Desmontar el Belén -- Salvador Santos

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

Una vez acabadas las fiestas navideñas, toca recoger estructuras, adornos y utensilios de variada índole usados para realzarlas. También, replegar felicitaciones, cánticos, palabras y quizá algunos sentimientos de pasajera ternura muy propios de esas fechas.
Apagadas ya las luces del alumbrado, ha llegado la hora de desmontar el belén.

1.- Belén, un pueblo cargado de significado

Belén, una localidad judía situada a ocho kilómetros al sur de Jerusalén, debe su relevancia en el AT a haber sido cuna de David (I Sam 17,12) y lugar donde este fue ungido como rey (I Sam 16, 1-13). Unos trescientos años más tarde de tales acontecimientos, tras la destrucción de Samaria, la desaparición del reino del norte, Israel, y la deportación de sus habitantes, el profeta Miqueas se inspiró en ellos para anunciar una restauración gloriosa liderada por un nuevo y poderoso David:

“Pero tú Belén de Efrata,
pequeña entre las aldeas de Judá,
de ti sacaré el que ha de ser jefe de Israel” (Miq 5,1).

El texto de Miqueas no cayó en el olvido con el pasar del tiempo. Antes bien, mantuvo su seducción alimentando expectativas e ilusiones. En el NT se percibe un apego generalizado del pueblo y sus dirigentes al vaticinio del profeta. Que el Mesías esperado, el rey sucesor de David, nacería también en Belén de Judá había llegado a ser una verdad indiscutible.

2.- Marcos ignora Belén

Marcos, no obstante, pasó de largo ante el sagrado augurio. Ni siquiera nombra a Belén en su texto. De las nueve veces que este nombre propio se lee en el NT (Mt 2,1.5.6ª.6b.8.16; Lc 2,4.15; Jn 7,42), ninguna de ellas se encuentra en Marcos. Así pues, ese silencio del primero de los evangelistas demuestra que el tema de Belén y el nacimiento de Jesús ni importaban ni tenían interés para los destinatarios de su evangelio en la época temprana en que este texto se escribió. De ahí que toda la etapa anterior a la entrada de Jesús en escena sea recogida por Marcos en esta breve frase:

“Llegó Jesús desde Nazaret de Galilea” (1,9).

3.- Belén interesa, pero más tarde

El interés respecto al lugar de nacimiento de Jesús surgió, en cambio, unos decenios más tarde con el intento de legitimarlo como Mesías y ante las dificultades para conseguirlo. El procedimiento exigía entre otras cosas la presentación de un árbol genealógico demostrativo de su descendencia davídica e información respecto a su nacimiento en Belén.
Mateo y Lucas, escritos en esa etapa bastante posterior a Marcos, se empeñaron en la tarea.

Encontrar la solución no resultaba fácil. La necesidad apremiante de dar con la fórmula idónea provocó que uno y otro se adentraran por caminos muy dispares; tan alejados, que casi no hay coincidencias entre ambos evangelios.

4.- Montaje: de Magos, por Mateo

Mateo ideó un paisaje fantástico con unos personajes de fábula. En su relato predomina la ingenuidad sobre la lógica. Concibió extraños y anónimos ojeadores de los astros, persuadidos de su influencia en la vida humana y confiados en saber descifrar sus sugerencias celestiales para guiarse por ellas. Sus lecturas les conducen a Jerusalén. Allí buscan información concreta. No consultan sobre el Mesías, aluden solo a un nuevo rey recién nacido:

“¿Dónde está ese rey de los judíos que ha nacido?” (Mt 2,2).

Ante la noticia proveniente de aquellos sabios, el temor embarga a Herodes. Él sí indagará sobre el nacimiento del Mesías. Sacerdotes y letrados comunican un saber por todos reconocido: la profecía de Miqueas sobre Belén. Aclarado su destino final, los astrólogos ponen rumbo a Belén. Allí, sin dar más explicaciones, el evangelio de Mateo deja suponer que vivían María y José.

5.- Montaje: de Censo, por Lucas

Lucas, por el contrario, asegura que María y José residen en Nazaret. Más a nivel de suelo, este evangelista no se entretuvo con personajes imaginados ni se excedió en asuntos de interpretaciones astrológicas. Diseñó un escenario más creíble, recurriendo a un censo que obligaba a María y José a realizar un largo viaje desde Nazaret a Belén:

“Por aquel entonces salió un decreto de César Augusto mandando hacer un censo del mundo entero. Este censo fue el primero que se hizo siendo Quirino gobernador de Siria. Todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad.

También José, por ser de la estirpe y familia de David, subió desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, para inscribirse en el censo con María, la desposada con él, que estaba encinta” (Lc 2,1-5).

A simple vista los hechos aparentan ser verídicos. Sin embargo, no hay constancia histórica de que se realizase un censo en tiempos de Augusto. Y en el supuesto de haberse llevado a efecto, José no tenía obligación de acudir a Belén ni María a acompañarle. A ello se suma que Quirino no fue gobernador de Siria cuando nació Jesús, hecho ocurrido durante el reinado de Herodes el Grande, fallecido el año 4 antes de nuestra era.
Así pues, de magos y de censo, nada de nada.

