El Padre Nuestro (Primera parte: Peticiones para toda la humanidad) (II)

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

10. La fuente del descubrimiento: la experiencia de la vida
Jesús concibió de ese modo a Dios desde su experiencia y su enfrentamiento con el sistema político, social, económico, ideológico y religioso de su tiempo. Se reafirmó en dicha concepción con su Proyecto de una fraternidad vivida en una sociedad alternativa, a la que identificó con el esperado reino de Dios.

La fórmula “Padre nuestro del cielo” no es un patrón configurador de dogmas. De su enunciado no puede concluirse que Dios pertenezca al género masculino; ni siquiera que sea un ser individual; o tampoco que ocupe una posición espacial determinada. “Padre nuestro del cielo” expresa una condición siempre entendida en relación con la vida del ser humano y reconocida por los que han optado por el Programa de Jesús. Frente a la estructura social en que la humanidad se halla inmersa, no puede ser sino contrario al orden injusto e incondicional de la libertad, la justicia y la igualdad.

11. Los siete (7) Deseos

Tras esa entrada: “Padre nuestro del cielo”, la comunidad saca a la luz sus más hondos deseos. Son aspiraciones coherentes con su vida y con el Programa trazado por el Galileo. Reflejan con sinceridad los objetivos que persiguen, planteamientos fieles al Proyecto en clara oposición a los intereses del orden injusto. Se concentran con sobriedad en siete peticiones. Las tres primeras son de carácter universal; se solicita en beneficio de toda la humanidad. Las otras cuatro están referidas al propio colectivo orante.

12. El primer Deseo: sobre su nombre (Padre)

La primera petición de la comunidad dirigida al “Padre” versa sobre su nombre. Aspira y reclama que sea aceptado a escala global:

“Proclámese ese nombre tuyo”

En la mentalidad del AT y NT, el nombre revela el mismo ser de la persona nombrada. El conocimiento del nombre de alguien supone tener la llave de su interioridad, conocer su misión en la vida, lo que le mueve a actuar en determinada dirección. El nombre aludido por la oración se especifica con la expresión ?? ????? ??? (“el nombre tuyo”). Se trata de un nombre que da pie a su conocimiento. Se ha mencionado con anterioridad. Esa referencia justifica que el artículo (??; ‘el’) sea traducido en forma muy determinada: “ESE nombre tuyo». Ese nombre es “Padre”.

12.1. ¿Qué es santificar?

Siguiendo a la Vulgata en la que se lee: “sanctificetur nomen tuum”, la mayoría de versiones tradicionales traducen así esta petición: “santificado sea tu nombre”. De tan repetida, no se cae en la cuenta de que, así expresada, esta fórmula carece de lógica. La acción de ‘santificar’ parece reclamar la reparación de una debilidad en el nombre divino. Hacer ‘santo’ dicho nombre supone que no lo es y que corresponde al ser humano declarar esa categoría extraordinaria.

El adjetivo griego ????? (‘santo’) se usa para describir una condición inconmensurable que diferencia esencialmente a Dios de cualquier otro ser. Todo lo que sale de Él participa de ese atributo. La santidad es una cualidad exclusiva de Dios. El ser humano solo puede serlo por iniciativa divina. Un himno de hace más de quince siglos declara sobre Él: “Sólo tú eres Santo”. Isaías, mediante la imagen figurada de un coro de serafines entonando un triple: ‘santo’, reconoce la completa trascendencia de Dios, ante cuyas órdenes actúan como tropas militares a su servicio los incontables astros celestes y los elementos del clima (“Señor de los ejércitos”):

“Y se gritaban uno a otro diciendo: ¡Santo, santo, santo, el Señor de los ejércitos, la tierra está llena de su gloria! (Is 6,3).

No es el ser humano quien hace santo a Dios, sino Dios quien puede elevar al ser humano a ese inigualable nivel comunicándole su propia vida, si este, eso sí, la acepta libremente. En el NT se denomina con ese apelativo “santo” (?????) a los integrantes de las diversas comunidades de adheridos al Programa de Jesús (p,e.: I Cor 1, 2; II Cor 1,1; Ef 1,1; Flp 1,1; Col 1,2.4; 2Tes 1,10…).

Demuestran ser “santos” al haber aceptado y disfrutar de la vida ofrecida gratuita y generosamente por el Padre. El verbo griego que inicia la petición: ?????? (‘santificar’) expresa por lo general un movimiento para conceder elevar a alguien a una condición asociada a la divinidad. Pero cuando Dios no es el sujeto, sino el objeto de la acción, el verbo indica reconocimiento o proclamación de su exclusiva e inmensa diferencia con todo lo existente.

Isaías emplea este verbo (??????) referido al nombre de Dios para expresar reconocimiento de su exclusiva grandeza:

“Ya no se avergonzará Jacob, ya no se sonrojará su cara;
pues cuando vea mi obra delante de él,
RECONOCERÁ LA EXCELENCIA (??????????) de mi nombre,
RECONOCERÁ LA MAGNIFICENCIA (??????????) al Santo de Jacob,
y temerá al Dios de Israel” (Is 29,23).

