Nota doctrinal de la Conferencia Episcopal de España sobre el papel de las emociones en el acto de fe: ‘Cor ad cor loquitur’, el corazón habla al corazón -- Leandro Sequeiros, Presidente de ASINJA (Asociación Interdisciplinar José de Acosta)

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

“Creer” significa emoción, razón, aceptación existencial y compromiso con la vida
“3. En los últimos años se aprecian signos que indican un renacer de la fe cristiana, especialmente entre los jóvenes españoles de la llamada “generación Z”, aquellos nativos digitales nacidos entre mediados de los 90 y la primera década del 2000.

La Iglesia valora la creatividad de las diversas iniciativas de primer anuncio que el Espíritu Santo ha suscitado en muchos movimientos y asociaciones eclesiales para facilitar a tantas personas el encuentro con Cristo o la revitalización de su fe.

Estos nuevos métodos o herramientas de evangelización representan un soplo de aire fresco para la Iglesia, que, como Madre, vuelve una y otra vez a «ponerse en camino para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud»[5]. 

La Iglesia valora la creatividad de las diversas iniciativas de primer anuncio que el Espíritu Santo ha suscitado en muchos movimientos y asociaciones eclesiales para facilitar a tantas personas el encuentro con Cristo o la revitalización de su fe.
4. En todos estos métodos, en mayor o menor grado, tienen un peso importante las emociones y los sentimientos, que provocan un primer “impacto” en la persona y conducen a la conversión y a la adhesión a Cristo.

A ello le ha de seguir la configuración de la vida de los cristianos con el Señor, el discipulado en la Iglesia y al apostolado como testigos de Cristo muerto y resucitado en medio del mundo. Sin embargo, no son pocos, incluso entre los promotores de estas experiencias, que han advertido del riesgo de un reduccionismo “emotivista” de la fe, que lleva a muchas personas a convertirse en consumidores de experiencias de impacto y buscadores insaciables de la complacencia del sentimiento espiritual.

El anuncio de Cristo no busca de modo directo provocar sentimientos, sino testimoniar un acontecimiento que ha transformado la historia y es capaz de transformar la existencia de todo ser humano ocupando el centro de su vida: que «tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16).

Este es el gran impacto que renueva la mente y el pensamiento, amplía el horizonte de la libertad, ofrece un nuevo sentido a la vida y, en función de ello, da una nueva consistencia al obrar de las personas”.
La Conferencia Episcopal de España y las nuevas espiritualidades

El texto precedente procede de parte de la nota “sobre el papel de las emociones en el acto de fe”, que el 3 de marzo de 2026 ha hecho pública la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española. Con el lema Cor ad cor loquitur —el corazón habla al corazón, – en referencia al lema cardenalicio del «recién declarado doctor de la Iglesia, san Juan Enrique Newman».

En este lema se encierra el tema central de la nota doctrinal, que la vida espiritual y el encuentro con Dios «afecta a la persona en el conjunto de sus dimensiones: afectiva, intelectual y volitiva». Esta nota fue aprobada por la Comisión Permanente en su última reunión, celebrada los días 24 y 25 de febrero en Madrid.

Esta reflexión está motivada por los diversos signos de un «renacer de la fe cristiana» en la sociedad, así como el surgimiento de «diversas iniciativas de primer anuncio» suscitadas por el Espíritu Santo y que facilitan el encuentro con Cristo. La Iglesia valora su «creatividad» y reconoce «una llamada que anima a recuperar la importancia de los sentimientos y a integrarlos, sin menoscabo de la razón, en la vida cristiana». De esta forma, los obispos de esta Comisión ofrecen esta nota doctrinal para «ayudar al discernimiento y acompañar en la maduración de estas experiencias apostólicas para que puedan crecer y prestar un mejor servicio a tantas personas que se acercan a la Iglesia».

Cor ad cor loquitur (El corazón habla al corazón)
Nota doctrinal sobre el papel de las emociones en el acto de fe

Este es el título oficial de la nota de la Comisión para la Doctrina de la Fe de España. Resaltemos algunos textos de más interés, fácilmente extrapolables a otras naciones y otros grupos de jóvenes del mundo,

2. Los Obispos de la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española ofrecemos estas reflexiones acerca de la integralidad de la experiencia de fe, que es fruto del encuentro con el auténtico rostro de Jesucristo encarnado: «Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no creado, que por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre» (Credo niceno-constantinopolitano).
Creer con el corazón

a) La absolutización de lo emotivo en la postmodernidad
7. Expertos y analistas de nuestro tiempo vienen advirtiendo que en la llamada cultura postmoderna se ha producido una absolutización de la afectividad, reduciéndola a los sentimientos y a las emociones, e incluso se ha llegado a sostener su irracionalidad, lo que ha sido denominado como “emotivismo”, [Cf. Alasdair MacIntyre, «Emotivismo: contenido social y contexto social», en Id. Tras la virtud  (Barcelona: Austral 2013) 40-55] es decir, la reducción de la afectividad a la emoción.

