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Jacques Gaillot fue el obispo que incomodó a la Iglesia porque se negó a confundir el Evangelio con el poder.
Su vida, marcada por la defensa radical de los pobres, sigue recordando que una Iglesia que no sirve, no sirve para nada.
Hoy, al cumplirse el tercer aniversario de la muerte de Jacques Gaillot, su figura emerge con una fuerza serena y profética en medio de una Iglesia que sigue debatiéndose entre el servicio evangélico y las inercias del poder. Su vida no fue cómoda ni complaciente, pero sí profundamente coherente. Y quizá por eso sigue interpelando. Ver noticia original en …