12.2. ¿Qué es Proclamar?

En nuestro texto de Mateo, usado en imperativo de la voz pasiva (?????????; ‘reconózcase’) se pide al Padre que su nombre sea universalmente reconocido: “ese nombre tuyo” (?? ????? ???). Se reclama una aceptación pública y generalizada, de manera que ese nombre y su significado repercuta de manera sobresaliente en la vida de la humanidad. Ello justifica la traducción: “Proclámese ese nombre tuyo”. El nombre a ser reconocido por el universo humano es el que ya conocen los adheridos al Programa de Jesús: “PADRE”. Ese nombre “Padre” habla de alguien muy cercano y querido, atento y acogedor, el modelo a imitar. Su nombre refiere su manera de ser y actuar.

El Dios omnipotente y castigador, a quien se le debe completa obediencia y ante quien el ser humano se carga de temor reverencial ha sido un fraude. El Misterio ha quedado desplazado; su distancia reducida a proximidad. Reconocer al “Padre” es el primer movimiento para construir la fraternidad humana. Los continuos y denodados esfuerzos por saber algo de Dios resultan inútiles. Las creencias actúan como adormidera, mitigando el desasosiego ante lo desconocido. La experiencia de la fraternidad permite, en cambio, el reconocimiento del “Padre”.

12.3. El empeño de una comunidad fraterna

La petición de la comunidad: “Proclámese ese nombre tuyo” no solicita una portentosa acción divina que acabe por imponer a la humanidad su paternidad. El reconocimiento no se logra por intimidación y obligando a aceptarlo. El imperativo ????????? (“proclámese”) no supone instantaneidad; su sentido se acomoda al proceso natural propio del ser humano. Se pide que se vaya reconociendo. En ese proceso se embarca el colectivo que solicita. La petición es fruto de un profundo deseo. Y el deseo se corrobora con el empeño en conseguirlo. Será la comunidad, logrando convencer con su fraternidad, la que vaya consiguiendo el reconocimiento de ese nombre: “Padre”. Y el Padre no abandona en esa tarea.

13. El segundo Deseo: aceptación universal de su Soberanía

La segunda petición expresa su aspiración a que la humanidad renuncie al dios que impera en el orden injusto: el dinero y acepte su soberanía:

“llegue tu reinado”

La solicitud sigue la pauta de la anterior. La comunidad se dirige al Padre. No pide para sí misma, sino para la humanidad. Su deseo, muestra de su generosidad, es universal. La feliz experiencia que vive resulta tan sorprendente como desconocida por una sociedad sumisa al dios de papel. Los integrantes del colectivo manifiestan un gran interés en que su dicha alcance a todo el género humano. Ellos han abandonado ek sometimiento al poderoso señor, el Metálico, aupado como soberano por el orden establecido.

Se han decantado por el reinado del Padre espléndido, tierno y apasionado de la justicia, cuyo reinado garantiza la fraternidad. La comunidad manifiesta su anhelo porque la humanidad al completo conozca la alternativa que procura la felicidad que tanto añora. Lo pide familiarizada con una realidad que ya ha alcanzado ese sueño.

13.1. El agregado de un fraudulento ‘a nosotros’

El texto oficializado expresa esta petición diciendo: “Venga a nosotros tu reino”. Resulta llamativo este enunciado porque ni en el texto original griego (?????? ? ???????? ???; lit.: “llegue el reinado tuyo”) ni en el de la Vulgata (Adveniat regnuum tuum; “venga tu reino”) aparece ese pronombre: “nosotros”. Ese anómalo añadido desfigura por completo el sentido de la petición enseñada por Jesús. Demuestra que quienes avalan ese postizo desconocen la realidad social del reino.

Esa corrección al Maestro lleva a pensar que la comunidad no vive la experiencia vital de haber aceptado la soberanía del Padre. Si pide porque venga su reinado significa que aún no lo disfrutan, lo que contradice el Programa Constitucional donde se asegura ¡CON EL VERBO EN PRESENTE! que el reino ya lo tienen entre manos y esa es la razón de la dicha de la comunidad:

“Dichosos los que eligen ser pobres,
porque esos TIENEN a Dios por rey”.

13.2. Un fraude religioso para alejar la Soberanía

El esfuerzo por hacer entrar en razón al Galileo viaja dislocado habiendo perdido todo el líquido de frenos. La presentación en sociedad del reinado de Dios realizada por Jesús se ha puesto en cuarentena. Las instituciones religiosas parecen decididas a encauzar la propuesta del Galileo por el que consideran el buen camino. Plantean que el reino de Dios está por venir.

La comunidad debe pedirlo repetidamente para hacer firme la convicción de que pertenece al más allá y que no se conseguirá hasta el final de los tiempos. Este tiempo de ahora, el de la historia, conviene aceptarlo resignadamente tal como ha sido ordenado, con sus penas y sufrimientos. Este alejamiento del reino de Dios fuera de la historia conlleva otras ideas aparejadas. Su ausencia requiere necesariamente de una soberanía representativa de la del Padre. Es la que impondrán en la historia los dueños de su Soberano.