6.- Juan cuestiona el montaje

El evangelio de Juan confirma que todavía a finales del siglo I se atribuía una importancia especial a la relación entre el lugar de nacimiento de Jesús y la famosa profecía de Miqueas. Ahora bien, el cuarto evangelio, que nombra a Belén en solo una ocasión, lo hace dejando entrever el reconocimiento popular respecto al origen galileo de Jesús.

“Decían otros:
Este es el Mesías.
Pero aquellos replicaban:
¿Es que el Mesías va a venir de Galilea? ¿No dice aquel pasaje que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?
(Jn 7,41-42).

7.- El Galileo desmonta el tinglado

La idea acerca de un Mesías sucesor de David estaba asociada a la necesidad de liberación del yugo extranjero. Se asentaba sobre dos pilares:
– La consecución de la supremacía política
– El apoyo incondicional de Dios para conquistarla

Jesús, por propia iniciativa, desmontó tal planteamiento, atacando la ilógica de su soporte. La cuestión que planteó era un excelente método para intranquilizar a los ideólogos oficiales y sembrar de agitación la indolencia y la servidumbre intelectual de la mayoría del pueblo:

“Mientras enseñaba en el templo, abordó Jesús la cuestión preguntando:
¿Cómo dicen los letrados que el Mesías es sucesor de David? David mismo, movido por el Espíritu Santo, dice:
Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha,
Mientras hago de tus enemigos estrado de tus pies (Sal 110,1)
David mismo lo llama Señor; entonces, ¿de dónde sale que es sucesor suyo?

La multitud, que era grande, disfrutaba escuchándolo” (Mc 12,35-37).

La pregunta no tuvo respuesta. Probablemente, porque quienes la recibieron fueron conscientes de sus implicaciones y consecuencias.

8.- Montaje y desmontaje: del “aprecio” al “desprecio”

Belén quedaba cuestionada de raíz; la profecía de Miqueas hacía aguas y la verdad intocable del Mesías querido por el pueblo se desmoronaba sin remedio. El Proyecto liberador será muy diferente al propugnado por el AT y defendido por la tradición. No vendrá del apreciado de Belén, sino del despreciado de Nazaret.

Hay un relato en Marcos (Mc 10,46b-52), recogido por Mateo (Mt 20,29-34) y Lucas (Lc 18,35-43), que habla de un hombre imposibilitado para comprender (“ciego”), incapaz de emprender una andadura (“sentado junto al camino”) y dependiente de otros (“pidiendo limosna”). Tal individuo es un personaje representativo de los discípulos. El relato aparece después de otro referido a las codiciosas pretensiones de los hermanos Santiago y Juan (10,35-41) y de la rotunda advertencia de Jesús al grupo de seguidores contra la ambición de poder (10,42-46ª).
Ante el Galileo que pasa:

“Al oír que era Jesús Nazareno…” (10,47),
el ciego vocea:

“Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí” (v.48).

En el grito destaca el título (Hijo de David) precediendo al nombre (Jesús). El título prevalece. El ciego lo repetirá acto seguido. Lo lleva dentro. Partidario de la teoría tradicional, identifica al Galileo como el anhelado sucesor de David. Tiene una idea equivocada. De ahí la ceguera (incomprensión) del personaje, su inmovilidad y su carencia de autonomía para adherirse al Proyecto que pasa ante él. La ambición de poder le nubla la vista y le tiene amarrado.

9.- Bartimeo: Incondicional del Apreciado de Belén

No se menciona el nombre del ciego, pero, ¡ojo!, se repite por dos veces su ascendiente:

“Cuando salía de Jericó con sus discípulos y una considerable multitud de gente, el hijo de Timeo, Bartimeo, ciego, estaba sentado junto al camino pidiendo limosna” (10,46b).

La reiteración de Marcos nada tiene de casual. También es pretendida la escritura del título arameo (“Bartimeo”) precedida de su traducción al griego (“hijo de Timeo”). La credencial ‘el hijo de Timeo’ señala figuradamente el gran error del personaje ciego. ‘Hijo de’ habla de la adscripción del sujeto a la idea asociada a esa expresión: ‘Timeo’.

‘Timeo’ significa el Apreciado. Hace referencia al poderoso y querido Mesías que todos esperaban y del que se había anunciado su nacimiento en Belén. Pero el perfil del Apreciado no concuerda con el de Jesús. Jesús representa su antítesis. El Galileo fue el Despreciado; el rechazado por los de su mismo pueblo debido a su baja cuna y su insólito Proyecto:

“Jesús les dijo:
Solo en su tierra, entre sus parientes y en su casa desprecian a un profeta” (Mc 6,4).

10.- Libres, en un escenario libre de ambiciones

Tras la crucifixión del despreciado Galileo, la indicación a los discípulos señala con claridad el punto de encuentro con él:

“Va delante de vosotros a Galilea; allí lo veréis, como os había dicho”
(Mc 16,7).

El grupo de seguidores deberá renunciar a ser Bartimeo, incondicionales del Apreciado de Belén. Galilea, alejada del poder, marcará para ellos el comienzo de su andadura.