «la
guerra de Irán: Estados Unidos no puede proyectar sus fuerzas sin las
bases europeas. Eso siempre ha sido así; sin ellas, no tiene proyección
global». Por eso, «a medio-largo plazo, hay un retraimiento de Estados
Unidos».

Trump «es consciente de que no puede estar en todos los sitios,
de que hay límites y por eso cada uno se tiene que hacer cargo de su
propia defensa», algo que ya había dicho Barack Obama en su último
mandato. Pero, «al mismo tiempo, necesita a los aliados para la industria
de defensa —que está al límite— y para llevar la estabilidad a ciertos
espacios».

PAMELA ARÓSTICA: «AMÉRICA LATINA OCUPA UNA POSICIÓN
CLAVE EN LA PUGNA ENTRE ESTADOS UNIDOS Y CHINA»

Por mucho empeño que ponga la Administración de Trump, entre
Estados Unidos y Europa «hay una interdependencia a nivel económico o
industrial», de acuerdo con la analista del Elcano. Algo que, en el fondo,
el propio Trump sabe, porque, a pesar de sus amenazas y «de querer
siempre relacionarse con cada uno de los países europeos y no con la
institución europea, en verano tuvo que negociar con la Comisión para
cerrar los aranceles».

Aislacionismo en política exterior, nacionalismo económico y
desregulación, bajo un barniz agresivo, son las características principales
del movimiento MAGA [Make America Great Again], que se han
convertido en el tercer gran elemento desestabilizador del tablero
internacional. Nadie esperaba que la potencia que construyó y defendió
ese orden global en 1945 sea, de repente, la misma que ahora lo está
desafiando. Así las cosas, «la característica del actual orden internacional
es la incertidumbre», concluye García Encina. Cualquier cosa puede pasar