Apertura del año legislativo -- Júlio Lázaro Torma (Brasil)

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

En Brasil, estamos terminando el receso legislativo, desde el Congreso Nacional hasta las legislaturas distritales, estatales y municipales. Este año celebramos el bicentenario del Parlamento brasileño, establecido por la Constitución Imperial de 1824.

Sabemos que este segundo año de la legislatura municipal, elegida para el período 2025-2028, será efímero, ya que los concejales están más preocupados por hacer campaña para sus candidatos a diputados estatales y federales. O incluso para sí mismos, sin condiciones para ocupar ningún escaño en la Asamblea Legislativa o el Congreso Nacional.

Incluso para el cargo de vicegobernador, como aspiran con entusiasmo algunos concejales de Pelotas. Para aspirar a un futuro mejor, primero deben preocuparse por el municipio en el que fueron elegidos.
La gente espera que tengamos debates de calidad en la legislatura, en los que se discutan los intereses y deseos de la población local en su conjunto. Alejémonos de temas que no tienen nada que ver con la gente y nuestra vida cotidiana.

Una legislatura que se aleje del discurso infantil, el falso moralismo y la política identitaria, que, en lugar de enriquecer y fortalecer el debate político, termina debilitándolo cada vez más.
Queremos debates ideológicos que creen una casa de grandes debates. Abierta a los temas de moda en la sociedad de Pelotas y, al mismo tiempo, a nivel regional, estatal y nacional.

Donde se rescate la cultura intelectual de los pelotenses, que una vez fueron llamados la «Atenas de las Pampas» o la «Atenas de Rio Grande do Sul». Y la cámara es un Ágora, donde los políticos son como filósofos, como el emperador romano Marco Aurelio, llamado por sus compatriotas el «Emperador Filósofo».

Sé que esto sería mucho para muchos miembros de nuestras legislaturas municipales.
De nada sirve ocupar escaños en el parlamento si se les da la espalda al pueblo. Votan en contra de los intereses de la población más vulnerable, recordados solo cada dos años. Luego no aceptan ser criticados ni «ofendidos» por el pueblo.

Olvidan que el pueblo siempre tiene la razón y que el político es su servidor y empleado. Los concejales legislan a favor de empresarios e iglesias, que financian sus campañas electorales. Se convierten en enemigos del votante, en quien depositan su confianza y desean trabajo.
Votan por los intereses de la población y para su propio beneficio, no por los intereses de la gente ni de las corporaciones que la representan. Deberían priorizar la responsabilidad por el bien común, los intereses de la comunidad local.

Una legislatura de grandes causas y cercana a la gente. Un espacio más acogedor, más humanizado por las causas que representa. Con mayor transparencia y diálogo. Donde la gente conozca de antemano las agendas que se debatirán en las sesiones ordinarias.

No un parlamento rehén de los intereses personales de los legisladores. Y cada enmienda de la bancada, cada recurso, debería discutirse de forma participativa con la gente. En el cual debemos supervisar el trabajo de los concejales, quienes fueron elegidos para representarnos democráticamente.