Pero la comunidad no pide para sí, sigue haciéndolo para la humanidad. NO SOLICITA “venga a nosotros tu reino”, sino que la soberanía del Padre se extienda a medida que la humanidad vaya reconociendo su nombre. Ahora no se emplea la fórmula “reino de los cielos”, se usa el pronombre personal para referirse al destinatario de la oración: ?????? ? ???????? ???: “Llegue TU reinado”.

La comunidad ha aceptado el reinado del Padre como alternativa al poderoso rey de papel. Este dominador universal divide, destruye y asesina. El del Padre origina la fraternidad. “Llegue TU reinado” significa: ¡Nadie por encima! ¡Solo el Padre! El que a todas horas muestra su apoyo al ser humano. La comunidad reclama el abandono de un orden criminal siempre señalando con el dedo y la aceptación de quien, amoroso, está de continuo con la mano tendida.

14. El tercer Deseo

La tercera petición se lee así:

“realícese en la tierra tu designio del cielo”

14.1. Nada de imposiciones; no se habla de dos espacios (Cielo y Tierra)

La comunidad persiste expresando sus anhelos. Y acude insistente al Padre, con quien se identifica plenamente, el único avalista de esa profunda aspiración solicitada. Como en las anteriores peticiones, el rezo oficial se resiste a entrar en la profundidad del texto original y queda trabado en las bisagras del latín de la Vulgata (“fiat voluntas tua, sicut in caelo et in terra”) para traducir: “hágase tu voluntad en la Tierra como en el Cielo”.

Esta formulación parece referirse a dos espacios (Cielo y Tierra) donde se llevan a cabo diversas actividades. Supone que en los círculos celestiales esas actuaciones se ejecutan siguiendo precisas órdenes divinas. Y se pide que en la Tierra todo se haga de acuerdo a esa misma pauta.

El término griego ?????? traducido habitualmente por ‘voluntad’ tiene un significado más amplio: ‘deseo’, ‘anhelo’, ‘pretensión’, ‘designio’. Traducirlo aquí por ‘voluntad’ lo constriñe y hace pensar más que en Padre, en un supervisor que lleva cuentas de todo cuanto se realiza y tiene marcado en su gran libro de contabilidad cualquier acontecer por mínimo que sea.

Esta tercera petición continúa la línea de las dos anteriores. Se desea que la humanidad vaya reconociendo el auténtico ser de Dios, descrito bajo la figura del Padre tierno, amoroso y espléndido. La comunidad solicita lo que anhela: que se renuncie a la tiranía del padrastro hecho de papel y metal, destructivo criminal, y solo se acepte la Soberanía y el Proyecto de ese Padre que se desvive por la felicidad humana. Se ambiciona que la actuación humana se ajuste a su Plan de una vida dichosa y fraterna.

14.2. Se habla de un designio: expandir

Un nuevo imperativo plantea en este caso el deseo de que algo consiga que las cosas ocurran en una forma determinada: ????????: “realícese”, del verbo ????????: ‘suceder’, ‘acontecer’, ‘hacerse’. El término griego articulado y acompañado de pronombre ?? ?????? ???, traducido por “tu designio” precisa ese anhelo: que la historia vaya aconteciendo en una dirección beneficiosa para los seres humanos. “Tu designio” hace alusión a la intención del Padre respecto a la humanidad. Una idea de semejante esplendidez y envergadura no ha podido ser diseñada más que por Él.

Su ternura se deja notar en todos sus detalles y en su trascendencia. De ahí que el evangelista afirme que siguiendo el diseño planteado por Él: ?? ?? ?????? (‘como en el Cielo’), sea llevado a efecto de ese modo en la Tierra: ??? ??? (‘sobre la Tierra’). Los términos ‘Cielo’ y ‘Tierra’ aparecen escritos sin artículo porque eso es lo normal en las proposiciones preposicionales. De modo que la traducción recoge el sentido de esta petición con la fórmula más abreviada: “Realícese en la Tierra tu designio del Cielo”.

14.3. Se reitera: Nada de imposiciones divinas

Resulta equivocado pensar que la petición solicita la irrupción instantánea en el mundo del poder divino para instaurar una manera de vivir definitiva de acuerdo a lo previsto desde arriba. El Padre no se caracteriza por intervenir coartando la libertad humana. Ha sido precisamente la opción libre de la comunidad la que, por experiencia, le ha permitido reconocer su designio.

Ese planteamiento existencial va progresando al ser asumido por otros colectivos. La comunidad solicita que ese curso prospere sin interrupción. Pide por aquello en que emplea todas sus energías: Trabajar en cualquier entorno y circunstancia para ir generando en la sociedad humana un cambio de posicionamiento: el abandono definitivo del programa establecido por los cortesanos del rey de papel y la aceptación sin reservas del designio del Padre.