El hombre postmoderno rechaza el objetivismo racionalista para convertirse en un sujeto emotivo, que pasa del “pienso luego existo” al “siento luego existo”, del “logos” a la “emoción”. Pero los sentimientos y las emociones, si bien son parte del mundo afectivo, no son capaces de abarcarlo en su totalidad.
La nota que comentamos no niega >>>

b) La importancia de los sentimientos en la vida espiritual
11. Los sentimientos juegan un papel importante en la vida humana y espiritual, y son fundamentales en la vida interior de toda persona humana. La fe cristiana, arraigada en la encarnación, no los puede ni dejar de lado ni ignorar. Dios nos alcanza también en nuestro sentir, en nuestra subjetividad, en nuestra intimidad, en nuestra emocionalidad. Lo afectivo constituye un campo fundamental en la vida espiritual, en la relación con Dios y con los demás, en la maduración creyente de la persona.

Sin embargo, los sentimientos no pueden determinar toda o casi toda la vida cristiana, pues, en ocasiones, la misma ausencia de sentimientos es parte del itinerario espiritual.
Es más: con frecuencia, la tradición de la Iglesia ha presentado una doctrina de la fe excesivamente “intelectualista”, que no solo no es comprensible para los jóvenes, sino que además provoca rechazo. Por ello, la nota recuerda que es importante >>>>
c) Recuperar el corazón

16. La afectividad, dimensión esencial del ser humano, junto con la razón y la voluntad, integra las emociones y los sentimientos en la verdad del ser humano, creado «a imagen y semejanza de Dios» (Gn 1,26), profundamente amado en la realidad de su existencia. Por ser una dimensión fundamental de la persona, no puede quedar excluida del acto de fe, ya que Dios sale al encuentro de cada hombre y de cada mujer en la integridad de su ser, y les habla de corazón a corazón. 

Pues el corazón es el centro de la persona, el lugar de las decisiones, de la verdad, del encuentro y de la Alianza, que solo puede ser sondeado y conocido por el Espíritu de Dios [ Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2563].

Con corazón de pastores
Con este significativo epígrafe, los obispos abren su corazón: >>>
38. Con auténtico corazón de pastores, los obispos de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española exhortamos a abrazar la fe en la totalidad de sus dimensiones, reconociendo y valorando la importancia de las emociones y los sentimientos en el marco de una sana afectividad en la experiencia creyente, lo que permitirá el encuentro transformador con Cristo “de corazón a corazón”.

COMENTARIO: ‘Cor ad cor loquitur’: Cuando los obispos se atreven a decirle a los nuevos movimientos que no basta con sentir
Con este expresivo titular, la revista Religión Digital (04 marzo 2026) publica un comentario de José Manuel Vidal, del que resaltamos estos párrafos:
Cor ad cor loquitur -“el corazón habla al corazón”- es, probablemente, el mejor texto que la Conferencia Episcopal ha producido en años sobre pastoral juvenil. 

Equilibrado, fino, nada histérico y, sin embargo, valiente en sus advertencias. Los obispos han sido capaces de reconocer la sed espiritual de los jóvenes y el atractivo de ciertos movimientos del llamado “giro católico” -Hakuna, Effetá, Emaús, las HAM, Iesu Communio y otras realidades afines-, sin entregarse a la fascinación acrítica ni caer en el anatema.

Los obispos reconocen, con razón, que el catolicismo plano y desencarnado de muchas estructuras ha dejado un hueco que otros han sabido ocupar, con su lenguaje cercano, su estética cuidada, su vida comunitaria intensa y la promesa de un cristianismo vivido “a fuego” y “en la piel”.

Pero precisamente porque escuchan ese clamor, los prelados españoles se atreven a introducir el matiz que muchos preferirían obviar y advertir que las emociones son puerta, no meta.

La experiencia de Dios puede empezar en un “subidón” de adoración o en una noche de testimonios, pero si se queda ahí, se convierte en un producto espiritual de consumo más.
Por eso, el documento episcopal pone el dedo en la llaga, cuando alerta de propuestas que “atraen a los jóvenes por la vía de la emoción, pero no los conducen suficientemente a la verdad de la fe ni a una inserción real en la comunidad eclesial”.

Traducido: mucho sentimiento, escasa mistagogía; mucha identidad de grupo, poco Evangelio digerido en comunidad adulta; mucha fiesta y poco compromiso con los pobres, la ‘carne de Cristo’.
Y concluye al artículo de Religión Digital:

Corazón sí, pero con inteligencia y compromiso
Quizás lo más valioso de Cor ad cor loquitur es que se niega a contraponer corazón y razón, afecto y verdad, liturgia y vida. No propone volver a una pastoral juvenil aséptica y cerebral, pero tampoco acepta la deriva del cristianismo “sensación”.
El corazón habla al corazón, sí, pero ese corazón ha de aprender a escuchar también la Palabra, la tradición viva, el grito de los pobres y la voz de la conciencia. Una fe que solo vibra en el oratorio, pero no se traduce en compromiso social, vocacional y eclesial, se queda en un mero sucedáneo.

Por eso, las advertencias del documento son, en el fondo, una invitación a que los responsables de estos movimientos se tomen en serio su propia promesa. Si de verdad dicen querer “una Iglesia en salida”, toca salir de la autorreferencialidad; si se declaran “fieles al Papa”, toca encajar sus llamadas a la sinodalidad y al cuidado de las periferias; si hablan de “pasión por Cristo”, toca dejar que ese Cristo nos lleve donde Él quiere, y no solo donde nos gusta.

En definitiva, si el documento se toma en serio y no queda en papel mojado, puede ayudar a que la pastoral juvenil en España salga de su adolescencia pastoral, con menos entusiasmos fugaces y con más procesos que conviertan la emoción en Evangelio encarnado.