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En estas notas voy a intentar reflejar lo que aprendí y viví como voluntaria en Cáritas Parroquial de San Sebastián en Puerto Real, después en la Plataforma Iguales en Derecho y más tarde en el grupo político Ciudadanos +Ecologistas y Solidaridad, cuatro años en el gobierno municipal.
Y, sobre todo, lo que aprendí y viví con las personas a la que atendimos y con las que tantas veces entablamos relaciones de amistad.
CÁRITAS
Cuando, después de mis estudios y primeros trabajos en otras ciudades, volví a vivir a Puerto Real, hacia final de la década de los 80, encontré un cartel en la entrada de la Parroquia de San Sebastián, que invitaba a una reunión informativa a quienes sintieran preocupación por las
personas que se encontraban en la calle e incluso quisieran unirse a un grupo de Cáritas para atenderlas.
Fui a la reunión y me sorprendió la juventud de las personas que nos recibieron. Nos explicaron de qué iba el asunto y recuerdo bien varias cuestiones muy importantes:
– Había que formarse antes de empezar la labor.
– Se habían creado varias áreas dentro de Cáritas para ofrecer una atención más cualificada a las personas según sus necesidades. La nuestra era el Área deTranseúntes.
– La atención se hacía diariamente por la tarde, distribuyéndonos los días por parejas: una persona que llevara tiempo con otra que estuviera empezando. (No obstante, inevitablemente, esta atención no podía ceñirse a un horario ni a una oficina).
– Una atención que deseábamos fuese integral. “Parar la rueda”
– Éramos un equipo, con reuniones semanales, con criterios comunes, con coordinación para que las personas estuvieran bien atendidas.
Así que esta gente veinteañera – eran bastante más jóvenes que yo – me pusieron la tarea de formarme, leyendo textos de interés y repasando lentamente las historias de las personas que iban siendo atendidas, edad, situación, profesión, familia, sus problemas, necesidades, posibles expectativas… también aprendíamos los tiempos y lugares de recogida de
fruta y las rutas que seguían porque muchos eran transeúntes.
Pasé de no tener ni idea a ir haciéndome poco a poco con cierto conocimiento previo a iniciarme en la labor. (La formación permanente me consta que ha sido
muy importante siempre y que se ha obtenido no solo con libros sino recibiendo cursos y participando en foros).
Atención: De ahí pasé a formar pareja con un voluntario, que ya estaba curtido en la tarea, para empezar la labor un día a la semana. En la atención, tras el saludo, se abría un diálogo, veíamos sus necesidades, escuchábamos y ofrecíamos la ayuda que se podía. A veces contactábamos con la familia. Disponíamos de ducha y ropa allí mismo, en nuestros locales; se les facilitaban billetes para tren o autobús y comida
para llevar; muchas veces necesitaban lugar donde comer y dormir.
A veces se trataba de personas que estaban enfermas y necesitaban otros cuidados. De todo íbamos tomando nota y custodiábamos su historia o comprobábamos si ya había sido atendido anteriormente, pero siempre sin que sintieran que estaban en un interrogatorio sino amistosamente.
(Por cierto, en aquellos años se hizo la ducha y se arregló el ropero de manera muy cuidadosa en una dependencia única para ello; hubo un tiempo en que una chica voluntaria les cortaba el pelo si lo requerían).
Contábamos con un bar y una pensión de confianza para dirigirlos allí de nuestra parte, es decir, de Cáritas. También farmacia.
El párroco sabía nuestra labor y, si alguna persona se dirigía directamente a él, le indicaba que acudiera a nuestras dependencias y así nos lo hacía saber previamente.
Estábamos en diálogo con una técnica del Ayuntamiento, y también con una trabajadora social del Hospital de Puerto Real para contar con la asesoría, apoyo o intervención de dichas personas y, desde luego, para no duplicar ayudas, lo cual nos parecía contraproducente.
También la policía conocía nuestra labor.
Estábamos en contacto con los grupos de Cáritas y otras asociaciones de la Bahía de Cádiz y pueblos cercanos, sobre todo por si se necesitaba alguna prestación de la que no disponíamos en Puerto Real.
Durante unos años contamos con el Centro de Acogida de Algeciras, dependiente de la diócesis de Cádiz, un centro de atención integral y de larga estancia gestionado por las mismas personas residentes y dirigido por un chico que había formado parte de nuestro grupo.
¿Cuál el objetivo?
– Parar la rueda
Si no existe esa labor de atención y coordinación, se corre el peligro de que la persona fuera demandando ayudas por distintos sitios, sin ser atendida de manera integral y continuando ese periplo tan peligroso de vivir en la calle. Periplo que tantas veces termina en la muerte.
