Lunes de aguas en Salamanca -- Evaristo Villar

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

Diálogo con Clase, Ironía y Sin Remiendo
Escenario: Terraza imaginaria sobre el río Tormes. Una mesa con hornazos, vino tinto y jarras de agua. Al fondo, la ciudad universitaria. Cuatro personajes vinculados a la ciudad: FERNANDO DE ROJAS, el PADRE PUTERO, MARITORMES y BEATRIZ GALINDO. Suenan risas lejanas, gritos de estudiantes y, de fondo, una gaita desafinada.

Fernando de Rojas (con birrete y media sonrisa cínica, mirando el río)
Veo que el Tormes sigue separando más que aguas: separa clases, juicios y pecados. Hace siglos escribí sobre amores, engaños y codicias, y la comedia no ha cambiado, solo ha cambiado de escenario. Dígame, Padre: ¿aún celebramos el regreso de las mujeres que echábamos a la otra orilla durante la Semana Santa?

Padre Putero (sotana manchada de cera, levantando la jarra)
¡Ay, Fernando, tú siempre con tu pluma de vinagre! Sí, sí se celebra: hornazo, vino y estudiantes que creen que saber latín les da derecho a moralina de saldo. Yo debía vigilar, pero ¿sabes qué? Muchas veces pensé que era más cristiano compartir un pan con una pecadora que dictarle reglas a un rector. Como dice el Evangelio: “Venid a mí los que estáis cansados”, no “venid a mí los que tenéis la cartilla de pureza al día”.

Maritormes (con delantal arremangado y una jarra de barro en la mano)
¡Venid a mí los cansados! Ja. Que se lo digan a las de ahora. Yo barría suelos y servía a todos, y la sociedad aplaudía mis torpezas para luego condenarme por existir. Pues sigo aquí, con la lengua más afilada que una navaja de afeitar. Pero no me hagáis reír demasiado, que se me caen las costuras de la dignidad.

Beatriz Galindo (con toga de letras y voz de catedrática que no necesita gritar). La Historia nos ha tratado como juguete o advertencia, nunca como sujetos. Y ahora, cuatro siglos después, el debate sigue siendo el mismo: ¿qué hacemos con el cuerpo de las mujeres que no tienen más remedio que venderlo? Pero con un añadido: ahora hay clases en el oficio, como en todo. ¿No lo habéis notado?

Fernando de Rojas (levantando una ceja)
¿Clases? ¿Acaso el río Tormes ahora tiene prostitutas de primera y de segunda?

Maritormes (suelta una carcajada que hace temblar los hornazos). ¡Ay, don Fernando, qué inocente es usted con su pluma! Claro que hay clases. Las de escaparate, las de pisito con veladores y las de la calle mojada. Las que cobran en euros y las que cobran en latigazos. Las que tienen abogado y las que tienen un chulo con móvil último modelo. Y entre unas y otras, un abismo de cristal ahumado.

Padre Putero (dejando la jarra, con gesto cómico de confesionario). ¿Y qué quiere que le diga, Maritormes? En mi tiempo era más sencillo: o estabas en el burdel del potentado o en la cuneta. Ahora tenemos escorts con página web y mártires de la M-30. Y la sociedad bien, como siempre, mirando para otro lado.

Beatriz Galindo (con calma académica, pero afilada). He ahí la cuestión. Hoy hay dos bandos que se odian con la misma furia con la que no resuelven nada. Por un lado, los que quieren legalizar: reglamentar, impuestos, sindicatos del gremio, y que cada cual haga con su cuerpo lo que quiera, como si fuera una sociedad anónima. Por otro, los que quieren prohibir: abolir, multar, borrar el problema a golpe de ordenanza municipal. Y entre unos y otros, lo único que no hay es remedio.

Fernando de Rojas (irónico, recitando). “Nunca más goza quien primero se engaña.” Eso escribí. Y el engaño actual es pensar que prohibiendo sin dar techo, trabajo o dignidad, las víctimas van a volar hacia la virtud. ¿Acaso van a comer del viento?

