Voces que resisten, manos que se encuentran: Tejiendo respuestas en tiempos de crisis global -- Secretariado social mexicano

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Enviado a la página web de Redes Cristianas

Síntesis del 1er. Círculo de Diálogo y Acción Compartida
Reunidos recientemente en el primero de nuestros círculos de diálogo y acción, para abrir un espacio de escucha, reflexión y discernimiento colectivo, sostuvimos no un evento académico, sino un encuentro vivo, urgente y necesario entre luchas que laten desde los territorios, desde el dolor, desde la esperanza y desde la dignidad.

Llegamos con una pregunta abierta —una que atraviesa a los movimientos sociales, a las organizaciones, a quienes defendemos derechos, territorio, memoria y vida—:

¿Cómo construir estrategias comunes en un tiempo donde el neoliberalismo muta y los autoritarismos resurgen con nuevos rostros y nuevas violencias?

La discusión partió de una constatación dolorosa pero lúcida: vivimos una coyuntura donde los proyectos progresistas —incluyendo los de nuestra región— enfrentan límites estructurales, presiones geopolíticas y contradicciones internas; mientras el modelo neoliberal sigue vivo en instituciones, leyes, corporaciones y mentalidades. La disputa por el sentido del futuro está lejos de haberse resuelto.

Escuchar las luchas concretas

Las palabras más fuertes del taller no vinieron de análisis abstractos, sino de los testimonios:
La defensa del bosque y del territorio en la Malintzi, Tlaxcala —con arrestos injustos, criminalización, miedo impuesto por el poder, pero también con organización comunitaria, amor a la tierra y victoria colectiva en la liberación de compañeros injustamente detenidos.

La voz de familiares de personas desaparecidas en Guerrero, que cargan once años de lucha por verdad y justicia en el caso Ayotzinapa, enfrentándose a la indiferencia, al ocultamiento y a estructuras criminales enquistadas en las instituciones del Estado.
La palabra espiritual que recordó que el territorio no solo se habita: se cuida, se honra, se escucha. Que la lucha no es solo política: es ética, afectiva, ancestral.

Cada testimonio habló desde un dolor particular, pero también desde una fuerza que nace cuando el miedo pierde dominio y la palabra se hace camino.

Aprendizajes compartidos

Del encuentro surgieron resonancias profundas:
La violencia no solo mata cuerpos: busca quebrar organización, memoria, confianza y comunidad.
Las resistencias no se construyen solo con consignas: nacen de vínculos, de tejido humano persistente, de la convicción de que no podemos normalizar el horror ni renunciar al sueño de justicia.
No basta acumular luchas: es urgente articularlas.

Una frase quedó flotando en el aire, como síntesis y advertencia:

La fragmentación es una herramienta del poder;
la organización, una herramienta del pueblo.

Ante ello reconocimos con honestidad: estamos dispersas, dispersos; cada quien defendiendo su trinchera. Pero algo cambió en este encuentro: dejamos de ver nuestras luchas como islas. Descubrimos la posibilidad —y la necesidad— de caminar juntas y juntos.

Hacia un horizonte común

Las acciones inmediatas acordadas —movilizar, acompañar, encontrarnos de nuevo, amplificar voces— no son solo tareas logísticas: son pasos para tejer un proceso mayor.

Estamos convocadas y convocados a construir:
un espacio estable de formación política colectiva,
una articulación de luchas territoriales,
una red de acompañamiento mutuo frente a la criminalización y el aislamiento,
y una visión de país donde la defensa de la vida sea el núcleo ético y político.

Este círculo-taller no fue una meta: fue un punto de partida.

Palabras finales desde la memoria y la rebeldía

Terminamos con silencios, abrazos y preguntas abiertas. Pero también con certeza:

No estamos solas. No estamos solos.

Y desde esa convicción levantamos nuestra voz, no como consigna sino como compromiso:
Con Palestina, porque ningún pueblo debe ser masacrado ni expulsado de su tierra. Denunciamos el genocidio sostenido por los poderes imperiales, y abrazamos la resistencia que guarda dignidad incluso bajo escombros y ceniza.

Con nuestras hermanas y hermanos migrantes, porque ningún ser humano es ilegal. Frente a la maquinaria xenófoba y las políticas fascistas que pretenden convertir el miedo en frontera, afirmamos: la tierra es de todas y todos, y la hospitalidad es un derecho humano y espiritual.
Con los pueblos de América Latina, hoy amenazados por autoritarismos de derecha y fundamentalismos políticos que buscan desmovilizar, dividir y silenciar. Acompañamos sus caminos con la certeza de que la memoria rebelde de nuestros pueblos es más antigua que cualquier régimen y más fuerte que cualquier tiranía.

Hoy reafirmamos lo que la historia nos ha enseñado una y otra vez:

Cuando el poder destruye, los pueblos resisten.
Cuando intentan silenciarnos, tejemos palabra.
Cuando intentan dividirnos, tejemos comunidad.
Cuando quieren miedo, elegimos esperanza organizada.

Seguimos. Porque lo que defendemos —la vida, la dignidad, la justicia— está en grave riesgo.

© Secretariado Social Mexicano.