¿Qué aprendí?
– La necesidad de formación.
– Que la Atención debe ser integral.
– El trabajo en equipo.
– La coordinación con las personas, bares, pensiones, farmacia, instituciones, hospital y asociaciones … relacionadas con la atención a estas personas.
– La limosna personal no es la solución; al contrario, fomenta o puede fomentar el seguir le rueda.
– Ninguna persona quiere estar en la calle.
– Es muy fácil pasar de una vida normal a una vida en la calle.
– Al principio las personas transeúntes, hombres siempre, solían tener buen estado de salud y querían ir a lugares donde había trabajos temporales, pero después venían personas muy
deterioradas, enfermas, desarraigadas, con dependencias…eran
muy, muy duras, sus situaciones.
– La labor no se ciñe a una oficina ni a un horario.
– Y aprendí de y con ellos y ellas muchísimo; esto requeriría otro escrito.
PLATAFORMA IGUALES EN DERECHO
En julio 1992 nos fuimos uniendo asociaciones y personas concienciadas con las noticias de las muertes de migrantes en el Estrecho y haciendo concentraciones. Poco a poco se formó una red de gente y grupos de Puerto Real motivadas por causas solidarias diversas.
Dentro de esta plataforma, el grupo de Caritas del Área de Transeúntes encontramos un refuerzo y un apoyo muy grande, siempre con el respaldo del Ayuntamiento, aunque este no formó parte de dicha plataforma. Celebramos conjuntamente el “Día de las personas sin hogar” permaneciendo en la calle hasta altas horas de la noche en pleno enero.
Informábamos a la población, sentíamos que trabajábamos con gente variada que a lo mejor anteriormente no tenía conocimiento de este grave problema social y, en algún caso, atendimos a alguna persona en particular. (Esta Plataforma (1992/2008) fue una experiencia maravillosa y, sin duda, el germen de muchas otras realidades en Puerto Real).
EN LA POLÍTICA MUNICIPAL
Cuando el partido Ciudadanos + Ecologistas y Solidaridad formamos parte del equipo de gobierno, entré en el grupo de apoyo al concejal de Servicios Sociales, con el que teníamos una reunión semanal siempre que era posible.
– Se ofreció formación específica a un técnico del Ayuntamiento para su atención.
– Se ofrecieron directrices a la policía.
– Se creó la Mesa de atención a personas transeúntes y sin techo.
(En ella participaban el concejal y el técnico específico, trabajadora social del hospital, y también del Centro de Salud, un miembro de la policía, voluntario o voluntaria del área de Cáritas dedicada a esta labor y, si era posible, alguna de las personas atendidas que llevara un tiempo en Puerto Real.
– Coordinación con Área de transeúntes de Cáritas
– Acuerdos con algunas pensiones y bares de Puerto Real.
– Coordinación con las instituciones, asociaciones, albergues de la Bahía y lugares cercanos.
– Acciones de sensibilización en la localidad. Celebración de “El día de las personas sin hogar”
– Artículos en prensa, folletos…
– Especial atención a que no se usaran a niños o niñas para pedir limosna. Folletos informativos durante la feria.
Cuestión económica:
En Cáritas se contaba con las aportaciones de las personas y también con el apoyo del Ayuntamiento, especialmente para alojamiento y billetes.
Durante el gobierno de Ciudadanos + Ecologistas y Solidaridad la atención a estas personas se reflejaba en el presupuesto municipal.
Puedo decir que había un buen funcionamiento en ambos ámbitos.
Logros
En primer lugar y a pesar de todas las dificultades y sufrimientos, se pudo ayudar a muchas personas. Algunas dejaron la calle y volvieron con la familia; otras se quedaron una temporada en Puerto Real o fueron al Centro de Algeciras para rehabilitarse; otras incluso se unieron como
voluntarias a Cáritas; se crearon lazos de amistad; otras fueron tratadas de sus enfermedades y dependencias; otras fallecieron en lugar y de forma digna y alguna se quedó a vivir en Puerto Real. Las historias son conmovedoras.
Y un logro muy importante es que podíamos saber – o sabíamos – cómo comportarnos al ver a una persona pidiendo en la calle o tirada de cualquier manera. Sabíamos o podíamos saber que la labor de la policía era, antes que todo, interesarse por la persona y atenderla y que había unas personas, voluntarias o del Ayuntamiento, implicadas en la labor.
Desde el recuerdo agradecido y conmovida por la realidad actual, comparto mi experiencia con el deseo de poder ayudar a quienes trabajan, atienden y buscan soluciones para las personas sin hogar.
Y lo hago con esperanza.
febrero 2026