Maritormes (se sienta en una silla de esparto, con la jarra entre las manos)
Habla claro, Beatriz: a las de clase alta nadie las ve. Van a cenar con políticos, cobran por hora lo que yo gano en un año, y si las atrapan, dicen que son modelos o relaciones públicas. Las de clase baja, las que estamos en el diálogo de verdad, esas duermen en comisarías y salen en el periódico con el nombre y la cara pixelada. ¿Y sabe quién sale ganando? El que no quiere pagar impuestos y el que no quiere pagar pensiones. Hipocresía.

Padre Putero (riendo con una risa que es pura sal amarga)
¡Y encima me llaman a mí Padre Putero! Con lo que yo vigilaba que no hubiera violencia, que se respetaran las cuarentenas… Mire usted ahora: los que piden prohibir son los mismos que cierran centros de acogida, y los que piden legalizar son los mismos que externalizan todo a empresas sin rostro. ¡Menudo remedio! Parece aquello del Evangelio: “Sepulcros blanqueados”, bonitos por fuera, podridos por dentro.

Beatriz Galindo (con la mano alzada, pausa dramática) Recuerdo ahora a María Magdalena, muy presente en esta ciudad. Fue la gran amiga de Jesús, la primera en verle resucitado, su confidente y, según algunas tradiciones, su compañera. Y, sin embargo injustamente confundida como prostituta. Una mujer de gran inteligencia, coraje y lealtad. Y hoy, si viviera, ¿dónde la colocarían los abolicionistas? ¿En una red de ayuda con subvenciones que nunca llegan? ¿O en un burdel de lujo con vistas al mar y contrato de protección de datos?

Maritormes (levantando el puño, pero con una sonrisa ancha)
¡Pues yo brindo por las Magdalena de la calle, las que no tienen abogado pero tienen tres hijos, las que se juegan la vida por un billete de cincuenta! Y también por las de pisito blanco, que aunque tengan jacuzzi, tampoco han elegido del todo. Porque la libertad de elegir cuando no tienes nada más que elegir… no es libertad, es una puta necesidad.

Fernando de Rojas (asintiendo, con un deje trágico) Como escribí en La Celestina: “No hay mayor pecado que dejar de amar con juicio y corazón”. Pues el pecado de hoy es dejar de mirar con juicio. Prohibir sin red es condenar al matadero. Legalizar sin derechos es comprar un trapo de lujo para tapar la herida.

Padre Putero (se levanta, alza la jarra con gesto de bendición laica)
¡Pues que los del Congreso se lean a Maritornes antes de votar otra ley inútil! Y que los de la moralina de boquilla se coman un hornazo con su hipocresía. Yo, mientras tanto, brindo por el Lunes de Aguas: que el río limpie la ciudad, pero también la conciencia de los que legislan sin poner remedio.

Maritormes (guiñando un ojo al público imaginario) Y que nunca nos falte el humor, que es el único putero que no cobra comisión.

Beatriz Galindo. (con voz serena, pero con un filo de acero) Y la reflexión, para transformar la mirada. La prostitución no es fiesta ni delito: es un espejo de nuestra desigualdad. Cuando una mujer de clase alta puede elegir y una de clase baja solo puede sobrevivir, no estamos ante un oficio, estamos ante una fractura social. Y esa fractura no se cura con prohibición seca ni con legalización alegre. Se cura con educación, trabajo, vivienda y, sobre todo, con dejar de mirar a las víctimas como si fueran de otro planeta.

Fernando de Rojas (mirando al horizonte, como si viera el río y los siglos) Así es Salamanca: río, fiesta, deseo y conciencia. Un Lunes de Aguas que no solo lava la ciudad, sino la lengua de quienes se atreven a hablar claro. Brindemos, pues.

Padre Putero, Maritormes y Beatriz Galindo. (al unísono, chocando las jarras) Que así sea. Y que el Tormes arrastre las mentiras.
(Suenan risas de estudiantes, una gaita desafina otra vez y el público imaginario aplaude con incomodidad inteligente)