Enviado a la página web de Redes Cristianas
Cuando miro la puerta del CIE pienso:
¿y si yo estuviera ahí dentro?,
¿si yo fuera tú y tú fueras yo?,
¿si hubiera nacido en África?,
¿si tú tuvieras mi DNI?
No elegimos dónde nacer. Nos nacen.
Lo llamamos suerte, pero no todo es suerte.
Hay causas que producen lo que nos pasa.
Los países de África que decimos pobres
no son pobres sino ricos, pero empobrecidos
por la avaricia insaciable del poder.
El mismo poder que controla las fronteras
y reprime en los CIES.
“Ningún ser humano es ilegal”
pero hay leyes que son inhumanas.
Estar aquí o ahí no es mérito ni culpa
de quien lo disfruta o lo sufre.
Somos parte de la misma injusticia,
parte perjudicada o parte beneficiada.
Es difícil ponerse en los zapatos del otro,
sobre todo si el otro no tiene zapatos.
A un lado u otro de la puerta azul
hay dos mundos que interactúan:
vosotros nos abrís los ojos y el corazón;
nosotros alzamos la voz por vosotros:
“Ningún ser humano es ilegal”
y “queremos el cierre de los CIEs ya”.

